domingo, 29 de julio de 2012
Capítulo 7
Le dejé en casa y después volví a la mía.
Conté lo que había pasado en el bar.
-Definitivamente, Justin está en peligro-dije.
-No, Cris. Todos lo estamos.-dijo mi padre.
Su mirada me dijo lo que sus palabras no querían decir.
La culpa de todo esto era mía.
Yo maté al hermano de Kate. Yo hice esto. Yo he puesto a Justin en peligro.
Yo, yo, yo.
Todo yo.
Suspiré.
Yo había provocado esto. Pero lo arreglaría. ¿Cómo? Aún no lo sabía.
Subí a mi cuarto, me puse el pijama y me senté en el alféizar de la ventana, que estaba abierta, escuchando el cd que Justin me dio.
But hey now, don't know girl we both know what to do
But I will take my chances as long as you love me
We could be starving, we could be homeless, we could be broke
As long as you love me i'll be your platinum, i'll be your silver, i'll be your gold
Cuando me desperté por un sonido que me sobresaltó, me sorprendí al ver que había dormido en el suelo, bajo la ventana.
Me dolía todo el cuerpo por haber cogido la postura que cogí.
Me levanté, me estiré y miré por la ventana.
Una espesa niebla ocultaba el bosque y se colaba entre los árboles.
Miré el reloj que tenía encima de la mesilla de noche.
Las seis y media de la mañana.
Mi hora habitual de despertarme.
Decidí que allí en casa no podía estar por más tiempo, así que cambié el pijama por unas mayas negras, una sudadera y unas deportivas y salí a correr al bosque.
Me puse la capucha de forma que esta me tapara casi totalmente la cara.
Quizá así, si los cazadores me veían, no me reconocerían... Al momento.
Corrí, corrí y corrí, tratando de caer en la forma de solucionar esto.
Yo no quería que Justin se fuera.
Él era el único que me mantenía con vida en la sociedad en la que me había tocado vivir, era el que me hacía querer seguir levantándome por las mañanas, el que hacía que todo me fuera bien.
Hasta ahora.
Escuché como algo arrastrándose y me paré.
De nuevo, ahí estaba ese sonido.
Decidí que no tenía nada que perder por acercarme a ver qué sucedía y de dónde provenía dicho sonido, así que, siguiendo mi oído, lo busqué.
Y lo encontré.
Tirado en el suelo, grande, tan grande como Jared, estaba tirado un lobo de color caoba que respiraba con dificultad.
Corrí a su lado y le puse la cabeza sobre mis rodillas.
Era de los míos, sin duda. Lo que me extrañaba era que fuera solo. Bueno, a veces los lobos podían dejar su manada y hacer una vida solitaria, aunque estos casos eran raros de ver por no decir que eran casi imposibles en el caso de un alfa.
Le acaricié repetidas veces, mientras le miraba los ojos verdes que se iban apagando.
Vi que tenía varias disparos y supe que ya no había opción para él, que había llegado tarde.
Había sido envenenado por la plata.
En ese momento, oímos el sonido de un coche y varios gritos, seguidos de ladridos.
Los cazadores.
El lobo, haciendo un gran esfuerzo, levantó la cabeza y me golpeó con ella un par de veces, indicando que me fuera.
Asentí, pero quería saber qué pasaba con él, así que me subí al árbol más cercano justo en el mismo momento en el que Clar y Jeff, aparecían con el coche, seguidos de otros coches de cazadores y perros.
Rodearon al lobo.
-¡Já! Mírale, no pudo ir más lejos. Menudo bicho más grande estás hecho, ¿eh, chaval?-dijo uno que no conocía e intentó tocarle con la pierna, más el lobo se giró e intentó morderle.
Por toda respuesta, el cazador le disparó en la frente.
Yo ahogué un grito y los cazadores miraron hacia arriba.
Yo me había tapado la boca con ambas manos e intentaba controlar mi respiración, agitada ante lo que había visto.
El lobo se transformó al morir.
Era un chico, quizá un poco mayor que Jared, de unos veintitantos o así.
Le echaron una bolsa por encima y lo cargaron en uno de los coches.
Entonces, resbalé de la rama en que estaba y caí al suelo de culo, haciéndome daño.
Y la capucha se me resbaló de la cabeza.
-¡Eh, es el alfa! ¡Tras ella!-gritó Jeff.
Yo grité, me levanté y, haciendo caso omiso del dolor que sentía en el culo (¿me lo habría roto?) eché a correr como alma que lleva el diablo, mientras los perros me seguían y los cazadores se subían con prisa a sus coches para perseguirme.
¡En menuda me había metido! Y encima no podía llamar a mi manada, porque entonces habría alguna desgracia, estaba segura.
¿Y si me pillaban? ¿Qué me harían? ¿Me dispararían como al pobre chico? ¿O no? Y si me entragaba... ¿Dejarían en paz a Justin?
Resbalé con una rama que no vi y caí al suelo.
Me di la vuelta justo en el momento exacto en el que un perro se tiraba sobre mí.
Grité mientras trataba de quitarme al perro de encima.
Oí a los coches que se acercaban cada vez más.
Se acabó, ahora iban a pillarme y todo se acabaría.
Justo cuando creí que todo estaba perdido, alguien golpeó al perro con una rama y este cayó no muy lejos de mí.
-¡Rápido, levántate!
Miré a mi salvador y no di crédito a mis ojos.
-¿Justin?-dije, mientras cogía la mano que me tendía y me ayudaba a levantarme.
-¡El mismo!
-¿Qué narices haces aquí? ¿Sabes lo peligroso que es esto?
Un disparo le pasó rozando la cabeza.
-¡Corre!-dije, empujándole.
Agarrados de la mano echamos a correr lo más rápido que pudimos, perseguidos por los coches de los cazadores y el ladrido de los perros.
Le miré.
-¡Dios, dios! ¡Vamos a morir!
-¡Sé un poco más optimista Cris, por el amor de Dios!
-¡Soy todo lo optimista que puedo!
-¡Pues estamos jodidos entonces!
Entonces, un coche salió de la nada y paró delante de nosotros.
El señor Hilton sacó la cabeza por la ventanilla.
-¡Subid, vamos!
Asentimos con la cabeza y montamos apresuradamente en el coche.
Una vez dentro, el señor Hilton arrancó y nos sacó de allí a toda velocidad, tanta, que temí por nuestras vidas y no sabía si estábamos más seguros con él en el coche o con los cazadores y sus rifles.
-Creo que no sois conscientes del lío en el que os habéis metido-dijo el señor Hilton.
-Yo no soy consciente de nada.-dijo Justin y me hizo reír.
-Y por qué no me extraña...-dijo el señor Hilton.
-¡Oye!
