jueves, 21 de junio de 2012

Prólogo + Capítulo 1


PRÓLOGO
¿Qué hacer cuando tu amor está totalmente prohibido?
Yo le amaba, pero…
Él estaba destinado a huir.
Yo a cazarle.
¿Hay alguna manera de cambiar el destino?
CAPÍTULO 1
Era una noche clara, sin nubes que enturbiaran el cielo. La luna, con su blanquecina y deliciosa luz, lo iluminaba todo.
Sonreí.
Aquello iba a ser muy divertido.
Un búho ululó asustado cuando pasé corriendo y agité el árbol donde se hallaba posado.
No me importaba que me oyera, aún cuando estaba tratando de ser sigilosa.
Me movía veloz, aunque no tenía ninguna prisa, él estaba justo donde yo quería.
Oí un crujido, como unas ramas al romperse.
Sí, desde luego, estaba muy cerca.
Sorteé una enorme roca que había en medio del camino.
Reí para mis adentros, pues todo era demasiado fácil.
Si aquel bosque quería impedirme que le atrapara tendría que elegir mejor los obstáculos que me imponía.
No era difícil perderse en aquel laberinto de árboles, piedras y líquenes, más yo sabía moverme por él perfectamente.
Levanté la cabeza y miré al cielo justo en el mismo instante en el que cayó una estrella fugaz.
Desde luego, la noche es para nosotros”, pensé.
Paré un momento y olisqué el aire.
Se había desviado.
No pude evitar sonreír, era muy listo.
Trataba de llevarme hasta lo más alto de la montaña para tratar de despeñarme después.
Lástima que yo me conociera tan bien aquel terreno.
Comencé a seguirle de nuevo.
No estaba muy lejos y podía sentir su nerviosismo al ver frustrado su plan.
Volví a pararme, reflexionando.
Se dirigía hacia el río.
Corrí tras él, pobre iluso, creía que escaparía por el río.
 De hecho, creía que tenía oportunidad de escapar de mí.
Esbocé una gran sonrisa.
Aquello era imposible.
Oí el rumor del agua mucho antes de verla.
Sí, no había duda, había pasado por allí.
Sin pensármelo dos veces, salté de cabeza y nadé hacia la otra orilla.
Una vez allí me sacudí el agua del pelaje fieramente, pues odiaba tener el pelaje empapado y seguí corriendo.
Podría seguir esa persecución durante toda la eternidad y no cansarme nunca.
Salté sin esfuerzo una enorme rama, la cual se confundía con los líquenes que la envolvían.
Le oí jadear.
Se estaba cansando.
Le había sorprendido antes de que pudiera alimentarse y estaba muy debilitado.
Ese hecho hacía que perdiera su gracia, pero nunca evitaba un trabajo. Sobre todo si se trataba de este, de cazar vampiros.
Pude sentir que ya había perdido toda esperanza, bien, ya se daba cuenta.
Y, al fin, le atrapé.
No había ninguna duda, era él.
Se dio la vuelta y pude ver el miedo reflejado en sus ojos dilatados por el hambre, él lo sabía al igual que yo, no podría vencerme en una pelea.
Cuando embestí contra él gritó pidiendo que le dejara ir, mas la montaña hizo eco de sus gritos, que fueron transportados por el viento y oídos por los suyos, los demás vampiros.
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-Algún día tendrás que contarme qué haces en esas salidas tuyas…
-Sigue soñando, Justin.
-Jo.
Estábamos en el jardín delantero del instituto Red Shadow, sentados bajo la sombra de un árbol.
Yo tenía la espalda apoyada en el tronco y tenía las piernas cruzadas, Justin estaba tumbado y tenía la cabeza sobre mis piernas.
-Pero si yo no hago nada, ya te lo he dicho. Ando por el bosque…-dije.
-Pues algo tendrás que hacer, porque para pasarte la vida ahí…
-Me gusta el bosque.
No podía contarle la verdad. ¿Cómo contarle a él, mi mejor amigo, que mi familia, las familias de nuestros amigos, nuestros amigos y yo misma éramos licántropos que nos dedicábamos a matar a todo aquel vampiro que osara entrar en nuestros dominios? No se lo podía contar, porque no me creería y, además, estaba prohibido.
-Una cosa es que te guste y otra que te obsesiones.
-Cuéntamelo otra vez-dije, cambiando de tema-¿Desde cuándo son amigas nuestras familias?
