jueves, 28 de junio de 2012

Capítulo 3


Llovía.
Estaba tumbada bajo un árbol, empapándome el pelaje, cosa que me disgustaba, pero no tenía ganas de volver a casa y encontrarme con nadie.
No me había hecho ninguna gracia la manera en la que Jared me había tratado. Sí, vale, estaba enfadado y disgustado, ¿quién no lo estaba?
Sería mejor que dejara de pensar en eso.
Hacía rato que la policía se había llevado los cuerpos de la pobre pareja.
De ahora en adelante, al menos por un tiempo, tendría que tener cuidado, ya que había oído que pensaban explorar todo el bosque.
Si me vieran, sería fatal.
Lloriqueé, angustiada.
No quería prometerme mañana con nadie, ni tampoco quería asumir el mando de la manada.
Quería ser otra loba y no el alfa. Así podría elegir.
O humana.
Sería horrible no poder convertirse en loba, pero al menos estaría libre de esta estúpida sociedad.
Por eso envidiaba a Justin.
Él podría hacer lo que quisiera, irse de aquí, casarse con quién quisiera… Mientras que yo tendría que quedarme para siempre en el mismo lugar en el que nací.
No podría viajar, ver mundo… No podría hacer nada.
Ser un licántropo te ofrecía grandes ventajas, pero también grandes inconvenientes y prohibiciones.
¿Podían los lobos llorar? Porque si podían, yo lo estaba haciendo.
Bueno, tenía que pensar que todo era por él, por Justin.
Con mi nuevo estatus social podría protegerle mejor.
Al menos, si no podía protegerme a mí misma del destino que tenía preparado, le protegería a él.
Entonces, un rayo iluminó el bosque y la vi.
Sin duda, era ella.
Reconocería ese pelo rubio, ahora mojado, y esos ojos azules pálidos en cualquier parte.
Estaba subida a una rama en el árbol que había enfrente de mí.
Me levanté rápidamente e intenté trepar al árbol, pero era un poco difícil con las patas y todo mojado.
Ella empezó a saltar de rama en rama, de árbol en árbol y yo la seguía corriendo por debajo.
Hubo un momento en el que saltó al suelo enfrente de mí y la hubiera atrapado si no me hubiera escurrido con un trozo de césped inundado.
Diluviaba y ella corría delante de mí.
Me costaba verla por la cortina intensa de agua que caía, tampoco podía olerla por la fuerte humedad que había ni oírla, por el ruido que generaba el agua al chocar con las hojas y los árboles al agitarse.
La perdí, ¿dónde narices estaba?
Cayó sobre mí desde cielo.
Me revolví, furiosa, tratando de quitármela de encima.
Me choqué contra un árbol y me liberé de su agarre.
Esquivó una dentellada que iba directa a su cabeza y me mordió una pata.
Gimoteé, ya que me había hecho daño y conseguí darle un zarpazo en la cara.
Ella se llevó las manos a la cara.
Eso no la iba a matar, pero la había dejado marcada de por vida.
Se miró las manos, como si pudiera haber sangre en ellas y después me miró.
-Volveré.-dijo.
Con fuerza, me lancé contra ella, mas ella saltó y se fue corriendo.
Quise seguir persiguiéndola, pero la pata que me había mordido me ardía.
Era el maldito veneno de sus colmillos, que me escocía cuál ácido.
Me lamí la herida, deseando que aquello no me dejara marca.
Me costaría explicar por qué tenía un mordisco en la mano en mi forma humana.
Con suerte, se curaría pronto.
Como no me daba la gana de volver a mi casa para ver las caras de felicidad de mis padres por ver tan cercano mi compromiso, ni la cara de desagrado de Sel, busqué un sitio donde pudiera dormir a la intemperie sin mojarme.
Encontré un sitio seco, debajo de una gran roca.
Me tumbé allí y me dormí.
Al despertar a la mañana siguiente, me encontré con Chaz tirado a mi lado.
¿Qué haces aquí?
Buenos días a ti también ¿eh?
Buenos días, ¿qué haces aquí?
Estaba haciendo mi ronda cuando te vi aquí dormida y, como no tenía nada mejor que hacer, pues me tumbé también.
Ah.
Quiero que sepas que yo estoy de tu parte. Mi hermano es un soberano imbécil. Tienes derecho a tomarte un respiro de vez en cuando, ya que tú eres siempre quién más se desvive por esta manada. Yo creo que serás una gran alfa.
Le di un lametón en plena cara.
Aw, gracias, Chaz. Significa mucho para mí que, al menos, tú estés de mi parte.
No se dan.
Bueno, será mejor que te deje seguir a lo tuyo, que luego Jared me dirá “Es que han matado a no sé quién porque tú estabas entreteniendo al lobo…”
Déjale, ¿no ves que es un payaso? Pues ya está.
Jajajaja. Vale. Me voy, pues.
Eché a correr, perdiéndome en el bosque.
Sólo me apetecía ver a una persona.
Ocultándome lo mejor que pude, llegué a casa de Justin y la observé desde la espesura.
Estaba en casa, ya que podía olerle.
Pero, aparte de su olor y el de Pattie, había otro, distinto.
¡Ah! Seguramente sería Jeremy, que había ido a verles.
Qué alegría por Justin.
Siempre que venía su padre se ponía muy contento.
 Anduve por el bosque hasta bien entrada la tarde y después volví a casa. Como me había previsto, me cayó una buena bronca de mi madre, que me gritaba que dónde leches había estado sabiendo que había tantas cosas que preparar.
-¡Vete ahora mismo a la bañera! ¡Qué ya te la he preparado yo!
Suspiré y me encaminé al baño.
La enorme bañera estaba a revosar de agua y jabón, con mucha espuma y diferentes jabones naturales especiales para la ocasión.
La tradición decía que, antes de ser nombrado alfa, el lobo tenía que darse un baño purificador. Y mi pregunta es, ¿purificador de qué? ¡Malditas tradiciones lobunas estúpidas! Y pensar que yo tendría que hacerle esto a mi hijo...
Me deshice de mi ropa y me metí en la bañera.
Metí la cabeza bajo el agua. Me gustaba ese silencio que se percibía ahí. ¿Por qué no podía quedarme bajo el agua así, para siempre? Uno, porque me ahogaría, dos, ¡porque que aburrimiento, yo sola ahí!
Saqué la cabeza y sonreí.
Había que ver lo que los nervios me estaban haciendo pensar.
Desvié la vista hasta la silla que había al lado de la puerta.