-Quieren matarle, señor Hilton. Kate quiere matarle-le expliqué yo.
Él me miró por el retrovisor.
-Así que esa es la razón de que ella se encuentre aquí...
-Sí, quiere vengarse.
-¿Se puede saber qué le hiciste, Bieber?
-¿Yo? ¡Pero si yo no he hecho nada!
-Es cierto, profesor. Fue por mi culpa. Yo maté a su hermano.
Él volvió a mirarme por el retrovisor.
-Bien, entonces lo mejor será sacar a Justin de aquí.
-Ya tiene donde ir. Su padre vive en la ciudad.
-Está bien, allí estará más protegido que aquí.
-¿Queréis dejar de hablar de mí como si no estuviera delante?-dijo Justin.
-¿Y se puede saber qué hacías tú en mitad del bosque?-le dije, enfadada-¡Hay una chica que quiere matarte y hombres te dispararan y a ti no se te ocurre otra cosa que ir solito al bosque!
-Joer, necesitaba pensar...
-¿Pensar sobre qué? ¿Sobre cómo era la mejor manera de dejar que te mataran?
En el momento que pronuncié esas palabras supe que me estaba pasando. Justin tenía que aguantar demasiadas cosas en poco tiempo y yo encima me estaba enfadando con él cuando debería enfadarme conmigo misma.
-Justin, lo siento. Es solo que... No quiero que te hagan daño. Perdóname.
-Buenooooooo, valeeeeee... Te perdono si me haces las hojas de latín.
-¡De eso ni hablar!-dijimos a la vez el señor Hilton y yo.
Y los tres nos reímos.
Una vez que nos dejó en casa a los dos les conté lo ocurrido a mis padres.
-Eso es terrible. Jamás habían matado a un lobo en nuestros territorios...
-Pues ahora sí. Yo lo vi.
Aún me encontraba un poco afectada por lo que acababa de ver. Una no veía como asesinaban a una persona todos los días.
Jared fue a verme y se horrorizó cuando vio, gracias a mis recuerdos, lo que me había pasado.
-Se acabó el ir sola al bosque.
-¿Qué?-dije, saliendo de su abrazo.-¡No puedes prohibirme eso!
-Yo no te lo estoy prohibiendo, simplemente te digo que cuando vayas, iré contigo.
Refunfuñé, pero no dije nada, ya que si yo le ordenaba que me dejara sola tenía que hacerlo.
-Hay algo que quería decirte, Jared.
-¿Si?
-Mi cumpleaños es dentro de dos días y, con todo esto que está pasando, no me encuentro con ánimo de celebrar una boda. ¿Te importaría mucho que lo aplazáramos? Si voy a casarme, quiero hacerlo en condiciones y no una ceremonia a toda prisa.
Jared sonrió y volvió a abrazarme.
-Está bien, que sea lo que tú quieras.
Y me besó.
Por la tarde, Justin me llamó.
-¡Cris, Cris! ¡No te vas a creer lo que me ha pasado!
-¡No me lo digas! ¡Han intentando matarte hoy también por la mañana!
-Vale, sí, eso también... ¡Me ha llamado un productor!
-¿Qué? ¿En serio?
-¡Sí! Y luego ha venido a casa y hemos estado hablando. Me ha dicho que ha estado durante mis últimas cinco últimas actuaciones en el bar y que estaba interesado en mí, pero que ayer no pudo decírmelo por... Lo que pasó ayer...
-Oh, Jus, pero esto es muy raro. ¿Por qué justamente se interesa por ti un productor cuando aparecen los cazadores? ¿Y si es una trampa?
-¿Qué va a ser una trampa? ¡Es lo que hemos estado esperando todo este tiempo! ¡Dios, quiere que grabe las canciones en un estudio! ¡Cris! ¡Qué quiere grabarme el disco!
Estaba dividida.
Por un lado, me alegraba infinitamente por mi amigo, porque verdaderamente es lo que ambos habíamos estado esperando, pero por otro me daba miedo que fuera una trampa.
-Eso es fantástico, Jus.
-Y además, nos sirve para tus planes. Tú querías que me fuera, ¿no? Pues bien, este hombre tiene sus estudios en la ciudad, cerca de la casa de mi padre. Más perfecto no podía ser, ¿no?
-¿Y los estudios?
Justin suspiró.
-Ya he hecho las hojas, me ha costado un mundo pero... ¿Recuerdas a ese amigo de mi padre que es profesor? Seguro que si hablo con él, me dará algunas clases.
-Entonces está todo bien. ¿Cuándo te vas?
-Mañana. Por la mañana.
-Demasiado pronto... Te echaré mucho de menos, tonto.
-Pues no me eches de menos tan pronto que aún no me he ido, ¿eh?
Reí.
-¿Puedo ir a tu casa a verte?-pregunté.
-No sé... ¿Te dispararán si lo haces?
-Lo más seguro.
-Pues entonces ya estás tardando en venir.
-¡Justin!
Le oí reírse al otro lado del teléfono.
-Ven cuando quieras. Aquí estaré.
-Entonces ya voy.
-Y que no te disparen.
-Vale.
-Y que no te persigan perros.
-En tu casa como no me persiga Sam...
-Cierto o le perseguiré yo a él.
-¡Anda, bobo! Ya voy.
Colgué y poniéndome un cómodo jersey que me quedaba grande y otras mayas, agarré mi bolso y fui a verle.
Llamé al timbre y Sam apareció ladrando y empezó a dar vueltas alrededor de mí.
Me agaché y le cogí en brazos.
-¿Pero cómo puedes ser tan guapo, eh?-dije, dándole un beso en la frente.
Jus abrió la puerta.
-¿Se regalan besos? ¿Por qué número va?
-Eres muy tonto, pero te quiero.-dije, dejando a Sam en el suelo, dándole un beso en la mejilla a él y entrando en su casa.
Justin rió y cerró la puerta.
-¿Y Pattie? ¡Pattie! ¿No está?
-No, está en la iglesia, dándole gracias a Dios por esta oportunidad que me han dado.
-Tendré que seguir su ejemplo.
Subimos a su cuarto, riéndonos, pero la risa se me congeló en la cara al ver la maleta abierta encima de su cama.
Él al notarlo, me pasó el brazo por los hombros.
-Tengo que irme, pero volveré a verte a ti.
Asentí con la cabeza y me senté en su cama mientras él seguía haciendo la maleta.
-Así que una extraña chica rubia a la que no conozco de nada me quiere matar, ¿eh? Y luego resulta que nuestro querido profesor de latín es un cazador de vete a saber qué. ¡Vivimos en un mundo de locos!
Reí.
-Pues sí, la verdad.
Se dejó caer a mi lado en la cama y yo le abracé.
