Llovía.
Estaba
tumbada bajo un árbol, empapándome el pelaje, cosa que me disgustaba, pero no
tenía ganas de volver a casa y encontrarme con nadie.
No me había
hecho ninguna gracia la manera en la que Jared me había tratado. Sí, vale,
estaba enfadado y disgustado, ¿quién no lo estaba?
Sería mejor
que dejara de pensar en eso.
Hacía rato
que la policía se había llevado los cuerpos de la pobre pareja.
De ahora en
adelante, al menos por un tiempo, tendría que tener cuidado, ya que había oído
que pensaban explorar todo el bosque.
Si me
vieran, sería fatal.
Lloriqueé,
angustiada.
No quería
prometerme mañana con nadie, ni tampoco quería asumir el mando de la manada.
Quería ser
otra loba y no el alfa. Así podría elegir.
O humana.
Sería horrible
no poder convertirse en loba, pero al menos estaría libre de esta estúpida
sociedad.
Por eso
envidiaba a Justin.
Él podría
hacer lo que quisiera, irse de aquí, casarse con quién quisiera… Mientras que
yo tendría que quedarme para siempre en el mismo lugar en el que nací.
No podría
viajar, ver mundo… No podría hacer nada.
Ser un
licántropo te ofrecía grandes ventajas, pero también grandes inconvenientes y
prohibiciones.
¿Podían los
lobos llorar? Porque si podían, yo lo estaba haciendo.
Bueno,
tenía que pensar que todo era por él, por Justin.
Con mi
nuevo estatus social podría protegerle mejor.
Al menos,
si no podía protegerme a mí misma del destino que tenía preparado, le
protegería a él.
Entonces,
un rayo iluminó el bosque y la vi.
Sin duda,
era ella.
Reconocería
ese pelo rubio, ahora mojado, y esos ojos azules pálidos en cualquier parte.
Estaba
subida a una rama en el árbol que había enfrente de mí.
Me levanté
rápidamente e intenté trepar al árbol, pero era un poco difícil con las patas y
todo mojado.
Ella empezó
a saltar de rama en rama, de árbol en árbol y yo la seguía corriendo por
debajo.
Hubo un
momento en el que saltó al suelo enfrente de mí y la hubiera atrapado si no me
hubiera escurrido con un trozo de césped inundado.
Diluviaba y
ella corría delante de mí.
Me costaba
verla por la cortina intensa de agua que caía, tampoco podía olerla por la
fuerte humedad que había ni oírla, por el ruido que generaba el agua al chocar
con las hojas y los árboles al agitarse.
La perdí,
¿dónde narices estaba?
Cayó sobre
mí desde cielo.
Me revolví,
furiosa, tratando de quitármela de encima.
Me choqué
contra un árbol y me liberé de su agarre.
Esquivó una
dentellada que iba directa a su cabeza y me mordió una pata.
Gimoteé, ya
que me había hecho daño y conseguí darle un zarpazo en la cara.
Ella se
llevó las manos a la cara.
Eso no la
iba a matar, pero la había dejado marcada de por vida.
Se miró las
manos, como si pudiera haber sangre en ellas y después me miró.
-Volveré.-dijo.
Con fuerza,
me lancé contra ella, mas ella saltó y se fue corriendo.
Quise
seguir persiguiéndola, pero la pata que me había mordido me ardía.
Era el
maldito veneno de sus colmillos, que me escocía cuál ácido.
Me lamí la
herida, deseando que aquello no me dejara marca.
Me costaría
explicar por qué tenía un mordisco en la mano en mi forma humana.
Con suerte,
se curaría pronto.
Como no me
daba la gana de volver a mi casa para ver las caras de felicidad de mis padres
por ver tan cercano mi compromiso, ni la cara de desagrado de Sel, busqué un sitio
donde pudiera dormir a la intemperie sin mojarme.
Encontré un
sitio seco, debajo de una gran roca.
Me tumbé
allí y me dormí.
Al
despertar a la mañana siguiente, me encontré con Chaz tirado a mi lado.
¿Qué haces aquí?
Buenos días a ti también ¿eh?
Buenos días, ¿qué haces aquí?
Estaba haciendo mi ronda cuando te
vi aquí dormida y, como no tenía nada mejor que hacer, pues me tumbé también.
Ah.
