martes, 3 de julio de 2012

Capítulo 4

Entré en el bosque, me descalcé, cogí los zapatos y eché a correr.
Sorteé ramas y otros obstáculos.
Sonreí.
Nadie sabía de mi plan de fuga.
Ventajas de ser una alfa con forma humana, nadie podía leer mis pensamientos si no yo se lo permitía y, claro, no lo iba a hacer.
Alguien aulló en la lejanía y supuse que sería Jared, que me buscaba.
Lo siento cariño, pero hoy no estoy disponible para ti.
Conseguí llegar de nuevo a The Hole.
Antes de cruzar la calle, me calcé de nuevo y eché a andar, frotándome los brazos con las manos, ya que estaba un poco destemplada.
El bar estaba abarrotado, como cada jueves.
Busqué a Tom y le encontré tras la barra.
-¡Eh, Tom! Aquí me tienes otra vez.
-¡Cris! ¡Dichosos los ojos que te ven! Justin no me dijo que venías esta vez.
-Es que no lo sabe.
-Corre, coge una silla y siéntate al principio.
-¡Vale, gracias, Tom!
Así lo hice.
Había pensando que, a lo mejor, a Justin le agradaría verme allí. Que supiera que yo no le había olvidado y que estaba allí, todavía para él.
Ser alfa era muy cansado.
Tenía que estar pendiente de todo y de todos en todo momento y ahora las cosas se habían puesto muy difíciles con esto de las desapariciones.
Lo curioso es que parecía que los vampiros no estaban implicados en esto. Había peinado todo el bosque y no había encontrado ni un sólo rastro de ellos. Chaz sugirió que quizá fueran subcionados por aliens, pero descarté esa idea. No, no eran aliens lo que se estaban llevando a la población de mi pueblo. Era otra cosa.
Justin salió con su guitarra y todo el mundo le aplaudió.
Creo que me vio, ya que se quedó mirando un momento hacia donde yo estaba, y luego ya continuó con su concierto.
Creeía que no lo haría,pero cantó Fall, mi canción.
Y estrenó "As long as you love me", que, según dijo él, la escribió hace poco, a raíz de un suceso difícil para él. 
Cuando acabó, le esperé fuera, sobre su coche, como la última vez.
¿Sería capaz de dejarme tirada?
Volvió a salir el último, con su guitarra a la espalda.
No le hablé, me limité a mirarle.
Suspiró.
-No puedo estar enfadado contigo.
-Y yo no puedo estar sin ti.
Negó con la cabeza y sonrió.
-Te necesito conmigo, Jus. Están pasando cosas... Me están pasando a mí... Cosas que no puedo soportar sin tu ayuda.
-¿Qué tipo de cosas?
-No puedo decírtelo.
Él frunció el ceño, dispuesto a enfadarse otra vez.
-Jus, si estuviera en mi mano te lo diría, pero me es imposible decírtelo. Yo no puedo, pero tus padres sí pueden...
-¿Mis padres? ¿Qué saben mis padres?
-Habla con ellos, diles que te lo cuenten. Yo no puedo decirte nada.
-¿Y por qué no me lo puedes decir tú?
-Porque lo tengo prohibido. Y mis reglas no son como las tuyas. Romperlas significaría la muerte, tanto para ti como para mí.
-¿Reglas? ¿Muerte? ¿De qué estás hablando?
Negué con la cabeza, incapaz de decirle nada.
-Tienes que confiar en mí, Jus. Te lo pido por la amistad que siempre nos ha unido, por favor.
-Para eso, vas a tener que contarme la verdad.
-La verdad es que me van a obligar a casarme con Jared en mi cumpleaños.
-Espera, ¿qué? ¿Y cómo que te obligan? ¿Quiénes?
-Mis padres. No estoy saliendo con Jared por gusto, Jus. Es un acuerdo entre mi familia y la suya, como se hacía antes.
-Pero, ¿por qué?
-Estúpidas tradiciones de familia.
Bueno, dentro de lo que cabe, le estaba contando la verdad.
-¿Y no puedes negarte?
-Nada de lo que yo pueda hacer puede anular ese compromiso.
-Bueno... Entonces escápate conmigo-dijo, cogiéndome por los hombros-Vámonos los dos.
-¿Adónde iríamos? Y, ¿serías capaz de dejar a Pattie y a tu padre?
-No sé adónde iríamos, sólo sé que nos iríamos de aquí. Y sí, sería capaz.
Puse mis manos sobre las suyas.
-Lo haría, Jus. Créeme que lo haría. Pero no puedo. Algo que aún no puedo contarte me retiene aquí permanentemente. Jamás podré irme de este pueblo. 
Suspiró y apartó sus manos de las mías.
-Siempre supe que me ocultabas algo. Intenté pensar que eran imaginaciones mías, pero he comprobado que no es así.
-Jus, te quiero como a nadie. Si pudiera, y lo sabes, te diría todo lo que sé y más. Pero no puedo. Es más por tu bien que por el mío.