-No quiero que te vayas. Nunca he estado sin ti y ahora, cuando todo mi mundo está patas arriba, es el momento que eliges para irte.
-Vente conmigo. Yo te protegeré de lo que sea en que estés metida.
Sonreí.
-No puedo hacer eso, pero te juro por lo que más quiero en esta vida que si pudiera, lo dejaría todo atrás y me iría contigo.
-Bueno, tampoco te dejes la ropa tan atrás, que algo te tendrías que poner, ¿no crees?
Volvimos a reír.
-He aplazado la boda.
-Aw, ¿si? Gracias por aplazarla para que pueda ir.
-De nada, supongo.
-Cris, no estés triste, de verdad.
-Lo siento, no puedo evitarlo. Estar sin ti será... Muy duro.
-¿Más duro que recibir un balazo?
-Mucho más que eso.
-Entonces sí que debe de ser duro, sí.
Reímos de nuevo y me dio un beso en la mejilla.
Insistí en volver a casa sola, más que nada, porque no quería que me viera llorar.
"¿A qué hora te vas mañana?"
"Como a cosa de las nueve, ¿por qué?"
"Estaré ahí para despedirme"
Me sequé los ojos con la manga del jersey.
No debía estar triste, él iba a cumplir su sueño y yo mientras tanto me iba a quedar aquí, ajustaría cuentas con Kate, lo arreglaría todo para que cuando él volviera no tuviera nada que temer.
Esa noche, como estaba tan triste, permití que Jared, el cual habían invitado mis padres a cenar, se quedara a dormir conmigo, básicamente, porque no tenía ganas ni fuerza para ordenarle que se fuera.
Cuando me desperté, Jared seguía dormido a mi lado.
Me vestí y fui a despedirme de Justin.
Llegué justo en el momento en el que metía la maleta y la guitarra en el maletero y lo cerraba.
-¡Ah! Ya creí que no llegaba.
-Aún no son las nueve.
-Nunca se sabe.
-Nunca digas nunca.
Le abracé.
Estar sin él verdaderamente me mataría.
-Tengo que irme.
-Lo sé.
-Pero por una parte no quiero irme.
-También lo sé.
Me separé de él.
-Eh, pero no llores, Cris, que me vas a hacer llorar a mí también, entonces llorará mi madre y le haremos llorar a Sam...
Reí y él me revolvió el pelo con una mano.
-¿Harás una última cosa por mí?
-Lo que sea.
-Sigue viva para cuando regrese, ¿de acuerdo?
-Eso está hecho.
-Ah, y si puedes... Échale un ojo a mi madre. No querría que le pasara nada.
-Nada le pasará mientras yo esté aquí.
Me besó en la mejilla.
-Gracias.
Se introdujo en el coche, se despidió y se fue.
Yo corrí al bosque, me deshice de mi ropa y, sin importarme ni por un instante de si había cazadores o no, me transformé y corrí junto a su coche.
Paré al límite del pueblo y vi como él lo traspasaba.
Ahí iba mi amigo, ahí iba Justin intentando cumplir su sueño.
Yo aullé bien alto, para que él lo oyera y supongo que reconociera la voz del mismo lobo que aulló igual al salvarle del oso años atrás.
Bueno, gentecilla, que mucha gracias por leer la novela y espero, de verdad que os esté gustando :3 Lamento mucho si tardo en subir, de verdad. Pero bueno, de nuevo, gracias por leer.
Att: Cris Vila Jb (Tuenti) @Cris_Jbieber (Twitter)
martes, 24 de julio de 2012
Capítulo 6
Lo había repasado mil y una veces.
Le llevaría al bosque y le diría "Voy a esconderme tras estos matorrales. Luego, saldrá... Otra cosa. No te asustes. Después, volveré". Y él ya juntaría dos más dos y se daría cuenta de que el lobo era yo y entonces podría contarle todo.
Sonreí.
Mi plan no tenía ningún fallo. Todo era perfecto.
Todo... Menos Jared, que se coló en mi mente mientras ideaba mi plan.
¿Qué? ¿Piensas decírselo a ese humano?
Así es. Merece saberlo. Me ha salvado la vida y ha puesto en peligro la suya.
¡Pero no puedes hacerlo! ¡Sabes que no puedes!
Mi padre me ha dado el permiso para hacerlo. ¿Acaso me vas a decir tú lo que debo o no debo hacer, Jared?
¿Qué tu padre qué? ¿Os habéis vuelto todos locos?
A mí no me parece mala idea que se lo diga, Jared-dijo Ryan.
Jared le taladró con la mirada.
¿Alguien más se opone, aparte de Jared, a que se lo digamos a Justin?-pregunté, mirando a mi manada.
Nadie dijo nada.
Jared bufó.
Definitivamente estáis todos locos.
Volví a asistir a clases al día siguiente.
Mis heridas, al convertirme en lobo, habían terminado de sanar y ya no quedaba de ellas nada más que una cicatriz pequeña de color rosado que desaparecería en un par de días.
El señor Hilton se alegró de verme.
-¡Hombre, ya pensaba que se te había contagiado la vaguería de tus compañeros!
-Pues no. Tengo demasiado swag como para eso.
-Algún día, tendrás que explicarme qué es eso del swag.
-Me llevaría demasiado tiempo.
-¿Ah, si? Pues demasiado tiempo te va a llevar la hoja de traducciones que, por lista, te voy a dar.
Le miré con fastidio mientras Justin reía en las filas de atrás.
-¿De qué se ríe, señor Bieber? ¿Acaso usted también pierde demasiado tiempo en esas tonterías del swag? Pues tome esta hoja como la señorita Poynter y pierda el tiempo en cosas que de verdad merezcan la pena.
-Pero es que el latín no lo merece.-le contestó.
-¿Ah,no? Toma, dos hojas más. Buen fin de semana te espera, lleno de latín.
-Jo.
-Eso es injusto, profesor. Si el latín está muerto y ya no se usa, Justin no tiene la culpa-protesté yo.
-Otras dos hojas para ti. Las quiero aquí el lunes, ¿me habéis entendido? Sin falta o os suspenderé el curso a los dos.
-Vale.
Suspiré.
Bueno, era jueves. Aún tenía cuatro días largos para hacer las malditas hojas... Me puse a imaginarme a una manada de lobos atacando al señor Hilton y sonreí para mis adentros.
No me costaría mucho hacerlo real.
Cuando sonó el timbre, Jus y yo nos dirigimos al comedor.
-¿No echas de menos a tu amiga Jenn?-pregunté.
-Noto cierta malicia en esa pregunta...
-¿Qué? ¡No! Es que como antes te ibas mucho con ella y ahora ya no está...