Una túnica blanca estaba sobre ella.
Fruncí el ceño.
La tradición también decía que tenía que presentarme solo con la túnica a la propuesta de matrimonio y ya que iba a ser el mismo día que me iban a nombrar alfa...
¡Arg, qué asco de sociedad!
Al rato, mi madre golpeó la puerta con el puño.
-¿Cuánto tiempo más te piensas pasar ahí? ¡Vamos, sal, no tenemos todo el día!
Gruñí.
Por mí, antes de ir y enfrentarme a mi destino, prefería ahogarme en la bañera, pero seguramente Justin nunca me perdonaría haberme muerto sin despedirme, así que borré esa idea de mi cabeza. 
Salí y me sequé el pelo a conciencia.
Una vez hecho, me puse la túnica, que era larga hasta las rodillas y tenía capucha. Me puse también la capucha, que era bastante grande y me tapaba buena parte de la cara.
-¿Ya estás?-me preguntó mi madre-¡Perfecto! Ya podemos irnos.
El atardecer dejaba paso a la noche cuando mis padres, en su forma lobuna, me guiaron a través del bosque.
A mí me pareció ridículo, ya que iba caminando deslcanza por el bosque mientras ellos avanzaban a mis flancos, adaptando sus enormes zancadas lobunas a mis pobres pasos de humana.
Si no hubiera estado tan angustiada por el destino que me esperaba, hubiera disfrutado del momento. El bosque ofrecía un paisaje delicioso, con el color del cielo y los pajaritos que despedían con sus cantos este día.
Siempre me había gustado caminar descalza por el bosque, pero esta vez era distinto. Esta vez, mis pies, traidores ellos, me llevaban a encontrarme con un destino al que yo consideraba maldito.
Mis padres, aunque podían oír todo lo que pensaba, no decían nada. A ellos los habían criado siguiendo estas tradiciones y creencias y, para ellos, esto era lo que había que hacer, lo que estaba bien, para mí, aunque había sido educada igual, esto no era más que algo anticuado y machista.
Mi padre había elegido a mi madre, que era una loba de otra manada. Al menos, dentro de lo cabe, había podido tomar una decisión sobre su destino. ¿Por qué yo tenía que unirme en matrimonio con la persona que a ellos les viniera en gana?
Me mordí el labio, nerviosa.
Sabía, desde los cinco años, lo que me esperaba. ¿Sabéis lo que es que, en tan tierna edad, tus padres te digan que siempre serás una prisionera en tu propio hogar y sin opción de elegir, al menos, con quién vas a compartir esa prisión, con quién vas a pasar el resto de tu vida? Y, desde los cinco años, había sido fuerte por Justin y por mí. Recuerdo con amargura cuando un Justin de ocho añitos decía "Yo no me pienso casar hasta los treinta o puede que más mayor...¡Y tú tampoco, Cris! No te dejo que te cases antes, ¿eh? ¡Prohibido!" y yo sonreía, como él, aunque yo pensando que nunca podría cumplir esa promesa.
Ya hemos llegado, me anunció mentalmente mi padre.
Levanté la cabeza, ya que siempre había ido mirando al suelo.
Estábamos en el mismo prado donde salvé a Justin del oso, donde había jugado tantas veces con él, donde me transformé por primera vez... Habíamos venido al lugar donde empezó y acabaría, al menos, para mí, todo.
¿Dónde están los demás?, pregunté.
Pronto llegarán.
Unos árboles se agitaron y las familias de Ryan, Chaz y Jared aparecieron en su forma lobuna, seguidos de los chicos, estos en su forma humana.
Suspiré. 
¡Si al menos Justin pudiera estar aquí...! Pero no. Aunque supiera el secreto, jamás dejarían presenciar a un humano una ceremonio tan sagrada. 
¡Ah! Ya están aquí.
Ya veo, dije con fastidio.
Sel y Nataly también se dejaron caer por allí en su forma lobuna.
Mi padre avanzó unos pasos.
Muchas gracias por venir. Ya podemos comenzar.
Su mirada pasó por cada uno de los presentes y luego continuó.
Nuestras familias llevan viviendo en estas tierras durante tantas generaciones que el ser humano se perdería intentando poner un número aproximado de estas. Siempre hemos vivido juntos y en armonía y siempre hemos llevado a cabo esta ceremonia. Primero fue mi primer padre, que engendró al segundo, y este a su vez al tercero... Y así hasta llegar a mi padre ordinario. Todos ellos fueron pasando su condición de alfa a sus hijos y hoy me toca a mí unirme a tal leyenda, puesto que tengo que entregarle el puesto que me dio mi padre a mi hija.
Se giró y me miró con sus ojos de lobo.
Mi madre me empujó con el hocico para que avanzara hacia él.
Con paso inseguro, me acerqué al gran lobo castaño oscuro que era mi padre.
Todos conocéis a mi hija. Fue la primera de la nueva generación en transformarse y siempre está ahí para ayudarnos. En mi opinión, no podría haber nadie mejor para ocupar este puesto. Naciste para destacar, hija. Algo me dice que tu período como alfa no será olvidado jamás.
Dicho esto, se inclinó y me mordió, no con mucha fuerza, lo suficiente como para marcarme, el tobillo derecho.
Así era como se diferenciaba a los alfas. Un mordisco de licántropo hecho a otro licántropo no desaparecería jamás si dejaba marca. Incluso cuando te transformabas, la marca del mordisco seguía estando a la vista.Es como los brazaletes que se ponen los capitanes de los equipos de fútbol.
Me dolió, claro, pero no me quejé.
Ni siquiera me miré el tobillo por si sangraba, aunque podía notarlo.
Ya tenemos una nueva alfa.
Acto seguido, todos, tanto lobos como humanos, se inclinaron teatralmente ante mí.
¡Yo no quería tanto teatro, tanta parafernalia! ¡Yo quería ser libre!
Bien. Ahora, para acabar de completar la ceremonia, queda unir en matrimonio a la nueva alfa.
La vista de mi padre se posó en Chaz, Ryan y Jared.
¿Quién de vosotros reclama como suya a mi hija?
Ryan no se lo pensó dos veces y dio un paso al frente.
-Yo, señor.
Antes de que nadie pudiera decir nada, Jared también avanzó un paso y se colocó al lado de Ryan.
-Yo también, señor.
Puse cara de sorpresa.
¡Eso no nos lo esperábamos! Bueno, yo al menos no.
¿Algunos de los dos está dispuesto a renunciar a mi hija?