Se llevó las manos a la cara y suspiró de nuevo.
-Está bien, lo entiendo.
Avancé y le abracé.
Mi Justin había vuelto.
-No quiero casarme con Jared, Justin. No quiero. No quiero romper la promesa que te hice de casarme a los treinta.
Él rió y me dio un beso en la frente.
-Eres igual de imposible que cuando eras pequeña.
Sonreí.
-Hay algo más que puedo decirte.
-¡Bien, voy a saber un poco más! Dime.
-Cuando esté casada, el tiempo que pasamos juntos se reducirá drásticamente. Jared no me dejará pasar un minuto contigo y me hará cumplir otras obligaciones.
Justin sonrió.
-Eso se cree él. Yo estaré siempre contigo, ya sea a tu lado o por medio de canciones, pero nadie me separará de ti.
Le abracé con más fuerza.
Justin volvía a sujetarme el mundo y me sentía pletórica de euforia.
Me dejó en casa y volvió a hacer la broma de no acostarme tarde.
Entré en casa dando vueltas y cantando, contenta.
Había conseguido recuperar a Justin.
No había subido las escaleras para ir a mi cuarto cuando oí un grito y, después, un aullido.
Bajé a toda prisa, salí al bosque, me transformé y corrí.
Lo olí antes de verlo.
Sangre.
Una verdadera carnicería.
Alguien había destrozado completamente a Jack, el cartero.
Pero no tenía sentido, ¿qué hacía el cartero a estas horas de la noche en medio del bosque? Aunque eso no era todo.
Había más cuerpos destrozados alrededor, gente que reconocí como personas del pueblo. No me sabía sus nombres, pero había cruzado pasos de cebra con ellos, habíamos ido a las mismas tiendas a comprar e, incluso, podríamos haber hablado alguna vez de casualidad.
Y ahora estaban muertos.
Ryan tenía la cabeza apoyada sobre la de Sel, que miraba la escena aterrorizada.
Chaz lloriqueaba ante tal espanto, Nataly contemplaba la escena sentada y  Jared temblaba de furia.
Oh, no, otro de sus ataques de rabia no, por favor.
Cuando me vio, se tiró sobre mí y me clavó los dientes en el cuello.
Estaba realmente furioso.
Yo gimoteé, ya que me hacía daño e intenté que me soltara, pero él me zarandeaba con fuerza.
Mis cuatro amigos salieron en mi defensa y consiguieron apartar a Jared a tiempo de mí, justo antes de que me axfisiara.
¡¿DÓNDE ESTABAS?!  ¡AHORA ERES LA MALDITA ALFA! ¡HAS DEJADO QUE PASARA OTRA VEZ! ¡TE LO ADVERTÍ Y HAN VUELTO A MORIR PERSONAS POR TU CULPA!
Estaba donde a ti no te importa. En efecto, soy el alfa. Ahora puedo hacer lo que quiera. ¿Dónde estás siempre tú, Jared? ¿Por qué siempre tengo que evitar yo sola que maten a gente? Somos una manada, ¿no es cierto? ¡¿Y ENTONCES POR QUÉ NARICES NO ESTABAS EN TU PUESTO,EH?! ¡¿ACASO TE CREES QUE SOY ESTÚPIDA?!
¿Qué estás insinuando?
¿Yo? Yo no insinúo nada. Sólo digo que los demás sí estaban donde debían, patruyando el bosque y llegaron tarde. Pero de ti ni rastro. Qué curioso, ¿no? Además, lo que hizo esto no era un cualquiera. Si hubiera venido sola, lo más seguro es que hubiera acabado despedazada como estos cuerpos. Será mejor que llamemos a la polícia. ¡Ah! Y Jared... Vuelve a atacarme y será lo último que hagas en tu vida, ¿me entiendes? Pues eso. ¡Chaz! Llama a la polícia. Los demás, vamónos. 
Me di la vuelta y desaparecí.
Las heridas que me había hecho el payaso de Jared tardarían en sanar y necesitaba tiempo para pensar.
Habían desaparecido alumnos de mi instituto, pero esta gente era adulta. Quizá debiera pasarme por el pueblo para informarme si allí también había habido más desapariciones. Pero como fuera así, ¿cómo podríamos protegerlos? No podíamos patruyar en forma de lobo el pueblo... 
Al día siguiente, después del instituto, me acerqué al pueblo y comprobé, con bastante horror, que por cada pared, escaparate o poste de la luz, había por lo menos quince carteles con personas desaparecidas diferentes.
Algo muy raro estaba pasando aquí y me tocaba a mí adivinarlo.
Pero, antes de adivinar nada, tenía que poner lo que me importaba a salvo.
-Justin, aprovechando este puente, tienes que irte con tu padre.
-Pero, ¿por qué?
Fruncí el ceño.
-Ah, no me lo digas, no me lo puedes decir...
Le cogí de las manos.