Quiero que sepas que yo estoy de tu
parte. Mi hermano es un soberano imbécil. Tienes derecho a tomarte un respiro de
vez en cuando, ya que tú eres siempre quién más se desvive por esta manada. Yo
creo que serás una gran alfa.
Le di un
lametón en plena cara.
Aw, gracias, Chaz. Significa mucho
para mí que, al menos, tú estés de mi parte.
No se dan.
Bueno, será mejor que te deje seguir
a lo tuyo, que luego Jared me dirá “Es que han matado a no sé quién porque tú
estabas entreteniendo al lobo…”
Déjale, ¿no ves que es un payaso?
Pues ya está.
Jajajaja. Vale. Me voy, pues.
Eché a
correr, perdiéndome en el bosque.
Sólo me apetecía
ver a una persona.
Ocultándome
lo mejor que pude, llegué a casa de Justin y la observé desde la espesura.
Estaba en
casa, ya que podía olerle.
Pero,
aparte de su olor y el de Pattie, había otro, distinto.
¡Ah!
Seguramente sería Jeremy, que había ido a verles.
Qué alegría
por Justin.
Siempre que venía su padre se ponía muy contento.
Anduve por el bosque hasta bien entrada la tarde y después volví a casa. Como me había previsto, me cayó una buena bronca de mi madre, que me gritaba que dónde leches había estado sabiendo que había tantas cosas que preparar.
-¡Vete ahora mismo a la bañera! ¡Qué ya te la he preparado yo!
Suspiré y me encaminé al baño.
La enorme bañera estaba a revosar de agua y jabón, con mucha espuma y diferentes jabones naturales especiales para la ocasión.
La tradición decía que, antes de ser nombrado alfa, el lobo tenía que darse un baño purificador. Y mi pregunta es, ¿purificador de qué? ¡Malditas tradiciones lobunas estúpidas! Y pensar que yo tendría que hacerle esto a mi hijo...
Me deshice de mi ropa y me metí en la bañera.
Metí la cabeza bajo el agua. Me gustaba ese silencio que se percibía ahí. ¿Por qué no podía quedarme bajo el agua así, para siempre? Uno, porque me ahogaría, dos, ¡porque que aburrimiento, yo sola ahí!
Saqué la cabeza y sonreí.
Había que ver lo que los nervios me estaban haciendo pensar.
Desvié la vista hasta la silla que había al lado de la puerta.
Una túnica blanca estaba sobre ella.
Fruncí el ceño.
La tradición también decía que tenía que presentarme solo con la túnica a la propuesta de matrimonio y ya que iba a ser el mismo día que me iban a nombrar alfa...
¡Arg, qué asco de sociedad!
Al rato, mi madre golpeó la puerta con el puño.
-¿Cuánto tiempo más te piensas pasar ahí? ¡Vamos, sal, no tenemos todo el día!
Gruñí.
Por mí, antes de ir y enfrentarme a mi destino, prefería ahogarme en la bañera, pero seguramente Justin nunca me perdonaría haberme muerto sin despedirme, así que borré esa idea de mi cabeza. Salí y me sequé el pelo a conciencia.
Una vez hecho, me puse la túnica, que era larga hasta las rodillas y tenía capucha. Me puse también la capucha, que era bastante grande y me tapaba buena parte de la cara.
-¿Ya estás?-me preguntó mi madre-¡Perfecto! Ya podemos irnos.
El atardecer dejaba paso a la noche cuando mis padres, en su forma lobuna, me guiaron a través del bosque.
A mí me pareció ridículo, ya que iba caminando deslcanza por el bosque mientras ellos avanzaban a mis flancos, adaptando sus enormes zancadas lobunas a mis pobres pasos de humana.
Si no hubiera estado tan angustiada por el destino que me esperaba, hubiera disfrutado del momento. El bosque ofrecía un paisaje delicioso, con el color del cielo y los pajaritos que despedían con sus cantos este día.
Siempre me había gustado caminar descalza por el bosque, pero esta vez era distinto. Esta vez, mis pies, traidores ellos, me llevaban a encontrarme con un destino al que yo consideraba maldito.
Mis padres, aunque podían oír todo lo que pensaba, no decían nada. A ellos los habían criado siguiendo estas tradiciones y creencias y, para ellos, esto era lo que había que hacer, lo que estaba bien, para mí, aunque había sido educada igual, esto no era más que algo anticuado y machista.