-¡Pero si ya lo sabes! Tres generaciones, más o menos…
Era cierto.
Mi tataratataratatara abuelo salvó al de Justin de un vampiro y, desde entonces, su familia guarda nuestro secreto, trasmitido de generación en generación. Su familia era la única familia humana que conocía nuestra existencia.
Justin aún no lo sabía, aunque ya tenía 18 años, edad en la que solían decírselo en su familia, mas sus padres había decidido esperar por alguna razón que yo desconocía.
Bueno, quizá quisieran protegerle.
Si Justin supiera que existimos querría ser uno de los nuestros, normal, ¿quién no querría transformarse en un lobo a placer y disfrutar de todas las ventajas que eso ofrecía? Aunque eso nos pondría en un compromiso, ya que nosotros sólo tenemos tres reglas:
1. Los humanos no pueden saber de nuestra existencia.
2. No se puede transformar a ningún humano.
3. Está totalmente prohibido socializar, trabar amistad o enamorarse de un vampiro.
El castigo por incumplir cualquier regla era la muerte, pero al ser mi antepasado el jefe se hizo una excepción en el caso que mencioné antes.
-Eres una mala influencia-le dije-Ahora mismo deberíamos estar en clase del señor Hilton.
-¿Yo? ¡Pero si fuiste tú quién sugirió que nos la saltáramos!
-Ah, cierto…
En ese momento, sonó el timbre.
Justin se levantó de un salto y me tendió una mano para ayudarme.
Sonreí, la acepté y me levanté.
Nos echamos la mochila a la espalda, cogí mi archivador y pusimos rumbo a la clase de lengua española con la señora Mateo.
Por los pasillos, atestados de gente, nos encontramos con Selena, mi mejor amiga y Ryan, mejor amigo de Justin, ambos licántropos.
Sel, aunque un año menor que nosotros, era tan inteligente que la habían adelantado un curso e iba a la misma clase que Ryan. Teníamos la tapadera de que era mi prima pero, en realidad, hará cosa de unos años, la encontramos vagando sola por el bosque en su aspecto lobuno.
Creemos que unos vampiros mataron a sus padres, pero ella no recuerda nada.
Ryan era el hijo de una de las tres familias de licántropos que vivíamos en el pueblo.
-¿De dónde venís?-preguntó él, muy curioso.
-De fugarnos de clase del señor Hilton-dije.
-Nosotros vamos allí ahora-dijo Sel- Nos vemos a la hora de comer.
-¡Guardadnos la mesa de siempre!-exclamé.
Justin y yo entramos en la clase.
Me deslicé hacia un pupitre de la primera fila y él se sentó al final, como siempre.
No había acabado de sentarme cuando la profesora entró en el aula y cerró la puerta tras ella.
Aburrida, abrí los libros y pasé las páginas con ritmo monótono.
Cuando la profesora nos empezó a contar sobre el atributo y garabateó en la pizarra, me giré y miré a Justin.
Él me estaba mirando a mí y, cuando nuestras miradas se encontraron, me sonrió.
Entonces, la señora Mateo me tocó el hombro.
Me giré para mirarla y vi que me tendía una tiza.
-Te toca analizar esta frase, maja.
Me levanté y casi me caí al ver la frase que tenía que analizar.
¡Ocupaba tres pizarras! Maldita fuera mi vida.
Al acabar la frase, Justin se me acercó mientras lo metía todo en la mochila.
-No deberías mirar para atrás en clase-dijo-Luego podrías enfrentarte a frases intraducibles.
-Lo tendré en cuenta para la próxima vez. Anda, vamos a comer.
Nos dirigimos hacia la cafetería, entramos y nos dirigimos hacia “nuestra” mesa, donde Chaz estaba sentado, con una bandeja de comida enfrente, jugueteando con el móvil.
-¿Cuándo dejarás el vicio?-pregunté, dejando mis cosas bajo la mesa.
-Hoy, mañana… Puede que nunca.
Él también era un licántropo, hijo de la otra familia restante. Tenía un hermano, bastante más mayor que él, llamado Jared.
En mi opinión, Jared estaba… Para comérselo, en el más estricto sentido de la palabra.
A veces, Justin me daba lástima. ¡Si supiera de quién estaba rodeado…!
Nos reunimos con Sel y Ryan en la fila, compramos la comida y nos sentamos todos en la mesa.