-Justin, estás en peligro. Tienes que irte.
-¿Y tú?
-Yo estaré bien.
-¿Estás en peligro?
-Sí, pero menos que tú.
-¿Cómo voy a irme sabiendo que estás en peligro?
Le abracé y le besé en la mejilla.
-Tienes que hacerlo. Mientras estés aquí, no podré estar tranquila. Tienes que estar lejos de aquí, seguro, donde nada pueda hacerte daño.
-Está bien. Me iré, si es lo que quieres.
-Te llamaré todos los días. Y te echaré de menos.
-Eso no lo dudo. Eh, ¿qué tienes en el cuello?
Intenté taparme las marcas del mordisco de Jared, pero él las vio antes de que pudiera hacerlo.
La bufanda que había llevado se me había escurrido y dejaba a la vista la herida.
-¿Y eso?
-Bueno, a ver eso fue que...
-Dime la verdad o me quedaré aquí, con o sin peligro.
-Jared. Jared me golpeó.
-¿Qué ese piojoso te pegó? ¡Lo mato!
-¡No, Jus, tienes que irte!
-¡Pero Cris...! ¿Cómo te dejas golpear? Si aún recuerdo el niño ese que te pegó con una pala en la cabeza en el cajón de arena de la guardería... Seguramente, aún esté vomitando arena de toda aquella que le hiciste tragar.
Sonreí, recordando ese momento.
-Jus, hay demasiadas cosas que no entiendes.
-Deja de recordarme que soy un ignorante, por favor.
Le besé de nuevo en la mejilla.
-Pero no por mucho tiempo. Si tus padres no te lo dicen, cuando vuelvas, te lo contaré yo.
-¿Pero no decías que no podías?
-Y es cierto, no puedo. Pero tienes que saberlo.
Si para protegerle de lo que venía tenía que ponerle en peligro de esta manera, lo afrontaría. Al menos, de esto podría protegerle de primera mano. 
Al día siguiente...
-Pues esto ya está-dijo, cerrando el maletero.
-Me da mucha pena que te vayas.
-Es curioso, porque es precisamente por ti que me voy.
-¡Tonto!-dije, empujándole.
Él rió.
-Será duro estar sin ti, aunque sean dos días. Nunca hemos estado separados.
-Es cierto... Siempre hemos estado juntos. Durante dieciocho años.
Ese número me recordó a mi cumpleaños y que, en ese día, tendría que casarme.
-Cualquier cosa, me llamas, ¿de acuerdo?
-Sí-dije.
Le abracé y él entró en el coche.
-Dale recuerdos a tu padre de mi parte.
-Lo haré.
-Adiós, Jus.
-Adiós, Cris. Sigue viva para cuando vuelva, ¿eh? No te perdonaré de lo contrario.
-Tranquilo. Nunca jamás tendrás que enfadarte conmigo.
Me sonrió y arrancó el coche.
Avanzó un trecho y después se paró.
-¡Espera, Cris, ven!
Me acerqué.
-Toma-dijo tendiéndome algo por la ventanilla.
-¿Qué es?
-Mi cd. Se llama "Believe"
-¿Este es el cd que promocionas en el bar?
Puso los ojos en blanco.
-Sí.
-¿Tu album debut?
Rió.
-Sí.
-¿El album que te catapultará a la fama?
-Según tú... Sí.
-¿Y es para mí?
-Sí. La mitad de las canciones son tuyas.
-¿Y cómo sabré cuáles son las mías?
-Tendrás que escucharlas con atención y entenderlas.
Y dicho esto, arrancó.
Cuando estaba a una distancia prudencial, corría hacia el bosque, me transformé y le seguí por la linde del bosque.
Él iba con su coche por la carretera y yo le seguía, oculta tras los árboles, corriendo con él.
Le escolté hasta las afueras del pueblo e incluso más allá. No le quedaba más que una media hora, más o menos, hasta llegar a su padre. No podría pasarle nada en tan poco tiempo.
Cuando volvía, lentamente y al trote, escuché aullidos.
Uno, dos, tres, diez, más de diez... Lobos que aullaban a la vez, y eso sólo podía significar una cosa.
El peligro era muchísimo más grande de lo que yo hubiera podido llegar a imaginar.


¡Bueno, gente! Aquí otro capítulo. Informo de que ahora los capítulos serán un poco más cortos, para que dure más la novela, haha, pero que intentaré subir más rápido. Otra cosa que quiero decir es que creo que voy a tener que poner un límite. Si un capítulo no es leído unas 30 veces, no se sube otro. ¡Es que el anterior lo leyeron 19 personas! -.- En fin, que sé que vosotras no tenéis la culpa, sino la gente sin corazón que no me lee D:
Solo diré que, si no lees mi novela, un inocente gatito se lleva un suprazo.
Pues eso.
Besos.
Att: Cris Vila Jb, o, lo que es lo mismo, Cris Bieber Horan Styles.

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