Mi padre había elegido a mi madre, que era una loba de otra manada. Al menos, dentro de lo cabe, había podido tomar una decisión sobre su destino. ¿Por qué yo tenía que unirme en matrimonio con la persona que a ellos les viniera en gana?
Me mordí el labio, nerviosa.
Sabía, desde los cinco años, lo que me esperaba. ¿Sabéis lo que es que, en tan tierna edad, tus padres te digan que siempre serás una prisionera en tu propio hogar y sin opción de elegir, al menos, con quién vas a compartir esa prisión, con quién vas a pasar el resto de tu vida? Y, desde los cinco años, había sido fuerte por Justin y por mí. Recuerdo con amargura cuando un Justin de ocho añitos decía "Yo no me pienso casar hasta los treinta o puede que más mayor...¡Y tú tampoco, Cris! No te dejo que te cases antes, ¿eh? ¡Prohibido!" y yo sonreía, como él, aunque yo pensando que nunca podría cumplir esa promesa.
Ya hemos llegado, me anunció mentalmente mi padre.
Levanté la cabeza, ya que siempre había ido mirando al suelo.
Estábamos en el mismo prado donde salvé a Justin del oso, donde había jugado tantas veces con él, donde me transformé por primera vez... Habíamos venido al lugar donde empezó y acabaría, al menos, para mí, todo.
¿Dónde están los demás?, pregunté.
Pronto llegarán.
Unos árboles se agitaron y las familias de Ryan, Chaz y Jared aparecieron en su forma lobuna, seguidos de los chicos, estos en su forma humana.
Suspiré.
¡Si al menos Justin pudiera estar aquí...! Pero no. Aunque supiera el secreto, jamás dejarían presenciar a un humano una ceremonio tan sagrada.
¡Ah! Ya están aquí.
Ya veo, dije con fastidio.
Sel y Nataly también se dejaron caer por allí en su forma lobuna.
Mi padre avanzó unos pasos.
Muchas gracias por venir. Ya podemos comenzar.
Su mirada pasó por cada uno de los presentes y luego continuó.
Nuestras familias llevan viviendo en estas tierras durante tantas generaciones que el ser humano se perdería intentando poner un número aproximado de estas. Siempre hemos vivido juntos y en armonía y siempre hemos llevado a cabo esta ceremonia. Primero fue mi primer padre, que engendró al segundo, y este a su vez al tercero... Y así hasta llegar a mi padre ordinario. Todos ellos fueron pasando su condición de alfa a sus hijos y hoy me toca a mí unirme a tal leyenda, puesto que tengo que entregarle el puesto que me dio mi padre a mi hija.
Se giró y me miró con sus ojos de lobo.
Mi madre me empujó con el hocico para que avanzara hacia él.
Con paso inseguro, me acerqué al gran lobo castaño oscuro que era mi padre.
Todos conocéis a mi hija. Fue la primera de la nueva generación en transformarse y siempre está ahí para ayudarnos. En mi opinión, no podría haber nadie mejor para ocupar este puesto. Naciste para destacar, hija. Algo me dice que tu período como alfa no será olvidado jamás.
Dicho esto, se inclinó y me mordió, no con mucha fuerza, lo suficiente como para marcarme, el tobillo derecho.
Así era como se diferenciaba a los alfas. Un mordisco de licántropo hecho a otro licántropo no desaparecería jamás si dejaba marca. Incluso cuando te transformabas, la marca del mordisco seguía estando a la vista.Es como los brazaletes que se ponen los capitanes de los equipos de fútbol.
Me dolió, claro, pero no me quejé.
Ni siquiera me miré el tobillo por si sangraba, aunque podía notarlo.
Ya tenemos una nueva alfa.
Acto seguido, todos, tanto lobos como humanos, se inclinaron teatralmente ante mí.
¡Yo no quería tanto teatro, tanta parafernalia! ¡Yo quería ser libre!
Bien. Ahora, para acabar de completar la ceremonia, queda unir en matrimonio a la nueva alfa.
La vista de mi padre se posó en Chaz, Ryan y Jared.
¿Quién de vosotros reclama como suya a mi hija?
Ryan no se lo pensó dos veces y dio un paso al frente.
-Yo, señor.
Antes de que nadie pudiera decir nada, Jared también avanzó un paso y se colocó al lado de Ryan.
-Yo también, señor.
Puse cara de sorpresa.
¡Eso no nos lo esperábamos! Bueno, yo al menos no.
¿Algunos de los dos está dispuesto a renunciar a mi hija?