Los cuarenta minutos de descanso se nos hicieron cortos y, antes de darnos cuenta, ya estábamos en clase del señor Hilton. Los miércoles teníamos dos horas de su maldita clase.
Justin y yo nos sentamos en los mismos sitios que en la clase anterior y, como me aburría, me giraba para mirar a Justin y hacíamos el tonto hasta que el señor Hilton se hartó de nosotros.
-Señor Bieber, ¿sería tan amable de decirme qué es lo que yo estaba diciendo?-dijo, taladrando al pobre de mi amigo con la mirada.
-Ni idea. Lo único que sé es que tengo swag-dijo él, en un arranque de sinceridad.
Se oyeron risas.
-Y usted, señorita Poynter, ¿podría decírmelo?
-Yo tampoco tengo ni idea, pero también tengo swag-dije.
Más risas.
-Salid inmediatamente de mi clase ahora mismo, los dos.
En silencio, recogimos nuestras cosas y salimos de nuevo al jardín, colocándonos en el mismo sitio y misma posición que antes bajo el árbol.
-Jo, qué mal. No va el imbécil y nos echa…-dije.
-Ni siquiera sé por qué damos esa clase… ¡Si el latín está muerto!
-Como el pelo del señor Hilton.
Justin se rió mucho con eso, dado que el señor Hilton era calvo.
Cuando acabó la clase, volvimos dentro en busca de la clase de inglés cuando Jenn nos interceptó.
-Toma, Justin-dijo, tendiéndole un papel-Te he apuntado los deberes.
-Ah, gracias, esto…
-Jenn-dijo ella, ruborizándose.
-Jenn.
Acto seguido, más roja que un tomate, se fue.
-Podría habérmelos twitteado en vez de gastar una hoja de papel…-dijo.
-Justin, no lo entiendes. Si ella hubiera hecho eso no te hubiera visto en persona, que es lo que quería. Le gustas desde primero, llevamos en la misma clase desde entonces y tú no eres capaz ni de recordar su nombre…
-Verás como la próxima vez no se me olvida, Cris.
Puse los ojos en blanco.
-Eso me dijiste las dos últimas veces-le repliqué.
-Bueno… Esta vez será verdad.
Echó un vistazo al papel.
-¡Oh, joder!-Exclamó-¡Maldito hijo de…!
-¿Qué pasa?
-Ha mandado un par de ejercicios largos y, expresamente a ti y a mí, una traducción de dos hojas… “Sin diccionario” ¿Cómo quieres que lo hagamos sin él? ¡Payaso!
-Supongo que supone que ya lo sabemos.
-¿Qué vamos a saber nosotros de esa mierda de lengua muerta? Por algo ya no se habla, ¿no?
Reí.
-¿Quedamos esta tarde?-preguntó.
-Por esta tarde supongo que entendemos al acabar el instituto, osea, dentro de unas dos horas…
-Claro.
-Vale, siempre y cuando me des de merendar.-dije.
-Llevo dándote de merendar en mi casa desde que pude andar solito para ir a la cocina que fue… ¿A los dos años, quizá? No voy a dejar de hacerlo ahora, dieciséis años después.
Cuando sonó el timbre que anunciaba nuestra libertad, recogí mis cosas a toda prisa, nos despedimos de nuestros amigos y nos encaminamos hacia su casa, atravesando el camino a través del bosque que nos llevaba hasta ella.
Entramos y fui corriendo a saludar a Pattie, su madre, con un beso en la mejilla.
Ella y Jeremy, su padre, estaban separados desde que Justin nació y este a veces venía a casa para ver a Justin, pero hoy no era una de esas veces.
Después de conversar un rato con ella, subimos a su cuarto.
-No entiendo, de verdad, tu obsesión por Chuck Norris…-dije, mirando todos los pósters y fotos que tenía de él.
-Ni yo tu obsesión por el bosque y no me quejo.
-Sí que lo haces.
-¡Bah!
Nos sentamos ambos en su escritorio y comenzamos a hacer los deberes.
-¿Qué haces?-dijo, cuando vio que abría el diccionario de latín.
-Pues voy a usarlo, obviamente. A mí lo que me diga ese tío me entra por un oído y me sale por otro. Si yo necesito el diccionario, lo uso.
-¿Me dices los significados?
-No, búscalos tú.
-Es que me aburre…
-Bueno, vale…
Cuando ya llevábamos más de la mitad hecha, fue en busca de la merienda.