-Pero era muy pesada. Todo el rato "Justin, ¿puedo caminar a tu lado? Justin, ¿puedo sentarme cerca de ti? Justin, ¿puedo hablarte? Justin, ¿puedo...?"
-Entonces te alegras que haya desaparecido.
-No, yo no he dicho eso.
-Pero lo piensas.
-A veces...
-Ya.
Fuimos a comer y, al acabar las clases, cogí a Justin del brazo.
-¿Adónde me llevas?
-A mi coche.
-¿Desde cuándo tienes coche?
-Em... Bueno, vale. Es el de Sel, que me lo ha dejado.
-¿Por qué? ¿Adónde vamos?
-A que descubras el secreto.
-¡Bien! ¡Por fin ha llegado el día tan esperado!
Sonreí.
Montamos en el coche y arranqué.
-Hacía mucho tiempo que no conducías tú-me dijo Jus.
-Ya, ya casi se me ha olvidado cómo se hace.
-Tengo miedo.
-¡Bah, no, hombre! No soy tan así.
Conducí hasta llegar a la linde del bosque, casi hasta la frontera con el pueblo de Derek.
-¿Por qué hemos ido tan lejos?
-Quizá aquí los cazadores no me estén buscando.
-Eso de los cazadores tienes que explicármelo.
-Lo haré, no te preocupes.
-¿Es un nombre en clave para designar a unos espías o algo?
Le miré, divertida.
-¿Acaso piensas que soy una especie de James Bond?
-No sé...¿Lo eres?
-No, que yo sepa.
-Vaya.
Nos bajamos del coche, dejando las mochilas y las cosas dentro y nos internamos en el bosque.
Siguiendo mi plan, llevaba puesto un vestido, una chaqueta y unas botas.
Era una ropa fácil de quitar, para que todo fuera más rápido.
Andamos un poco y me paré delante de los matorrales de mi plan.
-Mira, ahora voy a esconderme tras esos matorrales y...
Escuché algo y me quedé callada.
-¿Cris? ¿Qué pasa?
Me llevé el dedo a los labios, indicándole que guardara silencio.
Y, entonces, como caída del cielo, la rubia vampira se puso unos metros por delante de nosotros.
Abrí los ojos desmesuradamente y ahogué un grito.
¡Ella! ¡Aquí! ¿Por qué ahora? ¿Por qué mientras estaba con Justin?
Se me puso la piel de gallina.
Tenía miedo.
No por mí, por supuesto, sino por Justin.
Yo podía recuperarme de casi cualquier cosa que la vampira me hiciera, pero él... Un mordisco, un simple movimiento de brazos alrededor de su cuello... Y se acabó.
Instintivamente, me puse delante de Justin.
Era muy cómico, ya que me sacaba como una cabeza y media, pero no era momento de pensar en eso.
-Volvemos a encontrarnos.-dijo ella, con una voz aguda.
-Esperaba no volver a hacerlo, pero veo que no he tenido suerte.
Sonrió.
-Ya, bueno, es que no nos hemos presentado. Soy Kate, encantada.
-Espero no molestarte si te digo que el placer no es mío.
Ella siguió sonriendo.
-Sí, Cristina, eres igual a como me dicen que eres.
-¿Qué? ¿Quién te ha dicho mi nombre? ¿Y quién te dice eso?
Kate se limitó a sonreír.
-¿Quién es ese chico que tienes detrás?
Justin fue a contestarle, pero le pisé un pie para hacer que se callara.
-¿Es tu novio?
-No. Estoy prometida con otro.
-Ah, ya. Bueno... Entonces no te importará si lo mato, ¿no?
Me puse en guardia.
-Hombre, pues importarme... Sí que lo haría, sí. Este chico es como mi hermano.
Kate seguía con su gélida sonrisa.
-Hermano... Qué curioso. Yo antes tenía un hermano, ¿sabes? Vino por estas tierras y... No volvió más. ¿Te suena de algo?
Ladeé la cabeza, intentando adivinar qué tenía que ver eso conmigo.
-Según me contaron, fue la última noche de luna llena. Él iba hambriento y alguien le perseguía. Después, lo único que se oyeron fueron sus gritos. La descripción de ese alguien coincide exactamente con la tuya. ¿Qué tienes que decir a eso?
Y entonces recordé.
La última caza que realicé sola. Ese vampiro que creía que podía escapar de mí y que pidió que no lo matara... Ese era su hermano.
-Ah, sí. Ya recuerdo. Pidió clemencia como una niña pequeña, llorando y eso.
Kate dejó de sonreír y me bufó.
-Esto es entre tú y yo, Kate. Deja que el chico se vaya.
Sin apartar la vista de Kate, que respiraba muy fuerte, empujé a Justin.
-Vete, Jus. Vete.
-Pero no puedo dejarte sola con...
Kate se lanzó contra nosotros y yo empujé a Justin con más fuerza, para apartarle de ella.
-¡Vete al coche!
Kate y yo rodamos por el suelo y nos metimos entre los matorrales.
Yo, aún estando en forma humana, tenía una fuerza superior a los humanos, así que la lancé lejos de mí y se perdió entre un amasijo de ramas.
Aprovechando esto, en un par de patadas me quité las botas y en unos segundos me deshice del vestido.
Justo cuando Kate se lanzaba de nuevo hacia mí, salté yo hacia ella, transformándome.
Las dos rodamos de nuevo y salimos de los matorrales.
Miré de reojo y vi a Justin de pie, mirándonos fijamente y con cara de asombro.
Kate aprovechó esta distracción por mi parte para lanzarse contra él, pero le atrapé la pierna con mis dientes y la lancé por los aires.
Ella cayó sobre mí y yo corrí lejos de allí, para alejarla de Justin.
Paré no muy lejos de allí y me la quité de la espalda.
Estábamos a punto de renaudar la lucha cuando, de entre la nada, salieron dos grupos de hombres que no cesaban de disparar.
Creí que eran gente que quería cazarme, pero resultó que eran cazadores de los dos bandos, que se peleaban entre ellos, unos para que yo escapara y otros, en ayuda de Kate.
-¡Vete, vamos!-me gritó un hombre que pasó a mi lado con un rifle.
Le hice caso y corrí de vuelta al matorral.
Me transformé y me cambié.
Cuando iba a salir de él, Kate apareció y saltó sobre mí.
-¡Agáchate!-gritó una voz tras de mí.
Pegando un grito, me agaché y dispararon a Kate.
Me levanté y miré hacia atrás.
Entonces me quedé de piedra al ver quién sujetaba el rifle.
-¿Señor Hilton?
-¿Poynter? ¿Qué haces aquí? No me digas que tú eres...
-¿El alfa? Exacto.
El señor Hilton sonrió.
-Llevo teniéndote en mi clase no sé cuanto tiempo y ahora es cuando me doy cuenta de que... Bueno, no importa. Vete y llévate a Bieber contigo.
