PRÓLOGO
¿Qué hacer
cuando tu amor está totalmente prohibido?
Yo le
amaba, pero…
Él estaba
destinado a huir.
Yo a
cazarle.
¿Hay alguna
manera de cambiar el destino?
CAPÍTULO
1
Era una
noche clara, sin nubes que enturbiaran el cielo. La luna, con su blanquecina y
deliciosa luz, lo iluminaba todo.
Sonreí.
Aquello iba
a ser muy divertido.
Un búho
ululó asustado cuando pasé corriendo y agité el árbol donde se hallaba posado.
No me
importaba que me oyera, aún cuando estaba tratando de ser sigilosa.
Me movía
veloz, aunque no tenía ninguna prisa, él estaba justo donde yo quería.
Oí un
crujido, como unas ramas al romperse.
Sí, desde
luego, estaba muy cerca.
Sorteé una
enorme roca que había en medio del camino.
Reí para
mis adentros, pues todo era demasiado fácil.
Si aquel
bosque quería impedirme que le atrapara tendría que elegir mejor los obstáculos
que me imponía.
No era
difícil perderse en aquel laberinto de árboles, piedras y líquenes, más yo sabía
moverme por él perfectamente.
Levanté la
cabeza y miré al cielo justo en el mismo instante en el que cayó una estrella
fugaz.
“Desde luego, la noche es para nosotros”,
pensé.
Paré un
momento y olisqué el aire.
Se había
desviado.
No pude
evitar sonreír, era muy listo.
Trataba de
llevarme hasta lo más alto de la montaña para tratar de despeñarme después.
Lástima que
yo me conociera tan bien aquel terreno.
Comencé a
seguirle de nuevo.
No estaba
muy lejos y podía sentir su nerviosismo al ver frustrado su plan.
Volví a
pararme, reflexionando.
Se dirigía
hacia el río.
Corrí tras
él, pobre iluso, creía que escaparía por el río.
De hecho, creía que tenía oportunidad de
escapar de mí.
Esbocé una
gran sonrisa.
Aquello era
imposible.
Oí el rumor
del agua mucho antes de verla.
Sí, no
había duda, había pasado por allí.
Sin pensármelo
dos veces, salté de cabeza y nadé hacia la otra orilla.
Una vez
allí me sacudí el agua del pelaje fieramente, pues odiaba tener el pelaje
empapado y seguí corriendo.
Podría
seguir esa persecución durante toda la eternidad y no cansarme nunca.
Salté sin
esfuerzo una enorme rama, la cual se confundía con los líquenes que la
envolvían.
Le oí
jadear.
Se estaba
cansando.
Le había
sorprendido antes de que pudiera alimentarse y estaba muy debilitado.
Ese hecho
hacía que perdiera su gracia, pero nunca evitaba un trabajo. Sobre todo si se
trataba de este, de cazar vampiros.
Pude sentir
que ya había perdido toda esperanza, bien, ya se daba cuenta.
Y, al fin,
le atrapé.
No había
ninguna duda, era él.
Se dio la
vuelta y pude ver el miedo reflejado en sus ojos dilatados por el hambre, él lo
sabía al igual que yo, no podría vencerme en una pelea.
Cuando
embestí contra él gritó pidiendo que le dejara ir, mas la montaña hizo eco de
sus gritos, que fueron transportados por el viento y oídos por los suyos, los
demás vampiros.
****************************
-Algún día
tendrás que contarme qué haces en esas salidas tuyas…
-Sigue
soñando, Justin.
-Jo.
Estábamos
en el jardín delantero del instituto Red Shadow, sentados bajo la sombra de un
árbol.
Yo tenía la
espalda apoyada en el tronco y tenía las piernas cruzadas, Justin estaba
tumbado y tenía la cabeza sobre mis piernas.
-Pero si yo
no hago nada, ya te lo he dicho. Ando por el bosque…-dije.