Yo, para mis adentros, decía "Sí, por favor. Decid los dos que sí".
Mi madre lo escuchó y me dio otro empujón con el hocico, amonestándome.
-No-dijeron ambos.
¡Joder! Pues entonces ya sabía lo que iba a venir a continuación.
Pues entonces esto sólo nos deja una opción para llegar a una solución. Tendréis que competir en un duelo.
Los dos asintieron con la cabeza.
¿Estáis seguros de ello? Si ganáis, el premio es mi hija.
¡Miradme! ¡Me usaban como premio! Que degradante era esta mierda de sociedad.
Pero ya sabéis que, si perdéis, no podréis reclamar a nadie más como vuestra pareja.
Me dieron ganas de gritarle a Ryan que no lo hiciera, ya que si perdía, Sel y él nunca podrían estar juntos.
Ahora entendía el padecimiento de mi amiga. Estaba viendo como el chico que quería iba a arriesgar su única oportunidad para estar juntos por mí.
Pero, como alfa que yo era ahora, estaba en mi mano cambiar algunas reglas (menos las tres principales. Esas eran inquebrantables) y acababa de decidir que esa era la primera que cambiaría.
Ninguno de los dos dijo nada, por lo que mi padre supuso que aceptaban las consecuencias.
Así sea. Podéis empezar.
Se separaron de un salto y, sin molestarse en quitarse la ropa, se transformaron.
Ambos eran del mismo tamaño, lo único que les diferenciaba era el pelaje, ya que Ryan lo tenía un poco más claro.
Y se enzarzaron en una lucha sin cuartel. 
Mordiscos, cabezazos, empujones, arañazos... Todo valía en esta competición.
Todo el mundo miraba la pelea con expectación, después de todo, el vencedor se haría conmigo. ¿Y yo qué hacía, mientras tanto? Sufrir porque mi destino no estaba en mis manos, sino en las garras y colmillos de los dos lobos que luchaban que eran mis amigos de toda la vida.
Y, para sorpresa mía, el vencedor fue Jared.
Se alzó majestuoso y aulló.
Acto seguido, echó a correr y se perdió en el bosque.
Síguele, vamos. Ahora es tu prometido.
Mi madre tuvo que empujarme de nuevo para que me moviera.
Sin saber muy bien qué pensar, corrí al bosque, dejé caer la túnica y me transformé. Esto seguía formando parte de la tradición. Una vez echa la elección, se tenía que perseguir al lobo o loba hasta alcanzarle. ¿Por qué? ¡Y yo qué sé! ¡Otra de las estúpidas tradiciones sin sentido de esta maldita sociedad!
Decidí no pensar ahora en Jared, más que nada, porque ahora él podría escucharme. Más tarde lloraría y me lamentaría, ahora tocaba de nuevo esconder mis emociones tras un muro. Se me daba bien, después de todo, tenía años de práctica.
Finalmente, le encontré.
Cuando le hube dado alcanze, los dos nos sentamos sobre los cuartos traseros y él apoyo su cabeza sobre la mía, cosa fácil, ya que era justo una cabeza más alto que yo.
¿Te esperabas esto?, preguntó.
La verdad... No. Ha sido toda una sorpresa. Siempre pensé que acabaría ligada a Ryan, porque todos lo veíamos en sus pensamientos, ya sabes...
Sí, yo sé.
Pero tú nunca pensaste nada sobre esto, ni sobre mí... 
Sí, sí que lo hice. Sólo que sabía cuando hacerlo para que los demás y tú no lo viérais.
Ah.
Yo pensaba reclamarte hace mucho. Supongo que sabes que cuando tus padres y los míos tenían que ejercer sus obligaciones como licántropos, me dejaban a tu cuidado.
¿En serio? No sabía nada.
Pues sí. Eras una niña muy rica. Siempre con una sonrisa en la boca, y muy habladora... Y, todo hay que decirlo, muy llorona, también. ¡Todo el día llorando!
¡Anda ya!
¡Qué sí, qué es cierto! Y, durante esos días, mientras cuidaba de ti, supe que lo haría también cuando crecieras y mira cómo estamos ahora... Como al principio.
Entonces, me mordió la oreja.
¡Qué no me hagas eso!, le dije, empujándole con la pata.
¿O qué?, dijo, divertido.
O te muerdo. 
Oh, qué miedo.
Cuidado conmigo que ahora soy tu alfa y, por tanto, tu ama y señora.
Y mi prometida.
Sí, eso también.
Más tarde, por la noche, en mi cuarto...
Había abierto la enorme ventana y estaba sentada en el alféizar. Miraba las estrellas con desconsuelo y mis ojos estaban rojos y mis mejillas, coloradas. Mi respiración estaba alterada, prueba del gran disgusto que me había llevado.
¡Jared! ¿Por qué Jared?
Tampoco es que le odiara, no, claro. Era mi amigo, pero... ¡No quería pasar mi vida con él! Contra más vueltas le daba, más me dolía. Mis padres estaba felices juntos, los padres de mis amigos también... ¡Y yo tendría que vivir una vida infeliz junto a una persona a la que no amaba! Jared me caía bien, claro... Pero no se puede vivir felizmente junto a una persona que únicamente te cae bien.
Mi vida iba a ser un jodido infierno.
El domingo lo pasé patruyando por el bosque con mi prometido (arg, qué mal sonaba eso), que se había convertido en mi sombra, cosa que no me hizo gracia.
Quizá él se pensara que por estar prometida y ser alfa no iba a estar con Justin, pero estaba equivocado. Sacaría tiempo para estar con él hasta debajo de las piedras.
No quería que llegara el lunes, porque entonces tendría que contarle a Justin lo de Jared y no me apetecía en absoluto.
Pero no hay manera humana (ni licántropa) de detener el tiempo y el lunes llegó.
-¡Eh, Cris!-dijo Justin, dándome un abrazo-¡Cuánto tiempo sin verte!
-Sólo han sido dos días.
-Una eternidad para mí. No me has llamado ni nada...
-Bueno, tú tampoco lo has hecho, así que... Supuse que estarías ocupado.
-No, ocupado no. Nunca estoy ocupado para ti. Vino mi padre, ¿sabes?
-¿En serio? Qué pena no haber podido verle. ¿Y qué tal está?
-Muy bien, ya sabes, en su línea.
-Eso es fantástico.
-¡Bueno...! Si el señor Bieber y la señora Poynter deciden callarse, quizá podamos seguir con la clase.