-Sí, señor.
Eché a correr y vi que Justin todavía seguía de pie donde le había dejado.
-¡Vamos!-dije, pasando a su lado, cogiéndole de la mano y tirando de él.
Los disparos cada vez se oían más cerca.
Corrimos hasta el coche, le metí en él, me senté yo y arranqué.
Los disparos cada vez estaban más cerca.
Cuando llevaba unos minutos conduciendo, Justin despertó del sock.
-¡Guau! ¿Has visto eso? ¡Esa mujer se estaba enfrentando a un lobo ella sola!
Miré por el retrovisor.
Nos seguían.
Y no sabía si eran amigos o enemigos. No pensaba parar para asegurarme.
-Sí, lo he visto.
-¡Y luego ha aparecido el señor Hilton con un rifle! ¿Es también él un cazador?
-Así es.
-Pero él no te ha disparado.
-Porque él protege lo mismo que yo. A los lobos.
-¿Eres de Greenpeace?
Le miré y me eché a reír como una loca.
¡Era tan fácil, una cosa tan fácil, pero Justin no caía en ella!
-Justin, no soy de ninguna empresa gubernamental ni de ninguna ONG.
-Vale, osea, que proteges a los lobos porque quieres.
-Podría decirse así, sí.
-Sigo sin entender.
-Es lo que hay. Lo único que tienes que entender ahora es que tienes que marcharte de nuevo con tu padre.
-¡¿Qué?! ¿Por qué?
-¡Esa mujer quiere matarte! ¿No la has oído? Contra más lejos estés de ella, mejor.
-Pero yo quiero quedarme aquí, contigo. Quiero que me protejas.
Sonreí, mientras volvía a mirar por el retrovisor y pisaba el acelerador al ver que nos pisaban los talones.
-Y yo quiero protegerte, pero no puedo protegerte de todo.
-Y además, quiero quedarme para tu boda.
-No voy a casarme aún. Voy a decir que se esperen.
-¿Y eso?
Un disparo rompió el retrovisor del lado de Justin.
-¿A ti te parece que con gente disparando, lobos corriendo por los bosques y chicas queriendo matarte es el momento ideal para celebrar una boda?
-¿Sabes? Creo que tienes razón.
-¡Claro que la tengo!
-Aunque también creo que no quieres casarte con Jared.
-Crees bien.
-¿No le quieres?
-No, en absoluto.
-¡Oh! ¿Y entonces quién te gusta?
-El señor Hilton.
-¡Lo sabía!
Di un volantazo para esquivar a un ciervo que pasaba por la carretera.
El coche de atrás mía hizo lo mismo y siguió disparándonos.
Otro disparo rompió el cristal de atrás.
-Dios, Sel me matará cuando vea lo que le están haciendo a su coche.
-Pero el señor Hilton no puede ser, no pega contigo. Venga, ¿quién es? Es Chaz, ¿a qué si?
-Justin...
-¡Ah, soy yo! ¡Lo sabía!
Reí.
-Justin, ahora no es el momento de confensarnos nuestros sentimientos.
-Quizá tengas razón.
Y en ese momento, otro disparo me pasó rozando el brazo.
-¡Ah, joder!-dije, al ver que la herida me sangraba.
-¿Estás bien?
-Tranquilo, otro disparo más para la colección. Hay pañuelos ahí.
Justin los cogió y me ató un par de pañuelos a la herida.
-Tienes que irte, Jus, entiendes, ¿verdad? Estás en peligro.
-Y tú.
-Ya, pero yo puedo defenderme. Y ahora que esos hombres saben que vas conmigo irán a por ti. Por eso tienes que irte. Tu vida corre más peligro que la mía.
Aceleré aún más.
Otro coche se unió a la persecución y comenzó a disparar una ráfaga de disparos contra el coche que nos perseguía.
Bien, quizá consiguiéramos escapar.
-¿Te he dicho lo guapa que estás cuando mi vida está en peligro y estás intentando protegerla?
Le miré y sonreí.
-Pues ojalá que no tengas que volver a decírmelo, Jus.
Él sonrió.
-Si me voy y no le doy las hojas al señor Hilton, me suspenderá.
-Hazlas y yo se las daré por ti.
-Pero no puedo irme aún. Es jueves. Tengo que tocar.
-Pero Jus, es peligroso, puede que...
-La última vez, por favor.
Le miré y vi que me estaba poniendo ojitos y un puchero.
-Está bien. Si conseguimos salir con vida de esta, podrás tocar esta noche.
-¡Bien!
-Y tocarás.
Di otro volantazo y me metí con el coche por el bosque.
El otro coche no me siguió por ahí.
Dejé a Justin en su casa.
-Vendré a buscarte yo, ¿de acuerdo?
-Vale, Cris, como quieras.
-Nos vemos luego.
-¡Adiós! ¡Eh, espera!
-¿Hum?
-Aún sigo sin saber eso que tienes que contarme.
-He intentando enseñártelo y casi nos matan por ello. Será mejor que por el momento no sepas nada.
-Así, en el caso de que me cojan los cazadores, no podré decir nada...
Le agarré la mano, que tenía apoyada en la ventanilla que yo tenía bajada.
-No dejaré que eso suceda.
Justin sonrió.
-¿Sabes? Me gusta esta nueva faceta tuya.
Reí.
-A mí también me gustaría si no me dispararan tan a menudo.
Nos despedimos de nuevo y volví a casa.
Sel estuvo a punto de matarme cuando vio el estado en que estaba su coche, pero se calmó cuando le expliqué lo que había pasado.
Tuve que explicáserlo a todos, a la manada y a todos los padres lo que estaba sucediendo.
-Esto se está poniendo complicado-dijo mi padre.
-Sí, papá, pero ahora al menos sabemos porqué Kate está aquí. Quiere vengarse de mí por matar a su hermano.
-Sí, pero a traído con ella a un equipo poderoso de cazadores y quién sabe qué más...
-Pero nosotros también tenemos buenos aliados.
Más tarde...
-Sel, necesito tu coche.
-¿Otra vez? ¿No te basta con destrozarle una vez?
-No, la verdad.
-Está bien, cógelo.
Me subí al coche y Jared se apoyó en la ventanilla.
Sabía que quería hablar, así que la bajé.
-¿Adónde vas?
-Justin tiene que ir a tocar al bar y voy a llevarle.
-¿Desde cuándo eres su chófer?
-Desde que los cazadores le persiguen a él también por estar conmigo.
-Ya te dije que al final vuestra amistad le traería problemas.
-Pero estoy aquí para solucionar esos problemas.
-¿Cómo nos la vamos a apañar aquí sin ti?