-Pues algo
tendrás que hacer, porque para pasarte la vida ahí…
-Me gusta
el bosque.
No podía
contarle la verdad. ¿Cómo contarle a él, mi mejor amigo, que mi familia, las
familias de nuestros amigos, nuestros amigos y yo misma éramos licántropos que
nos dedicábamos a matar a todo aquel vampiro que osara entrar en nuestros
dominios? No se lo podía contar, porque no me creería y, además, estaba
prohibido.
-Una cosa
es que te guste y otra que te obsesiones.
-Cuéntamelo
otra vez-dije, cambiando de tema-¿Desde cuándo son amigas nuestras familias?
-¡Pero si
ya lo sabes! Tres generaciones, más o menos…
Era cierto.
Mi
tataratataratatara abuelo salvó al de Justin de un vampiro y, desde entonces,
su familia guarda nuestro secreto, trasmitido de generación en generación. Su
familia era la única familia humana que conocía nuestra existencia.
Justin aún
no lo sabía, aunque ya tenía 18 años, edad en la que solían decírselo en su
familia, mas sus padres había decidido esperar por alguna razón que yo
desconocía.
Bueno,
quizá quisieran protegerle.
Si Justin
supiera que existimos querría ser uno de los nuestros, normal, ¿quién no
querría transformarse en un lobo a placer y disfrutar de todas las ventajas que
eso ofrecía? Aunque eso nos pondría en un compromiso, ya que nosotros sólo
tenemos tres reglas:
1. Los
humanos no pueden saber de nuestra existencia.
2. No se
puede transformar a ningún humano.
3. Está
totalmente prohibido socializar, trabar amistad o enamorarse de un vampiro.
El castigo
por incumplir cualquier regla era la muerte, pero al ser mi antepasado el jefe
se hizo una excepción en el caso que mencioné antes.
-Eres una
mala influencia-le dije-Ahora mismo deberíamos estar en clase del señor Hilton.
-¿Yo? ¡Pero
si fuiste tú quién sugirió que nos la saltáramos!
-Ah,
cierto…
En ese
momento, sonó el timbre.
Justin se
levantó de un salto y me tendió una mano para ayudarme.
Sonreí, la
acepté y me levanté.
Nos echamos
la mochila a la espalda, cogí mi archivador y pusimos rumbo a la clase de
lengua española con la señora Mateo.
Por los
pasillos, atestados de gente, nos encontramos con Selena, mi mejor amiga y
Ryan, mejor amigo de Justin, ambos licántropos.
Sel, aunque
un año menor que nosotros, era tan inteligente que la habían adelantado un
curso e iba a la misma clase que Ryan. Teníamos la tapadera de que era mi prima
pero, en realidad, hará cosa de unos años, la encontramos vagando sola por el
bosque en su aspecto lobuno.
Creemos que
unos vampiros mataron a sus padres, pero ella no recuerda nada.
Ryan era el
hijo de una de las tres familias de licántropos que vivíamos en el pueblo.
-¿De dónde
venís?-preguntó él, muy curioso.
-De
fugarnos de clase del señor Hilton-dije.
-Nosotros
vamos allí ahora-dijo Sel- Nos vemos a la hora de comer.
-¡Guardadnos
la mesa de siempre!-exclamé.
Justin y yo
entramos en la clase.
Me deslicé
hacia un pupitre de la primera fila y él se sentó al final, como siempre.
No había
acabado de sentarme cuando la profesora entró en el aula y cerró la puerta tras
ella.
Aburrida,
abrí los libros y pasé las páginas con ritmo monótono.
Cuando la
profesora nos empezó a contar sobre el atributo y garabateó en la pizarra, me
giré y miré a Justin.
Él me
estaba mirando a mí y, cuando nuestras miradas se encontraron, me sonrió.
Entonces,
la señora Mateo me tocó el hombro.
Me giré
para mirarla y vi que me tendía una tiza.