Yo, para mis adentros, decía "Sí, por favor. Decid los dos que sí".
Mi madre lo escuchó y me dio otro empujón con el hocico, amonestándome.
-No-dijeron ambos.
¡Joder! Pues entonces ya sabía lo que iba a venir a continuación.
Pues entonces esto sólo nos deja una opción para llegar a una solución. Tendréis que competir en un duelo.
Los dos asintieron con la cabeza.
¿Estáis seguros de ello? Si ganáis, el premio es mi hija.
¡Miradme! ¡Me usaban como premio! Que degradante era esta mierda de sociedad.
Pero ya sabéis que, si perdéis, no podréis reclamar a nadie más como vuestra pareja.
Me dieron ganas de gritarle a Ryan que no lo hiciera, ya que si perdía, Sel y él nunca podrían estar juntos.
Ahora entendía el padecimiento de mi amiga. Estaba viendo como el chico que quería iba a arriesgar su única oportunidad para estar juntos por mí.
Pero, como alfa que yo era ahora, estaba en mi mano cambiar algunas reglas (menos las tres principales. Esas eran inquebrantables) y acababa de decidir que esa era la primera que cambiaría.
Ninguno de los dos dijo nada, por lo que mi padre supuso que aceptaban las consecuencias.
Así sea. Podéis empezar.
Se separaron de un salto y, sin molestarse en quitarse la ropa, se transformaron.
Ambos eran del mismo tamaño, lo único que les diferenciaba era el pelaje, ya que Ryan lo tenía un poco más claro.
Y se enzarzaron en una lucha sin cuartel.
Mordiscos, cabezazos, empujones, arañazos... Todo valía en esta competición.
Todo el mundo miraba la pelea con expectación, después de todo, el vencedor se haría conmigo. ¿Y yo qué hacía, mientras tanto? Sufrir porque mi destino no estaba en mis manos, sino en las garras y colmillos de los dos lobos que luchaban que eran mis amigos de toda la vida.
Y, para sorpresa mía, el vencedor fue Jared.
Se alzó majestuoso y aulló.
Acto seguido, echó a correr y se perdió en el bosque.
Síguele, vamos. Ahora es tu prometido.
Mi madre tuvo que empujarme de nuevo para que me moviera.
Sin saber muy bien qué pensar, corrí al bosque, dejé caer la túnica y me transformé. Esto seguía formando parte de la tradición. Una vez echa la elección, se tenía que perseguir al lobo o loba hasta alcanzarle. ¿Por qué? ¡Y yo qué sé! ¡Otra de las estúpidas tradiciones sin sentido de esta maldita sociedad!
Decidí no pensar ahora en Jared, más que nada, porque ahora él podría escucharme. Más tarde lloraría y me lamentaría, ahora tocaba de nuevo esconder mis emociones tras un muro. Se me daba bien, después de todo, tenía años de práctica.
Finalmente, le encontré.
Cuando le hube dado alcanze, los dos nos sentamos sobre los cuartos traseros y él apoyo su cabeza sobre la mía, cosa fácil, ya que era justo una cabeza más alto que yo.
¿Te esperabas esto?, preguntó.
La verdad... No. Ha sido toda una sorpresa. Siempre pensé que acabaría ligada a Ryan, porque todos lo veíamos en sus pensamientos, ya sabes...
Sí, yo sé.
Pero tú nunca pensaste nada sobre esto, ni sobre mí...
Sí, sí que lo hice. Sólo que sabía cuando hacerlo para que los demás y tú no lo viérais.
Ah.
Yo pensaba reclamarte hace mucho. Supongo que sabes que cuando tus padres y los míos tenían que ejercer sus obligaciones como licántropos, me dejaban a tu cuidado.
¿En serio? No sabía nada.
Pues sí. Eras una niña muy rica. Siempre con una sonrisa en la boca, y muy habladora... Y, todo hay que decirlo, muy llorona, también. ¡Todo el día llorando!
¡Anda ya!
¡Qué sí, qué es cierto! Y, durante esos días, mientras cuidaba de ti, supe que lo haría también cuando crecieras y mira cómo estamos ahora... Como al principio.
Entonces, me mordió la oreja.
¡Qué no me hagas eso!, le dije, empujándole con la pata.
¿O qué?, dijo, divertido.
O te muerdo.
Oh, qué miedo.
Cuidado conmigo que ahora soy tu alfa y, por tanto, tu ama y señora.