-No sé, tendréis que buscaros la vida. Justin necesita protección y se la voy a dar.
-Vale, pero... ¿No puede ir otro de nosotros?
-No, tengo que ir yo. Os ordeno que os las apañéis sin mí. Y ahora me voy.
Arranqué y le dejé allí.
Fui a buscar a Justin y toqué el claxón para que saliera.
Pattie salió con él y le dio un beso en la mejilla antes de irse.
Después me saludó y yo le devolví el saludo.
Justin introdujo la guitarra en los asientos de atrás y después se sentó en el asiento del copiloto.
-¿Qué tal?-preguntó.
-Bien, ¿y tú?
-Aún estoy flipando por lo de antes. ¿Cómo te atreves a ir por el bosque habiendo semejantes lobos?
Sonreí.
-No atacan a las personas, Jus.
-¿No? ¿Y qué me dices de esa chica?
-Quería matarte.
-¿Y cómo sabía el lobo que tenía que defenderme?
-Quizá se vio amenazado por ella y la atacó sin más.
-Sí. Tienes razón... Parece que sabes mucho sobre lobos.
-Me gustan. Es mi animal favorito.
Llegamos al bar y entramos.
-Jus, tienes que estar muy atento. Hoy puede pasar cualquier cosa.
-Está bien.
Cuando iba a comenzar la actuación él, como ya era costumbre, se sentó en el centro del improvisado escenario y yo me puse apoyada en una pared, cerca de él.
Esa noche observé a los presentes, en vez de mirarle a él.
Todo iba bien hasta que Justin anunció que sólo cantaría dos canciones más y que después no volvería a tocar en un tiempo.
Entonces, un hombre se levantó y vi el reflejo de algo plateado que tenía en las manos.
Rápida como el rayo, cogí un taburete que tenía a mi lado y se lo tiré con precisión, haciendo que el cuchillo que tenía se le cayera de las manos.
Y, entonces, todo fue un caos.
Un par de hombres más se levantaron y la emprendieron a disparos con el escenario.
Yo corrí hacia Justin y le tiré al suelo, cubriéndole con mi cuerpo, para evitar que le dieran.
¿Qué estaba pasando aquí? ¡Estaban tirando a matar no a atraparle! No entendía nada.
Unos hombres se empezaron a pelear con otros y supe que también había gente de mi bando.
Me levanté y tiré de Justin.
-¡Vamos, corre!
Le empujé por delante de mí.
Agarré la guitarra y corrí tras él.
En la salida, nos esperaba un tío que intentó agarrar a Justin.
Este se asustó, gritó y le dio una patada de las suyas.
Me quedé impresionada.
-No, si al final vas a saber defenderte y todo...-le dije.
Él rió.
Salimos del bar y le monté en el coche.
-Han estado apunto de matarnos por segunda vez en el día de hoy.-dije.
-Ya, eso parece.
-¿Te vas a ir, entonces?
-Sí tú crees que es lo mejor...
-Sí, sin duda. Te llamaré todos los días para hablar contigo.
-Estaré deseando volver.
-Arreglaré todo esto para que puedas volver pronto y todo sea como antes.
-No será como antes... Cuando vuelva y esto acabe, tendrás que casarte con Jared.
-O a lo mejor no.
¡Bueno, gente! Lamento mucho el retraso, pero... Bueno, el caso es que lo siento mucho. Espero que os esté gustando (: También quería deciros que si queréis ayudarme a conseguir más lectores pues... Que yo os querría mucho más (?) Hacedlo por Justin (?) Bah, haha, haced lo que queráis.
Hagáis lo que hagáis, gracias.
Att: Cris Vila Jb (Tuenti) Cris_Jbieber (Twitter) Cris Bieber Horan Styles (:
jueves, 12 de julio de 2012
Capítulo 5
Dirigí mis pasos hacia el origen de los aullidos.
Finalmente, llegué a la roca donde había estado acostada el otro día, que era donde solíamos reunirnos los alfa en caso de reunión.
Arriba, en lo alto de la roca estaba sentado Jake, el alfa más mayor de los alfa de ahora, que rondaba los treinta años.
Alrededor de la roca estaban los alfa de los pueblos vecinos, en total, éramos siete.
Yo ocupé mi lugar en el círculo y lo cerré de esta manera.
Todos aquí, menos yo, eran alfas macho.
Ya os había dicho que esta sociedad era muy machista.
Mi padre no había tenido otro remedio que nombrarme alfa al no tener hijos varones, pero, si lo hubiera tenido, hubiera sido él el alfa.
Era la primera vez que acudía a un consejo.
Los consejos eran excepcionales y no se solían convocar a no ser que fuera una situación muy especial y parecía ser que esta lo era.
Gracias por venir-dijo Jake-En estos tiempos que corren últimamente estar unidos es la única solución.
Todos asentimos con la cabeza.
Está desapareciendo gente. Ha pasado de ser un suceso aislado a ser un hecho. Alguien o algo se los está llevando. No es sólo en mi pueblo, en todos los vuestros también está pasando.
Volvimos a asentir.
Lo más extraño de todo esto es que parece que los vampiros no están implicados. No hay ni rastro de su olor.La gente simplemente desaparecede y somos incapaces de protegerles. Nunca nos habíamos enfrentado a una cosa así.
Derek tomó la voz.
De seguir así, llamaran tanto la atención que las autoridades lo sabrán.
No, Derek-le contradijo Dylan, otro alfa-Ya lo han hecho.
Hubo un murmullo de voces de las que no pude distinguir nada en claro.
Y ese es de la otra cosa que quería hablar-continuó Jake- Con la atención de las autoridades, es muy posible que hayan llamado la atención de...
Cazadores.-dijeron todos.
Exacto. Como bien sabemos, no todos los cazadores están contra nosotros. Al principio, nuestra raza se extendía por todo el mundo. A los hombres les asustaba esta forma de nosotros y algunos se dedicaron a cazarnos, con bastante éxito, diría yo, ya que hay algunos países que cuentan sin ninguna población de nosotros. Pero, con nuestro nacimiento, también nacieron otras criaturas, los vampiros. Y, otro grupo de hombres se dedicaron a cazarlos. Por lo tanto, en la actualidad, hay dos bandos de cazadores.
¿Intentas decirnos que quizá intenten cazarnos?-preguntó Scott.
Intento deciros que tenemos que estar todos alerta. Nos enfrentamos a algo nuevo y desconocido para nosotros.
Decidí compartir con los demás lo ocurrido con la vampira rubia.
¿Créeis que tiene algo que ver?-pregunté.
Es muy posible.
Pero dijo que volvería y aún no ha vuelto. ¿Quizá esté...?
¿Reclutando un ejército? Sí, es posible. Pero, entonces, ¿cómo explicamos que su olor no esté por ninguna parte?