-Te toca
analizar esta frase, maja.
Me levanté
y casi me caí al ver la frase que tenía que analizar.
¡Ocupaba
tres pizarras! Maldita fuera mi vida.
Al acabar
la frase, Justin se me acercó mientras lo metía todo en la mochila.
-No
deberías mirar para atrás en clase-dijo-Luego podrías enfrentarte a frases
intraducibles.
-Lo tendré
en cuenta para la próxima vez. Anda, vamos a comer.
Nos
dirigimos hacia la cafetería, entramos y nos dirigimos hacia “nuestra” mesa,
donde Chaz estaba sentado, con una bandeja de comida enfrente, jugueteando con
el móvil.
-¿Cuándo
dejarás el vicio?-pregunté, dejando mis cosas bajo la mesa.
-Hoy,
mañana… Puede que nunca.
Él también
era un licántropo, hijo de la otra familia restante. Tenía un hermano, bastante
más mayor que él, llamado Jared.
En mi
opinión, Jared estaba… Para comérselo, en el más estricto sentido de la
palabra.
A veces,
Justin me daba lástima. ¡Si supiera de quién estaba rodeado…!
Nos
reunimos con Sel y Ryan en la fila, compramos la comida y nos sentamos todos en
la mesa.
Los
cuarenta minutos de descanso se nos hicieron cortos y, antes de darnos cuenta,
ya estábamos en clase del señor Hilton. Los miércoles teníamos dos horas de su
maldita clase.
Justin y yo
nos sentamos en los mismos sitios que en la clase anterior y, como me aburría,
me giraba para mirar a Justin y hacíamos el tonto hasta que el señor Hilton se
hartó de nosotros.
-Señor
Bieber, ¿sería tan amable de decirme qué es lo que yo estaba diciendo?-dijo,
taladrando al pobre de mi amigo con la mirada.
-Ni idea.
Lo único que sé es que tengo swag-dijo él, en un arranque de sinceridad.
Se oyeron
risas.
-Y usted,
señorita Poynter, ¿podría decírmelo?
-Yo tampoco
tengo ni idea, pero también tengo swag-dije.
Más risas.
-Salid
inmediatamente de mi clase ahora mismo, los dos.
En
silencio, recogimos nuestras cosas y salimos de nuevo al jardín, colocándonos
en el mismo sitio y misma posición que antes bajo el árbol.
-Jo, qué
mal. No va el imbécil y nos echa…-dije.
-Ni
siquiera sé por qué damos esa clase… ¡Si el latín está muerto!
-Como el
pelo del señor Hilton.
Justin se
rió mucho con eso, dado que el señor Hilton era calvo.
Cuando
acabó la clase, volvimos dentro en busca de la clase de inglés cuando Jenn nos
interceptó.
-Toma,
Justin-dijo, tendiéndole un papel-Te he apuntado los deberes.
-Ah,
gracias, esto…
-Jenn-dijo
ella, ruborizándose.
-Jenn.
Acto
seguido, más roja que un tomate, se fue.
-Podría
habérmelos twitteado en vez de gastar una hoja de papel…-dijo.
-Justin, no
lo entiendes. Si ella hubiera hecho eso no te hubiera visto en persona, que es
lo que quería. Le gustas desde primero, llevamos en la misma clase desde
entonces y tú no eres capaz ni de recordar su nombre…
-Verás como
la próxima vez no se me olvida, Cris.
Puse los
ojos en blanco.
-Eso me
dijiste las dos últimas veces-le repliqué.
-Bueno…
Esta vez será verdad.
Echó un
vistazo al papel.
-¡Oh,
joder!-Exclamó-¡Maldito hijo de…!
-¿Qué pasa?
-Ha mandado
un par de ejercicios largos y, expresamente a ti y a mí, una traducción de dos
hojas… “Sin diccionario” ¿Cómo quieres que lo hagamos sin él? ¡Payaso!