Nos habíamos puesto a hablar y no nos habíamos dado cuenta de que la clase había empezado.
A la hora de comer nos sentamos todos en la misma mesa.
Todos, menos Ryan.
-¿Alguien sabe que le pasa a Ryan?-preguntó Justin-Se le ve triste.
-Ni idea-dije yo-A lo mejor la foto que le hizo a la ardilla le salió borrosa...
Justin rió.
En las clases que faltaban, en vez de sentarme en mi sitio habitual en el pupitre de la primera fila, me senté con él y estuvimos hablando y hablando.
En la clase de inglés, la señora Monse se cansó de nosotros y me mandó que me sentara tras él, así que me puse a escribirle letras en la espalda para que él las adivinara y así pasamos la clase.
Cuando salimos, se me encogió el estómago.
Jared estaba allí, esperándome.
-Eh-me dijo Justin-¿Qué hará Jared aquí? Menuda sorpresa.
Pero la sorpresa aumentó cuando nos acercamos a él  y Jared me cogió de la cintura y me besó.
Yo me separé de él, intentando no ser demasiado brusca y me miré las botas con aire de culpabilidad.
Levanté la mirada y, al ver la cara de incredulidad de Justin, se me partió el alma.
Acto seguido, se echó a reír.
-¡Jajajaja! ¡Qué broma más buena! ¡Por un momento, me la he creído! Jajajaja
Pero, al ver que nadie más reía y que yo seguía mirando al suelo, paró de reír.
-Ah, pero... ¿Qué no era una broma?
Negué con la cabeza.
Entonces, frunció el ceño.
-¿Y cuándo pensabas contármelo? Creí que me lo contabas todo...
-Iba a hacerlo, pero...
-¿Pero?
-¿Estás enfadado?
-No.
-Pues lo pareces.
-Quizá lo esté y no quiera contarte por qué. Como tú tampoco me cuentas nada... ¡Pues voy a jugar a imitarte!
Se dio la vuelta y comenzó a alejarse.
-¡Jus, espera!
Quise ir corriendo tras él, pero Jared me cogió de la mano y me atrajo hacia sí.
-Deja que se vaya. No le necesitas.
Y yo, no por obedecerle, sino porque no podía creer que Justin estubiera enfadado, le vi marchar con los ojos llorosos.
Era la primera vez, en dieciocho años de amistad, que él se cabreaba.
Y no sabía que hacer.
Él siempre me había sujetado el mundo. ¿Qué podría hacer ahora que el mundo se tambaleaba peligrosamente sobre mí?
 Aquella noche, en forma de lobo, me acerqué a su casa y le escuché tocar.
Justin sólo tocaba en casa cuando componía o cuando estaba especialmente triste por algo. Me acerqué a la casa y me tumbé bajo su ventana.
No me importaba que me viera nadie, de todas formas, poca gente pasaba por allí a estas horas y, para aquel que me viera, yo sólo sería un perrito bajo la ventana de su amo.
Al día siguiente, Justin no me dirigió la palabra en todo el día.
El señor Hilton se impresionó mucho, ya que me quedé toda la clase completa e, incluso, le traducí bien un texto.
A la hora de comer, se sentó junto con Jenn y el grupo de raritos que formaban los amigos de Jenn, que no es por meterme con ellos, pero es que eran raros de verdad.
Esa noche, también me acerqué a su casa y me tumbé bajo su ventana, escuchándole tocar. Estaba componiendo una canción que tenía por estribillo "as long as you love me". Me encantaba, pero ninguna como mi canción, Fall, que no había vuelto a oír desde ese jueves.
Al día siguiente me sorprendí al llegar a clase y ver que Kimberly, la empollona de clase que no había faltado ni un sólo día a clase desde la guarderia, no estaba.
No entendía porque no había venido si seguro que, si estuviera a punto de morir, diría "¡Llevadme a clase para morir allí!".
Ese día Justin tampoco me dirigió la palabra, ni mucho menos me miró.
Su taquilla estaba al lado de la mía y decidí ir a hablar con él cuando tuviéramos que coger los libros para la próxima clase.
Me acerqué cuando estaba cogiendo sus cosas.
-Eh, Jus, quería decirte que...
Él cerró su taquilla con fuerza, agarró su mochila y se fue, dándome la espalda.
Decidí que esto no quedaría así y que seguiría insistiendo.
También fui esa noche a escucharle tocar. Ya casi había perfeccionado "As long as you love me".
Al día siguiente, escuché en el pasillo comentar a un grupo de alumnos que varios de sus compañeros no habían asistido a clase. Compañeros que, por regla general, como Kimberly, no faltaban nunca.
Kim tampoco vino ese día y yo estaba empezando a sospechar.
¿Qué estaba pasando aquí?
Siguiendo mi determinación de volver a recuperar a Justin, le introduje una carta en su taquilla.
Cuando abrió la taquilla y vio la carta, la estrujó y la tiró a la papelera más cercana. Si me hubiera apuñalado y después hubiera saltado sobre el cuchillo, no me hubiera hecho ni la mitad de daño que al ver cómo le había eso a mi carta.
Ese día, tampoco vinieron dos compañeros más a clase.
El señor Hilton dijo que es que la vaguería era una enfermedad muy contagiosa, y cuando le dije que Kim no era una vaga porque siempre sacaba la mayor nota en sus exámenes, me mandó fuera de clase.
Se ve que no podías llevarle la contraria al señor Hilton.
Justin volvió a tocar por la noche "As long as you love me" y le salió perfecta.
Puede que ya él no me quisiera a su lado, pero yo jamás me apartaría del suyo. Siempre estaría ahí para él.
Al día siguiente, sólo quedábamos siete alumnos de los veinte que éramos. Y, por lo visto, faltaban más en otras clases.
Incluida la nueva súper amiga de Justin, Jenn.
¿Qué estaba pasando aquí? ¿Por qué estaban desapareciendo todos nuestros compañeros? Y lo que era peor... ¿Y si el siguiente en desaparecer era Justin?




¡Bueno, gente! Siento mucho no haber subido antes, pero es que el ordenador se me ha roto y estoy usando el de mi padre. Supongo que podré subir siempre a partir de ahora. Ya sé que os lo pedí antes, pero... ¿Podéis ayudarme a promocionar la novela? El primer capítulo lo leyó mucha gente, pero el segundo no tanta... Y yo creo que es una historia que puede gustar. Pero bueno, si así es el mundo...
Whatever, que muchas gracias por leer.