Quizá alguien la esté ayudando.
Es posible.
Quizá cazadores u otra cosa...
No descartemos ninguna posibilidad. Bien, esto es lo que vamos a hacer. Nos mantedremos alerta en todo momento y, a la mínima, nos volveremos a reunir.
Todos asentimos, nos despedimos y nos fuimos.
Corrí en busca de mi manada.
Nataly ya no estaba puesto que se había ido con Derek.
Les mostré, usando mis recuerdos, lo que habíamos hablado en el consejo.
Chicos, tenemos que tener cuidado. Si lo que dice Jake es cierto y hay cazadores por la zona, esto pinta mal. Ya no tenemos que estar pendiente solo de los mortíferos vampiros, que ya solos de por sí son muy peligrosos, sino que podrían ir acompañados de cazadores.
La manada entendió qué quería decir y todos prometimos tener cuidado.
Creo que sería bueno que ahora hagamos las rondas por parejas, ¿no créeis?-sugirió Ryan.
A Jared no le pareció una buena idea y se puso a protestar.
Cuando le pregunté que por qué no le parecía bien, no me supo dar una razón concreta, pero se quejaba.
Curioso, muy curioso.
Me da igual lo que opines, Jared. La idea de Ryan es buena y así lo haremos.
Jared me miró mal, pero una orden del alfa era una orden y no podía desobedecerla.
Decidimos que el primer turno lo hicieran Chaz y Jared y los demás nos fuimos. No nos íbamos de vacaciones, sino a patruyar con forma humana el pueblo.
Mientras andaba, vigilando por las calles, decidí llamar a Justin.
-¿Jus?
-¡Cris!
-¿Qué tal, llegaste bien?
-Claro.
Hablar con él me animó un poco la tarde.
Al caer la noche me tocó hacer la ronda con Sel.
¿Qué tal lo llevas con Ryan?
Bien, ya se va haciendo a la idea de que no puedes estar con él.
¿Y?
Y que yo soy su única opción.
Las dos reímos.
Eso está bien.
¿Y tú qué tal lo llevas con Jared?
Fatal.
Ella rió.
Que desastre eres.
¿Yo? ¡Encima! Intenta tú llevar una relación con un pocasluces como él...
Pocasluces, haha.
Jared me importa poco, la verdad.
Menos mal que no te está oyendo ahora mismo...
¡Es que no me gusta! Tiene un lado oscuro que no me gusta ni un pelo. Es... Siniestro. Y oculta algo.
Y, entonces oímos una ráfaga de disparos.
Las dos nos miramos y echamos a correr en la dirección en la que los habíamos oído.
No habíamos llegado al lugar cuando la potente luz de un jeep nos deslumbró.
-¡Ahí hay dos más! ¡Corred, corred!
Empujé a Sel con la cabeza.
¡Corre Sel, corre!
Hubo un disparo y echamos a correr.
El jeep arrancó y se lanzó en su persecución.
Hubo un fogonazo y empujé a Sel antes de que una red con hebras de plata, muy peligrosa para nosotros, la alcazara y atrapara.
-¡Más rápido, más rápido! ¡Se escapan!
Entonces apareció Ryan que se tiró con toda su fuerza contra el jeep y, por poco, lo hace volcar.
Corríamos porque no podíamos hacer nada contra los cazadores. Nos estaba prohibido atacar a los humanos, daba igual que ellos quisieran matarnos o lo que fuera.
Entonces, al empujar a Ryan para guiarle por otro camino y despistar a los cazadores, una de las balas de plata me acertó en la pierna.
Gemí, ya que me ardía y me dolía a horrores.
-¡Le hemos dado a uno!-dijo uno de los hombres del jeep.
Dirigió entonces el foco de nuevo hacia nosotros.
-¡Es el alfa! ¡Y es una hembra!
Vaya, joder.
-¡Dispárale otra vez, Jeff!
No podía dejar que me diera otra vez ya que, si lo hacía, el exceso de plata en mi cuerpo podría provocarme la muerte o que me transformara sin quererlo en mi forma humana.
Salté para evitar que una bala me impactara de nuevo, pero, al caer, apoyé mal la pata que tenía dolida y me acabé de fastidiar la pierna.
No podía correr más.
Y, para colmo, Jeff volvió a acertar en mi hombro con sus balas.
-¡Ya es nuestra, Clar! ¡Ya es nuestra!
Yo cojeaba y no podía apoyar la pata y el hombro me sangraba abundantemente.
Y, entonces, me derrumbé en el suelo.
Antes de que el jeep me diera alcance, Chaz y Jared se tiraron contra el coche y lo hicieron volcar.
¡Rápido, Sel, que se va ha transformar!-le dijo Jared, trayendo a mi amiga del mundo de los empanados.
Sel, rápida como el rayo, corrió hacia el árbol que tenía más cerca y sacó de dentro de él una manta que extendió sobre mí justo en el mismo momento en que regresé a mi forma humana.
Ahogando alaridos de dolor por el hombro, me envolví en la manta y me enrollé en ella.
Sel se tumbó en el suelo a mi lado.
¡Monta, rápido!
Haciendo un esfuerzo sobrehumano me subí en su espalda y salió corriendo conmigo sobre ella.
Ryan y los demás nos seguían, al parecer, volcando el coche, habíamos conseguido detener a los cazadores por ahora.
Volvimos corriendo a mi casa y me tumbaron sobre la mesa de la cocina.
Mientras mi padre me sacaba las balas, entre mis gritos, Jared le contó lo sucedido valiéndose de algunos de mis recuerdos y de los suyos propios.
-Hum, esto no tiene buena pinta-dijo.
-¿El qué? ¿La situación o mis heridas?
-Ambas cosas. Vas ha pasar muy mala noche y puede que un par de días estés fatal, pues has sido envenenada por la plata. Si no te hubieran traído a tiempo...-mi padre no acabó la frase.
Yo, mareada, me tumbé en la mesa.
Estaba empapada de un sudor frío, pero me notaba caliente.
Jared, al pasar su mano por mi brazo, la retiró con rapidez.
-Está ardiendo.
-Normal. Va ha tener fiebre alta durante unos días. Será mejor que la subas arriba y la eches en su cama.
Con cuidado, Jared pasó los brazos por mi espalda y rodillas y me levantó.
Me dejó en mi cama y se tumbó a mi lado.
-Creo que será mejor que te vayas-le dije-Quiero estar sola.
No era una sugerencia, sino una orden, por lo que no pudo replicar y tuvo que irse.
Pasé una mala noche, tal como había predicho mi padre, por la fiebre alta que tenía y porque las heridas, tanto la de la pierna como la del hombro me escocían a rabiar.