Yo me quedé mirando una frase sin sentido, pensando cómo leches traducirla.
Cris, tienes que venir.
Oí perfectamente la voz de Sel en mi cabeza, como si ella hubiera estado a mi lado y me lo hubiera susurrado al oído.
¿Qué pasa? Joder, estoy con Justin…-dije o más bien, pensé.
Sel estaba en forma lobuna. Lo sabía porque era la única manera de comunicarse telepáticamente con uno de los nuestros en forma humana. Cuando todos somos lobos podemos hablar entre nosotros y ver los pensamientos de los demás, por lo que se tenía que tener cuidado con lo que se pensaba… O bien, si querías decirle a alguno de la manada algo mientras está en su forma humana, puedes hacerlo siempre y cuando estés transformado en lobo.
Lamento estropear tu cita, pero es que te necesitamos aquí.
No es una cita, solo estamos haciendo los deberes.- Repliqué.
Me da igual. Tienes que venir aquí AHORA.
Vale, vale, ya lo he pillado… ¿Y qué le digo? Cada día le digo una excusa distinta… Al final, acabará por no creerme.
No importa, no queda tanto para que sus padres le cuenten la verdad y, entonces, te librarás de mentirle.
Me siento tan mal por hacerle eso a él…
Es por su bien, Cris. Con mentirle, le estás protegiendo.
Suspiré.
Tienes razón, ahora voy.
Bien.
Me levanté y bajé las escaleras, donde me encontré a Justin.
-¡Eh, pero…! ¿Adónde vas? ¡Si no hemos terminado!
-Jus, lo siento, tengo mucha prisa. Ryan se fue a hacer fotos al bosque y no contesta a ninguna llamada.
-Pues voy contigo.
-Oh, no. Alguien tiene que encargarse de acabar los deberes y, lo más seguro es que se haya puesto a perseguir una mariposa y haya acabado en la otra punta del bosque…
-Jo, vale, está bien.
-No puedo llevarme la mochila y los libros. ¿Me los llevas tú mañana?
-Sabes que sí, pero…
-Aw, gracias. Te quiero, ¿vale?-dije, dándole un beso en la mejilla y corriendo hacia la puerta.
-Tú solo me quieres cuando te interesa.
-Pues si ya lo sabes, ¿de qué te quejas? Anda, tonto… Bueno, ¡adiós, Pattie!
-¡Adiós, hija!
Abrí la puerta, salí y la cerré tras de mí.
Anda que menuda excusa más tonta me había inventado… Desde luego, no era de las mejores que había dicho.
Corrí hacia el bosque y, cuando consideré que me había alejado lo suficiente de la casa de Justin, me deshice de mi ropa, la escondí en un árbol y me transformé.
Era una sensación muy excitante, sentir cómo tus músculos cambiaban y te salen apéndices que antes no tenías.
Eché a correr.
Ponedme al día.-dije.
Son tres-dijo Ryan-Al parecer, dos machos y una hembra.
Bien. Contra más, mayor diversión.
Menudo pensamiento, Cris…
Ay, déjame, Sel.
Con lo lentas qué vais, chicas-dijo Ryan-Me da tiempo a acabar con los tres yo solo.
Sí, claro Ryan… Si tú lo único que has cazado de utilidad ha sido una ardilla….-dije.
Uhhhhhhhhh, lo que te ha dicho-dijo Chaz.
La ardilla la cacé la primera vez que me transformé. Y tú misma dijiste que estuve bastante bien.
Pues debí de mentir como una bellaca.
¡Chicos, chicos! ¡Basta! Centrémonos en lo que tenemos que hacer-dijo la voz de Jared en nuestras mentes.
A mí me fastidiaba que Jared tomara el mando.
Vale que fuera el más mayor, pero eso no le daba derecho a mandarme a mí, futura jefa de la manada en cuanto mi padre lo hiciera oficial.
¡Por algo era la mejor cazando!
Ya sé que tú serás el alfa-dijo Jared-Sólo pretendía que os centrarais
¡Maldición! Esto de que todos pudieran ver tus pensamientos era un rollo.
Vale, ya estamos centrados-dijo Ryan.
¡La chica está cerca de mí! Puedo olerla-dije yo.
Bien, encárgate tú de ella.-dijo Jared.
¡Aquí están los dos! ¡Los he encontrado!-dijo entonces Ryan.