Vosotr@s hacéis posible que yo escriba.
Mil gracias por dejarme soñar y escribir lo que sueño.
Cris Bieber Horan Styles.
 


 

domingo, 24 de junio de 2012

Capítulo 2


Corrí a toda prisa por el bosque.
No me apetecía llegar tarde.
Me paré unas manzanas antes de llegar y, aún en el bosque, dejé la bolsa de la ropa que había llevado en la boca todo el tiempo, me transformé, me vestí y eché a andar por la calle como una más.
El aparcamiento del bar estaba a rebosar de coches, motos y bicis.
Entré.
Si antes había dicho que el aparcamiento estaba repleto, no era nada en comparación con cuán de lleno estaba el bar.
Tom, el dueño, se me acercó.
-Eh, Cris, ¿qué tal? ¡Cuánto tiempo sin verte por aquí!
-Cierto, Tom. Yo bien, ¿y tú?
-Muy bien, con mucho trabajo gracias a tu amigo.
-Ya veo-dije, mirando a toda la gente que abarrotaba la estancia-Creo que me costará encontrar un sitio…
-Pues yo creo que no. Ven, sígueme.
Fue un poco difícil seguirle, ya que tuve que ir sorteando a personas, piernas estiradas y otros obstáculos, pero al final conseguimos llegar a una mesa que estaba justo enfrente del improvisado escenario.
-Justin me pidió que guardara esta mesa especialmente para ti-me explicó Tom-Y que te invitara a una Coca Cola y la descontara de su sueldo.
-Pues no la quiero-dije, sentándome en la mesa.
-Ya me dijo que dirías eso y dijo que, la quieras o no, que se la descuente del sueldo igualmente.
Refunfuñe.
Eso lo hacía para que aceptara.
-Está bien, Tom. Vosotros ganáis.
Luego seguramente no se lo descontaría, como siempre, pero a los dos les gustaba hacerme de rabiar.
Mientras esperaba a que me trajera la bebida, miré a ver si reconocía a alguien y no me sorprendió ver a Jenn.
Por lo que tenía entendido, no se perdía ni uno de estos conciertos de Justin.
Acababa de traerme Tom la Coca Cola cuando Justin salió con su guitarra al escenario.
Aplaudí, como los demás, como una loca.
Se sentó en un taburete en medio del escenario, sonrió y se acercó al micrófono.
Primero saludó y después ya comenzó a cantar.
Dios, verdaderamente tenía una voz preciosa.
Yo se lo decía a menudo, como también le decía que, cualquier día de estos, algún cazatalentos iría al bar, le vería actuar, le gustaría y le haría famoso.
-Pero no quiero que te hagas famoso.
-¿Por qué?
-Porque entonces tendrías que viajar por todo el mundo y te olvidarías de mí.
-Eso jamás. Tú vendrías conmigo.
Siempre que teníamos esa conversación sonreía, sabiendo que nunca podría irme de ese pueblo, que mis obligaciones como licántropo no me lo permitirían y que si él tenía que marchar, tendría que hacerlo sin mí.
-Y, para terminar-dijo, después de una hora de concierto-Me gustaría cantar una canción que he compuesto recientemente. Se llama Fall y está dedicada a alguien muy especial para mí.
Esa canción consiguió hacerme llorar.
Era verdaderamente preciosa.
¿A quién se la habría dedicado?
Cuando terminó, todos nos levantamos y aplaudimos.
-¡Ese es mi mejor amigo!-le dije al señor que había a mi lado.
Este me miró mal y se apartó unos metros de mí, como si hubiera visto al demonio reflejado en mis ojos.
Salí afuera y me senté en su coche a esperarle.
Salió el último, con su guitarra a la espalda.
-Has estado magnífico-dije, abrazándole.
-Tampoco será para tanto, mujer. Muchas gracias por venir. ¿Te llevo a casa o…?
-No, mejor llévame tú.
Abrió el coche y me introduje en el asiento del copiloto.
-¿Y cómo has venido antes?
-Andando-dije.
-¿En serio? Pues hay un paseo de aquí a tu casa.
-Bueno, vine corriendo por el bosque.
-Pues sí que eres rápida.
Claro que sí. Cuatro patas corren mucho más que dos.
Arrancó y nos fuimos.
-¿Sabes a quién he visto?-pregunté.
-No, ¿a quién?
-A Jenn.
-Ah, sí. Siempre está ahí. Una gran fan.
-Una gran belieber.-le corregí yo.
Él rió.
Le hacía gracia el apodo que les había puesto a sus fans.
-¿Por qué Ryan y Chaz nunca van a verme? Entiendo que Jared no venga por su trabajo, pero ellos…
-Alguna vez sí que han ido. Pero hoy creo que Chaz tenía que ayudar a Ryan a no sé qué proyecto de biología o qué leches… Te doy mi palabra que el próximo jueves estaremos todos ahí para verte.
-Veremos si eso puede ser posible.
Nos quedamos unos minutos en silencio.
-Y, ¿a quién dedicaste tu nueva canción? Dijiste a alguien a quién apreciabas…¿Al señor Hilton, quizás?
Reímos.
-A ese no le doy ni los buenos días.
-¿Entonces?
-¿De verdad no te haces ni una idea?
-No…
-¡Pues a ti, boba! ¡La canción es para ti!
-¿Qué? ¿En serio?
-Claro, sé lo mucho que te gustan estos detalles tontos…
-No son tontos, a mí me gustan.
-¿Ves? Y dije “Bueno…Pues le escribiré una canción”. Así, cuando la escuches, podrás decir “Mía, mía. Esta canción es toda mía”, porque es totalmente para ti.
-Joder, muchas gracias, de verdad. No sé qué decir, estoy muy emocionada.
-Por favor, no te vayas a echar a llorar como esa chica, hará unos tres o cuatro jueves, ¿te acuerdas que te lo conté?
-Claro, ¿qué fue lo que la hiciste para que llorara así?
-Sólo la miré.
Nos reímos de nuevo.
Si vieras lo ridículos que son tus pensamientos ahora mismo…
¡Sel! ¡Sal de mi cabeza ahora mismo y déjame imaginar lo que a mí me dé la gana!
Lo siento, no puedo. Créeme que me gustaría hacerlo, pero estamos conectadas y no puedo desconectarme.
Ya lo sé.
Sólo te diré que menos mal que ninguno de los chicos está por aquí ahora, porque como vieran lo que yo he visto… Se montaría una buena. Está prohibido, Cris. No se puede hacer lo que tú piensas.