Y mi prometida.
Sí, eso también.
Más tarde, por la noche, en mi cuarto...
Había abierto la enorme ventana y estaba sentada en el alféizar. Miraba las estrellas con desconsuelo y mis ojos estaban rojos y mis mejillas, coloradas. Mi respiración estaba alterada, prueba del gran disgusto que me había llevado.
¡Jared! ¿Por qué Jared?
Tampoco es que le odiara, no, claro. Era mi amigo, pero... ¡No quería pasar mi vida con él! Contra más vueltas le daba, más me dolía. Mis padres estaba felices juntos, los padres de mis amigos también... ¡Y yo tendría que vivir una vida infeliz junto a una persona a la que no amaba! Jared me caía bien, claro... Pero no se puede vivir felizmente junto a una persona que únicamente te cae bien.
Mi vida iba a ser un jodido infierno.
El domingo lo pasé patruyando por el bosque con mi prometido (arg, qué mal sonaba eso), que se había convertido en mi sombra, cosa que no me hizo gracia.
Quizá él se pensara que por estar prometida y ser alfa no iba a estar con Justin, pero estaba equivocado. Sacaría tiempo para estar con él hasta debajo de las piedras.
No quería que llegara el lunes, porque entonces tendría que contarle a Justin lo de Jared y no me apetecía en absoluto.
Pero no hay manera humana (ni licántropa) de detener el tiempo y el lunes llegó.
-¡Eh, Cris!-dijo Justin, dándome un abrazo-¡Cuánto tiempo sin verte!
-Sólo han sido dos días.
-Una eternidad para mí. No me has llamado ni nada...
-Bueno, tú tampoco lo has hecho, así que... Supuse que estarías ocupado.
-No, ocupado no. Nunca estoy ocupado para ti. Vino mi padre, ¿sabes?
-¿En serio? Qué pena no haber podido verle. ¿Y qué tal está?
-Muy bien, ya sabes, en su línea.
-Eso es fantástico.
-¡Bueno...! Si el señor Bieber y la señora Poynter deciden callarse, quizá podamos seguir con la clase.
Nos habíamos puesto a hablar y no nos habíamos dado cuenta de que la clase había empezado.
A la hora de comer nos sentamos todos en la misma mesa.
Todos, menos Ryan.
-¿Alguien sabe que le pasa a Ryan?-preguntó Justin-Se le ve triste.
-Ni idea-dije yo-A lo mejor la foto que le hizo a la ardilla le salió borrosa...
Justin rió.
En las clases que faltaban, en vez de sentarme en mi sitio habitual en el pupitre de la primera fila, me senté con él y estuvimos hablando y hablando.
En la clase de inglés, la señora Monse se cansó de nosotros y me mandó que me sentara tras él, así que me puse a escribirle letras en la espalda para que él las adivinara y así pasamos la clase.
Cuando salimos, se me encogió el estómago.
Jared estaba allí, esperándome.
-Eh-me dijo Justin-¿Qué hará Jared aquí? Menuda sorpresa.
Pero la sorpresa aumentó cuando nos acercamos a él y Jared me cogió de la cintura y me besó.
Yo me separé de él, intentando no ser demasiado brusca y me miré las botas con aire de culpabilidad.
Levanté la mirada y, al ver la cara de incredulidad de Justin, se me partió el alma.
Acto seguido, se echó a reír.
-¡Jajajaja! ¡Qué broma más buena! ¡Por un momento, me la he creído! Jajajaja
Pero, al ver que nadie más reía y que yo seguía mirando al suelo, paró de reír.
-Ah, pero... ¿Qué no era una broma?
Negué con la cabeza.
Entonces, frunció el ceño.
-¿Y cuándo pensabas contármelo? Creí que me lo contabas todo...
-Iba a hacerlo, pero...
-¿Pero?
-¿Estás enfadado?
-No.
-Pues lo pareces.
-Quizá lo esté y no quiera contarte por qué. Como tú tampoco me cuentas nada... ¡Pues voy a jugar a imitarte!
Se dio la vuelta y comenzó a alejarse.
-¡Jus, espera!
Quise ir corriendo tras él, pero Jared me cogió de la mano y me atrajo hacia sí.
-Deja que se vaya. No le necesitas.
Y yo, no por obedecerle, sino porque no podía creer que Justin estubiera enfadado, le vi marchar con los ojos llorosos.