-Supongo
que supone que ya lo sabemos.
-¿Qué vamos
a saber nosotros de esa mierda de lengua muerta? Por algo ya no se habla, ¿no?
Reí.
-¿Quedamos
esta tarde?-preguntó.
-Por esta
tarde supongo que entendemos al acabar el instituto, osea, dentro de unas dos
horas…
-Claro.
-Vale,
siempre y cuando me des de merendar.-dije.
-Llevo
dándote de merendar en mi casa desde que pude andar solito para ir a la cocina
que fue… ¿A los dos años, quizá? No voy a dejar de hacerlo ahora, dieciséis
años después.
Cuando sonó
el timbre que anunciaba nuestra libertad, recogí mis cosas a toda prisa, nos
despedimos de nuestros amigos y nos encaminamos hacia su casa, atravesando el
camino a través del bosque que nos llevaba hasta ella.
Entramos y
fui corriendo a saludar a Pattie, su madre, con un beso en la mejilla.
Ella y
Jeremy, su padre, estaban separados desde que Justin nació y este a veces venía
a casa para ver a Justin, pero hoy no era una de esas veces.
Después de
conversar un rato con ella, subimos a su cuarto.
-No
entiendo, de verdad, tu obsesión por Chuck Norris…-dije, mirando todos los
pósters y fotos que tenía de él.
-Ni yo tu
obsesión por el bosque y no me quejo.
-Sí que lo
haces.
-¡Bah!
Nos
sentamos ambos en su escritorio y comenzamos a hacer los deberes.
-¿Qué
haces?-dijo, cuando vio que abría el diccionario de latín.
-Pues voy a
usarlo, obviamente. A mí lo que me diga ese tío me entra por un oído y me sale
por otro. Si yo necesito el diccionario, lo uso.
-¿Me dices
los significados?
-No,
búscalos tú.
-Es que me
aburre…
-Bueno,
vale…
Cuando ya
llevábamos más de la mitad hecha, fue en busca de la merienda.
Yo me quedé
mirando una frase sin sentido, pensando cómo leches traducirla.
Cris, tienes que venir.
Oí
perfectamente la voz de Sel en mi cabeza, como si ella hubiera estado a mi lado
y me lo hubiera susurrado al oído.
¿Qué pasa? Joder, estoy con Justin…-dije o más bien, pensé.
Sel estaba
en forma lobuna. Lo sabía porque era la única manera de comunicarse
telepáticamente con uno de los nuestros en forma humana. Cuando todos somos
lobos podemos hablar entre nosotros y ver los pensamientos de los demás, por lo
que se tenía que tener cuidado con lo que se pensaba… O bien, si querías
decirle a alguno de la manada algo mientras está en su forma humana, puedes
hacerlo siempre y cuando estés transformado en lobo.
Lamento estropear tu cita, pero es
que te necesitamos aquí.
No es una cita, solo estamos
haciendo los deberes.-
Repliqué.
Me da igual. Tienes que venir aquí
AHORA.
Vale, vale, ya lo he pillado… ¿Y qué
le digo? Cada día le digo una excusa distinta… Al final, acabará por no
creerme.
No importa, no queda tanto para que
sus padres le cuenten la verdad y, entonces, te librarás de mentirle.
Me siento tan mal por hacerle eso a
él…
Es por su bien, Cris. Con mentirle,
le estás protegiendo.
Suspiré.
Tienes razón, ahora voy.
Bien.
Me levanté
y bajé las escaleras, donde me encontré a Justin.
-¡Eh,
pero…! ¿Adónde vas? ¡Si no hemos terminado!
-Jus, lo
siento, tengo mucha prisa. Ryan se fue a hacer fotos al bosque y no contesta a
ninguna llamada.
-Pues voy
contigo.
-Oh, no.
Alguien tiene que encargarse de acabar los deberes y, lo más seguro es que se
haya puesto a perseguir una mariposa y haya acabado en la otra punta del
bosque…
-Jo, vale, está
bien.