¿Y por qué te crees que me limito a pensarlo y no a hacerlo? Ya sé que está prohibido.
Y aparte, ¡es que algunas cosas son tan ridículas! Mira que ponerte a pensar en tirarte al suelo y que Justin te rasque la barriguita siendo loba…
Yo no me meto en lo que tú piensas con Ryan…
Eso que acabas de decir ha sido un golpe bastante bajo, ¿sabes?
No la respondí, ya que tenía razón.
Todos veíamos los pensamientos de Ryan y sabíamos que, cuando tuvieran que elegir cuál sería mi prometido, él me reclamaría como suya.
-¿Te pasa algo?-preguntó Justin, al ver que llevaba un rato sin hablar.
-No, sólo estaba pensando en la canción.
-Te ha debido de gustar bastante.
-No sabes cuánto.
Él sonrió.
-Bueno, ya hemos llegado.
-Gracias por traerme.
-Gracias por venir a verme.
-Gracias por ser tan magnífico.
Le besé en la mejilla y salí del coche.
Él bajó la ventanilla para verme entrar en casa.
Siempre hacía lo mismo, cuando me traía a casa andando o en bici era igual.
Hasta que no entraba en mi casa no se iba.
-Y no te acuestes muy tarde, ¿eh?-me dijo.
-No, claro que no.-dije, a modo de despedida.
Esta era una antigua broma entre nosotros, ya que una vez, cuando tendríamos unos seis años, nos quedamos en su casa a dormir y yo le conté una historia de miedo de un señor que les decía a los niños “No os acostéis muy tarde, ¿eh, niños?” y luego iba a su casa y, si estaban despiertos, los mataba.
Obviamente, ese día, ninguno de los dos dormimos nada del miedo que teníamos y, desde entonces, decíamos esa frase.
Entré en mi casa y él se fue.
Lo que el pobre de mi amigo no sabía es que sí que iba a tener que acostarme tarde esa noche, ya que me tocaba hacer la ronda que le había cambiado a Sel.
Dejé mis cosas en casa y salí al bosque.
Me transformé y corrí y corrí, todavía con la canción Fall en los oídos.
Dios, cómo adoraba a Justin.
Como estaba cansada y no había, que yo detectara, ningún peligro, me tumbé bajo un árbol, puse las patas delanteras cruzadas sobre el suelo y apoyé la cabeza sobre ellas.
A la mañana siguiente…
Me dormí en el pupitre de la primera fila en la clase del señor Hilton y este me dio con el libro en la cabeza.
-¡Señorita Poynter! ¡El otro día no está atenta! ¡Hoy se duerme! ¿Qué será lo siguiente? ¿Podría decirme por qué se duerme en mi clase?
Iba a decirle que porque me aburría, pero decidí ser honesta.
-Porque tengo sueño.
Mis compañeros se rieron.
-Salga de mi clase de nuevo, Poynter. ¿Habrá algún día que se quede usted la clase completa?
Salí y me tumbé de nuevo bajo el árbol donde me iba cuando hacía pellas con Justin (o cuando nos echaban de clase…)
A mí los estudios no me importaban, porque no me iban a servir de nada en la vida.
No podría irme a estudiar a ningún sitio, ni ejercer ningún trabajo que estuviera fuera de mi pueblo.
Mi sitio estaba allí, y siempre lo estaría.
Como allí me aburría, decidí dejar mis cosas ahí e irme al bosque.
Escondí de nuevo mi ropa, me transformé y corrí.
Olisqueé el ambiente.
Algo estaba diferente.
Corrí siguiendo un rastro, que me llevó hasta el río e, incluso, más allá.
Entonces, me topé de frente con otra loba, que reconocí al instante.
¡Nataly!
¡Cris!
Llevaba una especie de maleta en la boca, que soltó y se lanzó contra mí.
Las dos rodamos por el suelo, jugando, felices de volvernos a ver.
Una vez pasada la euforia del momento, le pregunté qué hacía allí.
Nataly era una loba perteneciente a la manada del pueblo vecino.
Derek era su alfa y creo que se iban a prometer.
Principalmente, vine a hablar contigo. Últimamente, hay muchos vampiros por estas tierras.
Lo sé. Aquí también hemos tenido varias visitas indeseadas.
Sobre todo una vampira rubia. No hago más que perseguirla hasta el límite de nuestro territorio, siempre se escapa, pero siempre vuelve.
¡No me digas que también ha estado por allí! Yo me enfrenté directamente a ella, pero escapó. Es fuerte, Nat, como ningún otro vampiro que yo haya visto.
¿A qué crees que debe su presencia aquí?
No tengo ni la menor idea. Parece ser que está buscando algo o a alguien, porque cuando yo la sorprendí, estaba siguiendo como una especie de rastro. Igualmente, ¿y esa maleta?
¡Ah! Como vosotros sois bastante menores en número que nosotros, he pensado echaros una mano por las rondas y eso, que supongo que habréis aumentado.
Supones bien.
Siempre y cuando a ti te parezca bien, oh, gran alfa.
Aún no lo soy oficialmente, así que puedes hacer lo que quieras.
Lo iba a hacer de todos modos… Pero no te queda nada, ¿no? Sólo te quedan dos semanas para la mayoría de edad. ¿Han elegido ya quién será tu prometido?
No… Aún nadie se ha pronunciado respecto a eso.
Pareces triste.
Lo estoy. En el destino que me está reservado, no está lo que a mí me hubiera gustado.
En ese momento, oí el timbre que anunciaba que la clase del señor Hilton había terminado.
Debo volver a clase para no levantar sospechas.
Bien. Yo estaré en el fuerte.
Nos veremos allí más tarde.
¡Adiós!
El fuerte no era otro que una casita en medio del bosque donde a veces nos reuníamos todos los licántropos. Lo llamábamos fuerte vete tú a saber por qué, porque no se parecía en nada a ningún fuerte.
Me di media vuelta y eché a correr de vuelta.
Sel, escúchame.
Déjame, no quiero hablarte.
Mira, siento lo de ayer. No estuvo bien y lo sé. Es que estoy demasiado nerviosa por lo que se aproxima. Entiéndeme.
Vale. ¿Qué quieres?
Me he encontrado con Nataly.
¿Nataly? ¿Y qué hace aquí?
Dice que allí también ha aumentado la cantidad de vampiros. Y que la famosa rubia también se pasea por allí. Se quedará aquí una temporada para ayudarnos.
No necesitamos ayuda. Siempre nos hemos apañado bien.