Era la primera vez, en dieciocho años de amistad, que él se cabreaba.
Y no sabía que hacer.
Él siempre me había sujetado el mundo. ¿Qué podría hacer ahora que el mundo se tambaleaba peligrosamente sobre mí?
Aquella noche, en forma de lobo, me acerqué a su casa y le escuché tocar.
Justin sólo tocaba en casa cuando componía o cuando estaba especialmente triste por algo. Me acerqué a la casa y me tumbé bajo su ventana.
No me importaba que me viera nadie, de todas formas, poca gente pasaba por allí a estas horas y, para aquel que me viera, yo sólo sería un perrito bajo la ventana de su amo.
Al día siguiente, Justin no me dirigió la palabra en todo el día.
El señor Hilton se impresionó mucho, ya que me quedé toda la clase completa e, incluso, le traducí bien un texto.
A la hora de comer, se sentó junto con Jenn y el grupo de raritos que formaban los amigos de Jenn, que no es por meterme con ellos, pero es que eran raros de verdad.
Esa noche, también me acerqué a su casa y me tumbé bajo su ventana, escuchándole tocar. Estaba componiendo una canción que tenía por estribillo "as long as you love me". Me encantaba, pero ninguna como mi canción, Fall, que no había vuelto a oír desde ese jueves.
Al día siguiente me sorprendí al llegar a clase y ver que Kimberly, la empollona de clase que no había faltado ni un sólo día a clase desde la guarderia, no estaba.
No entendía porque no había venido si seguro que, si estuviera a punto de morir, diría "¡Llevadme a clase para morir allí!".
Ese día Justin tampoco me dirigió la palabra, ni mucho menos me miró.
Su taquilla estaba al lado de la mía y decidí ir a hablar con él cuando tuviéramos que coger los libros para la próxima clase.
Me acerqué cuando estaba cogiendo sus cosas.
-Eh, Jus, quería decirte que...
Él cerró su taquilla con fuerza, agarró su mochila y se fue, dándome la espalda.
Decidí que esto no quedaría así y que seguiría insistiendo.
También fui esa noche a escucharle tocar. Ya casi había perfeccionado "As long as you love me".
Al día siguiente, escuché en el pasillo comentar a un grupo de alumnos que varios de sus compañeros no habían asistido a clase. Compañeros que, por regla general, como Kimberly, no faltaban nunca.
Kim tampoco vino ese día y yo estaba empezando a sospechar.
¿Qué estaba pasando aquí?
Siguiendo mi determinación de volver a recuperar a Justin, le introduje una carta en su taquilla.
Cuando abrió la taquilla y vio la carta, la estrujó y la tiró a la papelera más cercana. Si me hubiera apuñalado y después hubiera saltado sobre el cuchillo, no me hubiera hecho ni la mitad de daño que al ver cómo le había eso a mi carta.
Ese día, tampoco vinieron dos compañeros más a clase.
El señor Hilton dijo que es que la vaguería era una enfermedad muy contagiosa, y cuando le dije que Kim no era una vaga porque siempre sacaba la mayor nota en sus exámenes, me mandó fuera de clase.
Se ve que no podías llevarle la contraria al señor Hilton.
Justin volvió a tocar por la noche "As long as you love me" y le salió perfecta.
Puede que ya él no me quisiera a su lado, pero yo jamás me apartaría del suyo. Siempre estaría ahí para él.
Al día siguiente, sólo quedábamos siete alumnos de los veinte que éramos. Y, por lo visto, faltaban más en otras clases.
Incluida la nueva súper amiga de Justin, Jenn.
¿Qué estaba pasando aquí? ¿Por qué estaban desapareciendo todos nuestros compañeros? Y lo que era peor... ¿Y si el siguiente en desaparecer era Justin?
¡Bueno, gente! Siento mucho no haber subido antes, pero es que el ordenador se me ha roto y estoy usando el de mi padre. Supongo que podré subir siempre a partir de ahora. Ya sé que os lo pedí antes, pero... ¿Podéis ayudarme a promocionar la novela? El primer capítulo lo leyó mucha gente, pero el segundo no tanta... Y yo creo que es una historia que puede gustar. Pero bueno, si así es el mundo...
Whatever, que muchas gracias por leer.
Vosotr@s hacéis posible que yo escriba.
Mil gracias por dejarme soñar y escribir lo que sueño.
Cris Bieber Horan Styles.