¡No, Ryan! ¡No te enfrentes a los dos tú solo!
Pero Ryan no me escuchó, estaba demasiado ocupado pensando en la táctica que iba a utilizar.
Tranquila, ya vamos nosotros tras él-dijo Chaz.
Vale.
No tuve que correr mucho más para alcanzarla.
Cuando me oyó, se giró y me taladró con sus fríos ojos azules.
Los vampiros más mayores conservaban el color de sus ojos antes de ser convertidos.
Una rubia despampanante se alzaba ante mí, bufándome e incitándome a que me lanzara contra ella.
Así lo hice, mas ella me golpeó con tanta fuerza que me lanzó contra un árbol y lo partió por la mitad.
Cris, Cris, ¿qué pasa? ¿Qué ha sido eso?-preguntó Jared.
Nada, nada…-dije, levantándome como pude del suelo-Estoy bien.
Voy para allá.
No hace falta, me apaño yo sola.
Me da lo mismo.
Me lancé de nuevo contra la rubia y las dos rodamos por el suelo.
Ella esquivaba ágilmente mis dentelladas.
Desde luego, esta chica no era una cualquiera.
¡Pero eso sólo lo hacía aún más divertido!
Entonces, cuando Jared, un imponente lobo de al menos dos metros sino más, con su pelaje castaño oscuro apareció, saltando de entre los árboles, a mi lado, ella nos miró a los dos, dio media vuelta y echó a correr.
Nosotros la perseguimos hasta que se fue de nuestro territorio.
Jared y yo nos quedamos en el límite del bosque, viéndola huir.
Él, como era costumbre, apoyó la cabeza sobre la mía.
Y, como también era costumbre, me mordió una oreja.
Yo me revolví y le bufé.
Sabes que me fastidia que hagas eso-le dije.
Lo sé y por eso lo hago. Además, te lo mereces, por haberla dejado escapar.
¿Yo? Lo tenía todo controlado hasta que tú apareciste.
Oh, sí, ya lo vi…
Aunque yo era más pequeña que él, me lancé sobre él y los empezamos a rodar por el suelo, jugando.
Chicos, quizá tendríais que venir aquí-dijo Sel-Tenemos problemas.
Nos levantamos y corrimos hacia allá lo más rápido que pudimos.
Ryan, en su forma humana y vestido únicamente con vaqueros, estaba en el suelo, sujetándose un brazo.
Sel y Chaz estaban a su lado, vestidos también.
Nosotros aparecidos en nuestra forma lobuna y no era plan quedarse desnudos allí, así que nos comunicamos telepáticamente.
¿Qué ha pasado?
-Que Ryan se ha hecho el machote y, en vez de esperarnos, atacó a los dos vampiros él solo-dijo Chaz.
¡Ryan! Serás payaso…
-¡Eh! Hice lo que tenía que hacer.-dijo este, defendiéndose.
Ya, claro… A ver qué vas a decir. Bueno, el mal ya está hecho y ya da igual. ¿Qué te ha pasado en el brazo?
-Se lo han partido por cuatro lados.
-¡Ala, Chaz, exagerado! Sólo tengo rotos el cúbito y el radio…
Por suerte, nosotros nos curamos rápido. Pero una rotura así, tardará al menos un día.
Sino más-añadió Jared.
Cierto. Así que me vestiré y te acompañaré al hospital.
-¿Y por qué tú? Yo también puedo hacerlo.
La pequeña Sel, siempre dispuesta a hacernos la vida más fácil a todos.
Porque le dije a Justin que Ryan se había perdido en el bosque y si soy quién le lleva, pues tendremos al médico que corroborará mi historia.
-Ah, bueno.
Dadme un momento.
Volví al árbol donde había guardado mi ropa, me transforme, me vestí y volví.
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-Y, ¿cómo dices que te hiciste eso, Ryan?
-Ya te lo he dicho, Justin. Estaba subido a un árbol, sacándole una foto a una ardilla, cuando me caí de la rama.
Justin se rió.
-Sólo a ti se te ocurre hacer eso, loco.
-Pues si llegas a ver en qué posición más ridícula le encontré…-dije-Algo como así-dije, imitando a un gato atropellado.
Todos reímos.
Estábamos en la cafetería del instituto, un día después de lo sucedido ayer.