-No puedo
llevarme la mochila y los libros. ¿Me los llevas tú mañana?
-Sabes que
sí, pero…
-Aw,
gracias. Te quiero, ¿vale?-dije, dándole un beso en la mejilla y corriendo
hacia la puerta.
-Tú solo me
quieres cuando te interesa.
-Pues si ya
lo sabes, ¿de qué te quejas? Anda, tonto… Bueno, ¡adiós, Pattie!
-¡Adiós,
hija!
Abrí la
puerta, salí y la cerré tras de mí.
Anda que
menuda excusa más tonta me había inventado… Desde luego, no era de las mejores
que había dicho.
Corrí hacia
el bosque y, cuando consideré que me había alejado lo suficiente de la casa de
Justin, me deshice de mi ropa, la escondí en un árbol y me transformé.
Era una
sensación muy excitante, sentir cómo tus músculos cambiaban y te salen
apéndices que antes no tenías.
Eché a
correr.
Ponedme al día.-dije.
Son tres-dijo Ryan-Al parecer, dos machos y una hembra.
Bien. Contra más, mayor diversión.
Menudo pensamiento, Cris…
Ay, déjame, Sel.
Con lo lentas qué vais, chicas-dijo Ryan-Me da tiempo a acabar con los tres yo solo.
Sí, claro Ryan… Si tú lo único que
has cazado de utilidad ha sido una ardilla….-dije.
Uhhhhhhhhh, lo que te ha dicho-dijo Chaz.
La ardilla la cacé la primera vez
que me transformé. Y tú misma dijiste que estuve bastante bien.
Pues debí de mentir como una
bellaca.
¡Chicos, chicos! ¡Basta! Centrémonos
en lo que tenemos que hacer-dijo
la voz de Jared en nuestras mentes.
A mí me
fastidiaba que Jared tomara el mando.
Vale que
fuera el más mayor, pero eso no le daba derecho a mandarme a mí, futura jefa de
la manada en cuanto mi padre lo hiciera oficial.
¡Por algo
era la mejor cazando!
Ya sé que tú serás el alfa-dijo Jared-Sólo pretendía que os centrarais
¡Maldición! Esto de que todos pudieran ver tus
pensamientos era un rollo.
Vale, ya estamos centrados-dijo Ryan.
¡La chica está cerca de mí! Puedo
olerla-dije yo.
Bien, encárgate tú de ella.-dijo Jared.
¡Aquí están los dos! ¡Los he
encontrado!-dijo
entonces Ryan.
¡No, Ryan! ¡No te enfrentes a los
dos tú solo!
Pero Ryan
no me escuchó, estaba demasiado ocupado pensando en la táctica que iba a
utilizar.
Tranquila, ya vamos nosotros tras él-dijo Chaz.
Vale.
No tuve que
correr mucho más para alcanzarla.
Cuando me
oyó, se giró y me taladró con sus fríos ojos azules.
Los
vampiros más mayores conservaban el color de sus ojos antes de ser convertidos.
Una rubia
despampanante se alzaba ante mí, bufándome e incitándome a que me lanzara
contra ella.
Así lo
hice, mas ella me golpeó con tanta fuerza que me lanzó contra un árbol y lo
partió por la mitad.
Cris, Cris, ¿qué pasa? ¿Qué ha sido
eso?-preguntó
Jared.
Nada, nada…-dije, levantándome como pude del
suelo-Estoy bien.
Voy para allá.
No hace falta, me apaño yo sola.
Me da lo mismo.
Me lancé de
nuevo contra la rubia y las dos rodamos por el suelo.
Ella
esquivaba ágilmente mis dentelladas.
Desde luego,
esta chica no era una cualquiera.
¡Pero eso
sólo lo hacía aún más divertido!