Lo sé.
Eso es una excusa para venir  a ver a  Jared.
También lo sé, pero no pude pensarlo cuando estuve con ella, o lo hubiera visto.
Pues yo se lo hubiera dicho a la cara.
Oh, no lo dudo ni un poco. Bueno, vuelvo a clase, así que cambio y corto.
Me transformé, me vestí, cogí mis cosas y volví a clase, un poco tarde, pero por suerte la profesora aún no había venido.
-¿Qué tal la fuga de la clase del señor Hilton?-me preguntó Justin.
-Oh, bien… Mucho mejor que dentro de la clase, seguro.
-Pues sí. ¿Vamos al cine esta tarde?
-Claro, ¿qué quieres ver?
Siempre le dejaba elegir película a él, me daba igual cuál fuera.
Sólo quería pasar algo de tiempo con él y lo demás me daba igual.
-No sé, nosotros vamos y vemos la que más nos guste.
-Vale.
Entonces entró la profe y él fue a sentarse a su sitio.
La verdad era que esa tarde también me tocaba hacer la ronda a mí, pero joder, tenía que divertirme un poco. Dentro de dos semanas, más o menos, estaría casada y tendría que dedicarme en cuerpo y alma a una manada.
Casada… ¿Cómo llevaría Justin eso?
¿Cómo le iba a decir que iba a contraer matrimonio en tan poco tiempo y con uno de sus amigos?
Cuando se acabaron las clases, nos fuimos todos juntos a casa.
-Luego te paso a buscar. ¡Adiós!-dijo Justin, despidiéndose de mí y yéndose a su casa por el camino que le correspondía.
Sel me taladró con la mirada.
-¿Cómo que luego te pasa a buscar? ¿Qué me he perdido?
-Pues eso, que luego va a venir a buscarme.
-¡Hoy te toca hacer ronda también!
-¿Ya, y? Ya la hará Nataly por mí.
-¡Pero Cris, no puedes ser así! ¡No puedes descuidar tus obligaciones!
-¡Sel, ya estoy cansada! ¡Tengo 17 malditos años y llevo haciendo toda la vida lo que la manada quiere! ¡Dentro de dos semanas ya no podré hacer nada de lo que yo quiera, ¿comprendes?!
Y aumenté el paso, enfadada.
¡Claro, cómo ella podía elegir con quién pasar el resto de su vida…!
Pero recordé que, aunque podía elegir, había elegido justo a la persona que quería pasar su vida conmigo.
¡No, si aquí en esta manada todo eran complicaciones!
-Cris, por favor, no te enfades conmigo. Yo no dicté las normas.
-Lo sé y lo siento, Sel. Pero con alguien tengo que desquitarme.
-Ya, y como con Justin no puede ser…
-Claro.
Al llegar a casa, me dirigí a mi padre.
-Papá, ¿cuándo piensas decirme quién será mi prometido? Quedan dos semanas para mi cumpleaños…
-No sabía que te interesara tanto el matrimonio.
Y no lo hacía.
Por mí, podían irse todos al infierno con sus mierdas de normas y tradiciones antiguas y estúpidas.
No, si me interesaba por eso, era por Justin, porque no podía llegar el día de mi cumpleaños y decirle “Eh, que me voy a casar esta tarde con uno de nuestros amigos y espero que estés súper feliz por nosotros y que entiendas que, a partir de ahora, no podré pasar casi nada de tiempo contigo porque tengo que atender otras obligaciones”.
Tenía pensando dejar eso claro ya, que nos viera como novios y luego ya decírselo.
Iba a ser muy duro y muy raro, pero así era la vida.
-Me apetece saber quién será, para hacerme a la idea.
-Bien, les informaré y mañana nos reuniremos para debatirlo.
-¿Mamá y tú no tenéis alguna preferencia?
-Claro que la tenemos, pero queremos que el destino siga su curso.
¡El destino! Yo sí que le iba a dar una patada en la cara al destino.
Como aún quedaba un rato para que Justin viniera en mi busca, salí a buscar a Nataly, para pedirle que me sustituyera.
¿Sustituirte para que vayas con un humano?
¡Y dale con el humano! Es mi amigo, Nat. Yo le quiero. No está prohibido socializar con humanos y él no sabe lo que yo soy. Aún.
Igualmente, supongo que sabes que no está bien visto una relación de cualquier tipo entre nosotros y los humanos.
¿Por qué sois todos tan así con los humanos si se supone que nosotros existimos para protegerles? ¿Por qué iba un gato a proteger un ratón para luego atraparlo? No tiene sentido.
Y yo que sé. Pero bueno, lo haré.
Gracias. De verdad, muchas gracias.
Ahora que ya estaba todo arreglado, volví a casa y me preparé.
Cuando vi llegar el coche de Justin, salí y entré en el coche.
-¡Hola, Jus! ¿Qué tal?
-Muy bien, ¿y tú?
-Divinamente.
En realidad, no lo estaba, pero tenía que ser fuerte. Ya no por mí, sino por él.
Tenía que ser fuerte por los dos.
-¿Sabes? No sé por qué me he acordado ahora, pero… ¿Has visto a ese lobo? Como tú vas tanto por el bosque…-preguntó.
-Pues no. Siempre pongo mucho empeño en buscarlo, pero no doy con él. Quizá se haya marchado o haya fallecido…
-Ya… Pero es que verdaderamente me gustaría darle las gracias por aquello. Aunque no me entendiera, me gustaría hacerlo.
-Quizá él ya lo sepa.
La verdad era que no había encontrado al lobo porque yo era ese lobo.
Justin se refería a lo que había ocurrido unos años atrás.
Yo era la tercera vez que me transformaba e iba paseando tranquilamente por el bosque cuando le oí gritar.
Un oso, de los que son muy extraños en el bosque pero te los puedes encontrar, le había sorprendido mientras se había ido al bosque a componer.
Sin pensármelo un segundo, sabiendo que era una loba inexperta y que estaba prohibido que un humano nos viera, volví a repetir la historia de mi antepasado, salvo que esa vez fue un vampiro y esta un oso y salvé a Justin.
El oso me dio una paliza, todo hay que decirlo, pero al menos conseguí distraerlo para que él pudiera huir.
Desde entonces, Justin siempre habla del lobo y lo tiene muy presente en todo lo que hace.
Y yo tan contenta, porque sé que habla de mí y que, algún día, cuando sus padres le cuenten el secreto, le podré decir que fui yo.