Cuando Justin me entregó mis cosas de latín, me sorprendí al ver que la traducción y el resto de los deberes que no me había dado tiempo a acabar estaban hechos.
-Espero que no se fije mucho en la letra-me dijo-He intentado copiar la tuya lo mejor posible, pero aún así…
-Joer, muchas gracias, Jus.
Cuando le entregamos la redacción al señor Hilton, este nos cogió las hojas con mala leche.
-Y espero que esto os haya enseñado a prestar más atención en clase.
-Claro, señor-dijimos, mintiéndole a más no poder.
Parecía que no tocaría nunca, pero al final, el timbre que anunciaba que las clases se acababan ese día, sonó.
-¿Qué haces esta tarde?-le pregunté a Justin.
-Hoy voy a tocar en “The Hole”, como cada jueves.
-¡Ah, cierto! Siempre se me olvida…
Justin solía ir a tocar a ese bar.
Era la estrella.
Allí, el bar con él hacía su agosto. Si no fuera por Justin, el bar habría cerrado hace mucho. Venía incluso gente de otros pueblos a verle.
-¿Crees que podrás venir a verme?
-Pues…
La verdad, es que hoy me tocaba a mí hacer la ronda nocturna.
Cada día nos tocaba a uno y habíamos decidido aumentar las rondas por la cantidad de vampiros que entraban en nuestro bosque últimamente.
Pero a lo mejor se lo pedía como favor a Sel, quizá pudiera ir…
-Venga, por favor. Hace mucho que no vienes a verme.
Era cierto.
Mis obligaciones como licántropo no me habían permitido ir a verle tanto como a mí me gustaría.
-Vale, iré.
-¡Gracias! Entonces te veré allí.
-¡Adiós!
Él se fue por otro camino distinto y yo esperé a que Sel saliera.
-Has tardado mucho-la recriminé cuando salió-Me he quedado yo sola aquí fuera.
-Joe, ¿y qué quieres? La bruja de la señora Mateo habla, habla y habla y nunca se calla…
-A mí me lo vas a decir.
Echamos a andar hacia casa.
-Oye, necesito pedirte un favor…-dije.
-Dime.
-¿Podrías hacer tú la ronda por mí? Es que verás, Justin toca hoy y a mí me gustaría verle…
Ella se lo pensó un rato.
-Vale, lo haré.
-¡Muchas gracias!-dije, abrazándola.-De verdad, eres mi ídola.
-Anda, mentirosa.
-Que no, que es verdad…
Se rió.
-Sé que Justin es tu amigo, pero…-dijo.
-Y el tuyo también.
-Cierto, pero… Jo, Cris, no es de los nuestros.
-Ya lo sé. ¿Qué quieres decir con eso?
-Cris, todos vemos tus pensamientos… Creo que te olvidas de algo muy importante. Te vas a tener que casar con Ryan, Chaz o Jared. No hay más. No hay opción para él.
Le di una patada a una lata de Fanta tirada en el suelo.
Era cierto.
Era una especie de tradición.
Como mi familia era el alfa, daba igual que fuera macho o hembra, se tenía que casar con uno de las otras dos familias, para así hacerle el segundo al mando. ¿Cómo se elegía? Si el alfa era macho, tenía libre la elección. Podía elegir a quién quisiera, pero si el alfa era hembra, como era mi caso, o bien los padres acordaban mi compromiso o bien los chicos se batían en duelo por mí.
Era un asco, pensar que, en la sociedad en la que vivíamos, tan avanzada, se siguieran dando estas cosas.
Tendría que casarme a los dieciocho con alguno de mis tres amigos, que eran como mis hermanos. Y no había otra opción.
-Pero no te enfades, Cris…
-No me enfado. Estoy bien. Justin es solo mi amigo, ¿vale? Dejémoslo ahí.
Sel fue a decir algo, pero se lo pensó mejor y no lo dijo.
Supongo que iba a decir que yo podía decir lo que quisiera, pero que mis pensamientos, en los cuales se veía a Justin y a mí, decían lo contrario a mis palabras.
Pero, como yo ya sabía, no podía cambiar mi destino.

¡Bueno, aquí otra novela mía! ¿Cuántas van ya? ... Ni idea, solo sé que tengo swag (?) Jajaja Frase verídica que dije en clase. Lamento la manía que tengo de vampirizarlo todo, ¡pero es que me gustan los vampiros! Espero que esta novela os guste. Gracias por leer :3

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