Entonces,
cuando Jared, un imponente lobo de al menos dos metros sino más, con su pelaje
castaño oscuro apareció, saltando de entre los árboles, a mi lado, ella nos
miró a los dos, dio media vuelta y echó a correr.
Nosotros la
perseguimos hasta que se fue de nuestro territorio.
Jared y yo
nos quedamos en el límite del bosque, viéndola huir.
Él, como
era costumbre, apoyó la cabeza sobre la mía.
Y, como
también era costumbre, me mordió una oreja.
Yo me
revolví y le bufé.
Sabes que me fastidia que hagas eso-le dije.
Lo sé y por eso lo hago. Además, te
lo mereces, por haberla dejado escapar.
¿Yo? Lo tenía todo controlado hasta
que tú apareciste.
Oh, sí, ya lo vi…
Aunque yo
era más pequeña que él, me lancé sobre él y los empezamos a rodar por el suelo,
jugando.
Chicos, quizá tendríais que venir
aquí-dijo Sel-Tenemos problemas.
Nos
levantamos y corrimos hacia allá lo más rápido que pudimos.
Ryan, en su
forma humana y vestido únicamente con vaqueros, estaba en el suelo, sujetándose
un brazo.
Sel y Chaz
estaban a su lado, vestidos también.
Nosotros
aparecidos en nuestra forma lobuna y no era plan quedarse desnudos allí, así
que nos comunicamos telepáticamente.
¿Qué ha pasado?
-Que Ryan se ha hecho el machote y, en vez de
esperarnos, atacó a los dos vampiros él solo-dijo Chaz.
¡Ryan! Serás payaso…
-¡Eh! Hice lo que tenía que hacer.-dijo este,
defendiéndose.
Ya, claro… A ver qué vas a decir.
Bueno, el mal ya está hecho y ya da igual. ¿Qué te ha pasado en el brazo?
-Se lo han
partido por cuatro lados.
-¡Ala,
Chaz, exagerado! Sólo tengo rotos el cúbito y el radio…
Por suerte, nosotros nos curamos
rápido. Pero una rotura así, tardará al menos un día.
Sino más-añadió Jared.
Cierto. Así que me vestiré y te
acompañaré al hospital.
-¿Y por qué tú? Yo también puedo hacerlo.
La pequeña
Sel, siempre dispuesta a hacernos la vida más fácil a todos.
Porque le dije a Justin que Ryan se
había perdido en el bosque y si soy quién le lleva, pues tendremos al médico
que corroborará mi historia.
-Ah, bueno.
Dadme un momento.
Volví al
árbol donde había guardado mi ropa, me transforme, me vestí y volví.
*****************************************
-Y, ¿cómo
dices que te hiciste eso, Ryan?
-Ya te lo
he dicho, Justin. Estaba subido a un árbol, sacándole una foto a una ardilla,
cuando me caí de la rama.
Justin se
rió.
-Sólo a ti
se te ocurre hacer eso, loco.
-Pues si
llegas a ver en qué posición más ridícula le encontré…-dije-Algo como así-dije,
imitando a un gato atropellado.
Todos
reímos.
Estábamos
en la cafetería del instituto, un día después de lo sucedido ayer.
Cuando
Justin me entregó mis cosas de latín, me sorprendí al ver que la traducción y
el resto de los deberes que no me había dado tiempo a acabar estaban hechos.
-Espero que
no se fije mucho en la letra-me dijo-He intentado copiar la tuya lo mejor
posible, pero aún así…
-Joer,
muchas gracias, Jus.
Cuando le
entregamos la redacción al señor Hilton, este nos cogió las hojas con mala leche.
-Y espero
que esto os haya enseñado a prestar más atención en clase.
-Claro,
señor-dijimos, mintiéndole a más no poder.
Parecía que
no tocaría nunca, pero al final, el timbre que anunciaba que las clases se
acababan ese día, sonó.
-¿Qué haces
esta tarde?-le pregunté a Justin.