Llegamos al cine y le dejé mirar la cartelera a placer.
-Hum… ¿Qué te parece “Corazones de caramelo”?
-¿Desde cuándo eres tan empalagoso, Jus? ¿Qué quieres? ¿Qué vomite arco iris?
-Creo que eres la única chica que conozco que odia el romanticismo.
-Es que simplemente no creo en él.
Rió.
-¡Esa, esa!-dijo, señalando un cartel donde un zombi se sujetaba la cabeza que se le caía a cachos-¡Zombis! Aquí pone que es un remake de otra película anterior… “Ahora, con más vísceras, más sangre y más cerebros”. ¡Guau!
-¿Y luego no me regañará tu madre por dejarte ver esta película? Mira que como luego no duermas por la noche…
Me sacó la lengua.
-Anda, vamos-dijo, cogiéndome de la mano y haciéndome entrar en el cine.
Tuvimos una pequeña discursión, ya que él quería pagar las entradas y yo le decía que ahorra ese dinero para comprarse un coche nuevo, que era lo que él quería.
-Cuando sea famoso podré permitirme tantos coches como quiera y no podré dormir pensando que te dejé pagar a ti unas míseras entradas de cine… Y además, que es mi sueldo y me lo gasto en lo que me da la gana.
Al final, como siempre, acabó ganando él.
En la sala había bastante gente y nosotros nos sentamos casi al final.
Yo no sé por qué había insistido en ver una película de miedo si luego él era el mayor cagueta del mundo. Vale que fingiera asustarse por hacer el tonto, pero hubo momentos en los que los dos nos asustamos, cuando al final la protagonista resultó ser un zombi durante toda la película.
Estaba tan agusto viendo la película (y riéndome a carcajadas cuando había demasiada sangre y Justin se tapaba los ojos con mis manos) cuando tuvieron que interrumpirme.
¡Cris, Cris! ¡Tienes que venir, es urgente!
¡Arg, Sel, déjame en paz!
¡No, Cris, en serio! ¡Han matado a unos campistas!
¡¿Qué?!
¡Lo que oyes! Y Jared está que trina…
¿Y Nataly? ¡Si ella estaba vigilando!
Ella está bien. Era una trampa. La distrajeron tres vampiros mientras que otros se encargaban de cometer el asesinato.
¿Qué me dices? Es increíble.
¡Ven, te necesitamos! ¡Aún están aquí!
Pero no puedo ir ahora… Estoy en el cine.
¡CRISTINA POYNTER! ¡MUEVE TU CULO AQUÍ AHORA MISMO O ME ENCARGARÉ PERSONALMENTE DE QUE NO VUELVAS A MOVERLO NUNCA MÁS!
Iré cuando acabe la película. No le queda mucho.
¡PERO CRIS…!
¡Qué no!
Egoísta asquerosa.
Eso no me lo dices cuándo yo sea tu alfa.
¡Claro que no, por eso te lo digo ahora…! Está bien, haz lo que quieras, pero no me gustaría ser tú cuando Jared me pille…
No le tengo miedo.
¿Cómo que habían matado a unos campistas? ¿En mi bosque? Joder… No quería pensar en lo que eso supondría para mí. “Unos campistas son asesinados mientras el alfa está por ahí, de fiesta…” ¡Qué bien!
Eso me había amargado la tarde y ya no pude concentrarme en la película.
Cuando acabó, lo agradecí.
-¿Quieres comer algo?-preguntó Justin.
En otro momento mi respuesta hubiera sido afirmativa, pero hoy no era el caso.
-No Jus, lo siento. Estoy cansada.
-Sin problemas, volvamos pues a casa.
Mientras duraba el viaje en coche de regreso, no paraba de mirar por la ventana,  nerviosa.
Se me iba a caer el pelo por no estar dónde me correspondía cuando debía.
Justin me notó rara, así que empezó a cantar Fall por lo bajini.
-Estás cantando mi canción-le dije, mirándole.
Él asintió, sonriendo.
Cuando me dejó en casa, le besé de nuevo en la mejilla y él me dijo, de nuevo, que no me acostara tarde.
Se fue y yo corrí hacia el bosque.
Tiré mi ropa al suelo, me transformé y corrí hacia el lugar de los hechos, guiándome por el olor de mis compañeros.
Cuando llegué, el panorama no era muy alentador.
Una pareja de unos treinta años estaba tirada en el suelo, sus ojos miraban al cielo sin ver y tenían el cuello perforado por dos pequeños orificios, que reconocí como marcas de colmillo.
Cuando me uní a mis amigos, Jared me empujó con fuerza.
¡¿Sabes qué es esto?! ¡¿Eh?!
Claro que lo sé. Es un asesinato.
¡¿Y de quién es la culpa?! ¡¿Quién no estaba en su puesto cuándo tenía que estarlo?!
¡Estaba Nataly!
¡Nataly no es el alfa de esta manada! ¡Lo eres tú y tu deber es estar aquí, esté otro lobo haciendo guardia o no!
¡Aún no lo soy y, además, tengo derecho a tener una vida!
¡No tienes derecho a ello cuándo hay vampiros cerca! ¿Ves, ves lo que pasa? ¡Esas personas han muerto por tu egoísmo!
¡Yo no soy egoísta!
¿No? ¿Dónde estabas en vez de estar aquí? ¡¿Dónde estabas?!
Con Justin.
¡Con el humano, claro!
¡Ese humano es tu amigo, Jared! ¡Es el amigo de todos! ¿Qué importancia tiene que pase tiempo con él?
¡No es de los nuestros! ¡Por mucho que hiciera el antepasado de tu familia por la suya, eso quedó atrás!
¡No voy a tolerar que me hables así! ¡Si ha sido por mi culpa, pues bien, yo cargaré con el peso de esas muertes en mi conciencia!
Nos quedamos en silencio durante unos minutos, mirándonos los unos a los otros.
Mañana, ha dicho tu padre, cuando sepamos quién será al final tu prometido, te nombrará el alfa oficialmente.
Ah.
Y, entonces, se te acabará el ir con tu amigo Justin por ahí. Esta fue tu última salida con él. No volverás a repetirla, nunca, jamás.

¡Bueno, gente! Pues aquí el capítulo 2. Gracias por leer. Una cosilla, ¿me ayudaríais a promocionar la novela para que le lea más gente? (: Vamos, si queréis, si no queréis, pues me enfado y lloro (?)
Y desde aquí quería decirle a Avalanna que sea fuerte y que todas estamos con ella #PrayforAvalanna