-Hoy voy a
tocar en “The Hole”, como cada jueves.
-¡Ah,
cierto! Siempre se me olvida…
Justin
solía ir a tocar a ese bar.
Era la
estrella.
Allí, el
bar con él hacía su agosto. Si no fuera por Justin, el bar habría cerrado hace
mucho. Venía incluso gente de otros pueblos a verle.
-¿Crees que
podrás venir a verme?
-Pues…
La verdad,
es que hoy me tocaba a mí hacer la ronda nocturna.
Cada día
nos tocaba a uno y habíamos decidido aumentar las rondas por la cantidad de vampiros
que entraban en nuestro bosque últimamente.
Pero a lo
mejor se lo pedía como favor a Sel, quizá pudiera ir…
-Venga, por
favor. Hace mucho que no vienes a verme.
Era cierto.
Mis
obligaciones como licántropo no me habían permitido ir a verle tanto como a mí
me gustaría.
-Vale, iré.
-¡Gracias!
Entonces te veré allí.
-¡Adiós!
Él se fue
por otro camino distinto y yo esperé a que Sel saliera.
-Has
tardado mucho-la recriminé cuando salió-Me he quedado yo sola aquí fuera.
-Joe, ¿y
qué quieres? La bruja de la señora Mateo habla, habla y habla y nunca se calla…
-A mí me lo
vas a decir.
Echamos a
andar hacia casa.
-Oye,
necesito pedirte un favor…-dije.
-Dime.
-¿Podrías hacer
tú la ronda por mí? Es que verás, Justin toca hoy y a mí me gustaría verle…
Ella se lo
pensó un rato.
-Vale, lo
haré.
-¡Muchas
gracias!-dije, abrazándola.-De verdad, eres mi ídola.
-Anda,
mentirosa.
-Que no,
que es verdad…
Se rió.
-Sé que
Justin es tu amigo, pero…-dijo.
-Y el tuyo
también.
-Cierto,
pero… Jo, Cris, no es de los nuestros.
-Ya lo sé.
¿Qué quieres decir con eso?
-Cris,
todos vemos tus pensamientos… Creo que te olvidas de algo muy importante. Te
vas a tener que casar con Ryan, Chaz o Jared. No hay más. No hay opción para
él.
Le di una
patada a una lata de Fanta tirada en el suelo.
Era cierto.
Era una
especie de tradición.
Como mi
familia era el alfa, daba igual que fuera macho o hembra, se tenía que casar
con uno de las otras dos familias, para así hacerle el segundo al mando. ¿Cómo
se elegía? Si el alfa era macho, tenía libre la elección. Podía elegir a quién
quisiera, pero si el alfa era hembra, como era mi caso, o bien los padres
acordaban mi compromiso o bien los chicos se batían en duelo por mí.
Era un
asco, pensar que, en la sociedad en la que vivíamos, tan avanzada, se siguieran
dando estas cosas.
Tendría que
casarme a los dieciocho con alguno de mis tres amigos, que eran como mis
hermanos. Y no había otra opción.
-Pero no te
enfades, Cris…
-No me
enfado. Estoy bien. Justin es solo mi amigo, ¿vale? Dejémoslo ahí.
Sel fue a
decir algo, pero se lo pensó mejor y no lo dijo.
Supongo que
iba a decir que yo podía decir lo que quisiera, pero que mis pensamientos, en
los cuales se veía a Justin y a mí, decían lo contrario a mis palabras.
Pero, como
yo ya sabía, no podía cambiar mi destino.
¡Bueno, aquí otra novela mía! ¿Cuántas van ya? ... Ni idea, solo sé que tengo swag (?) Jajaja Frase verídica que dije en clase. Lamento la manía que tengo de vampirizarlo todo, ¡pero es que me gustan los vampiros! Espero que esta novela os guste. Gracias por leer :3
Me encanta :)guau siguientee :)
ResponderEliminar