Los dos días del puente los pasé en la cama, sin apenas poder moverme. Cuando me miraba al espejo veía más la cara de una muerta que la de una viva.
Cuando Justin volvió de pasar el puente con su padre le dijimos que había caído enferma. (Claro, no podíamos decirle que me habían disparado)
Ese día no asistí a clase, aunque me encontré un poco mejor por la mañana.
-Pues yo hoy pienso ir a patruyar por el pueblo. No puedo quedarme en la cama ni un día más.
-Pero no puedes. Tus heridas aún no han terminado de sanarse...-me dijo mi padre.
-Pero papá, no puedo estar más tiempo sin hacer nada. Eso no va conmigo.
Justin vino a visitarme por la tarde y me trajo los deberes.
-¿Qué tal estás?
-Mejor ahora que estás por aquí.
-Anda ya.
-Cree lo que quieras, iluso. Vamos a ver qué me has traido...¡Ah, deberes de latín no! ¿Por qué me odias tanto?
-Mejor preguntáte por qué el profesor Hilton te odia tanto.
-Esa respuesta ya la sé. Porque yo tengo swag y él no, pero, ¿tú? ¡Tú también tienes!
Rió.
-¿Escuchaste el disco?
-Ajá.
El disco había estado en repetición infinita los dos días que me había pasado en la cama.
-¿Y qué te parece?
-Que es perfecto, como tú.
-¿Y tus canciones favoritas?
-Todas, desde luego, pero Fall y As long as you love me son especiales.
-Me imaginé que serían esas las que más te gustarían, ya que son las tuyas.
-Wow, ¿en serio?
-¡Claro! Bueno, aunque en realidad todo el disco es tuyo, pero bueno...
Le abracé y tuve que contener un grito por el hombro herido.
-Llevo aquí encerrada dos días, ¿crees que podríamos dar una vuelta por el pueblo?
-Claro, vamos. De todas formas tengo que ir porque dejé el coche allí.
-¿Y eso?
-Se me olvidó echarle gasolina y tuve que volver a casa a pie. Ya sabes que en este pueblo la gasolinera está al principio. Mandé a Ryan a llenarlo y lo dejó allí para que Fred lo limpiara un poco, porque el pobre estaba hecho un asco.
Salimos de casa e intenté que no viera que cojeaba. Si preguntaba, sería buena. No sabría cómo explicárselo, ¿quizá que me había torcido el tobillo?
Mientras hablamos, vi pasar el jeep con los hombres de la otra noche y me quedé con la boca abierta.
¡Claro, cómo no lo había pensando! ¡Estaban patruyando el pueblo! Sabían que el lobo al que habían disparado era el alfa de este pueblo y que era una chica adolescente o muy joven debido a cómo era de grande.
¡Oh, mierda!
El coche de detuvo en un semáforo en rojo.
Entonces, el que creí reconocer como Jeff, giró la cabeza y nos observó.
Yo le sostuve la mirada y continuamos andando.
Él iba a girar la cabeza cuando, ¡zas! cojeé. Su vista entonces se fijó en la herida producida por mi padre en mi pierna derecha, que estaba al descubierto y me reconocía como alfa y, por tanto, su presa.
-¡Clar! ¡Clar! ¡La he encontrado, está ahí!
-¡Justin, tenemos que salir de aquí!-le dije.
Él me miró, sin comprender.
-¿Qué te pasa?
Siguió con su vista hacia donde yo estaba mirando y vio a los hombres bajarse del coche y venir por nosotros.
-¡Qué vienen por mí, corre!
Echamos a correr, pero la pierna me dolía demasiado y no paraba de cojear.
-¡No puedo correr!-le gimoteé.
Sin decir nada, pasó sus brazos por mi espalda y mis rodillas, me aupó en brazos y echó a correr.
Yo le pasé los brazos por el cuello y miré hacia atrás.
-¡Nos pisan los talones!
-¡Tranquila, voy por el coche!
Los hombres se dieron cuenta que sin su jeep no nos alcanzarían, así que dieron media vuelta y se dirigieron hacia él.
Conseguimos llegar a la gasolinera y ahí estaba su coche.
Lo abrió, me introdujo en el asiento del copiloto, se sentó y arrancó.
El jeep apareció tras nosotros, pisándonos los talones.
Justin miró por el retrovisor.
-Pero, ¡¿qué son?! ¡¿Quiénes leches son y qué quieren?!
-¡Son cazadores y me quieren a mí!
Él me miró, como si acabara de insultarle.
-¿Cazadores? ¿Cazadores de qué?
-De mí, supongo.
Empezó entonces una persecución por las calles del pueblo.
-¿Se puede saber en qué estás metida, Cris?
-En algo muy feo, eso puedo asegurártelo.
-Agárrate, anda.
E hizo un derrape de película.
-Siempre he querido hacer eso y protagonizar una persecución como la de las películas.
-¿Si? Pues me alegra poder cumplir tu sueño.
Él se giró para mirarme.
-¡Ah, Dios! ¡Estás sangrando!
-¿Qué?
Me miré y era verdad.
Tanto las heridas de hombro como la de la pierna se me habían abierto y sangraban.
-¿Se puede saber qué está pasando aquí?
-No puedo contártelo.
-¡Me dijiste que me lo contarías cuando volviera!
Tuvo que hacer otro derrape para no llevarse a una vieja con su carro de la compra.
El jeep nos seguía pisando las ruedas traseras.
-¡Y te lo voy a contar! Pero no te lo puedo decir por medio de palabras, ni escribirlo, el código de las normas me lo impide. Te lo mostraré, pero cuando me recupere de las heridas.
-Vale, entonces.
La persecución duró un poco más de salir del pueblo. Justin se conocía bien estas carreteras mientras que ellos no y, finalmente los perdimos.
Aparcó el coche entre unos árboles para regresar pasado un rato.
-Tus heridas no paran de sangrar.
-Eso parece.
-Creo que tengo unos pañuelos por aquí, si presionamos, quizá paremos la hemorragia...
-¿A quién le hace falta hacer la carrera de médico pudiendo aprender por la tele?
Rió y me pasó los pañuelos.
-¿Cómo te hiciste esas heridas?
-Me dispararon.
-¿Qué te dispararon?
-¿Querías la verdad, no? Pues ahí la tienes.
-Es que me resulta íncreible que te hayan disparado.
-Pues mira.
Me levanté el pañuelo con el que me tapaba la herida del hombro, me limpié la sangre que rodeaba la herida y le mostré el perfecto orificio que había dejado la bala al entrar.
-¡Dios mío, sí que es cierto!
-Ya te lo dije.
-¿Fueron esos dos?
-Sí, esos dos mismos. Por eso me reconocieron.
-¿Y te quieren viva o muerta?
-Digamos que no les importa cómo mientras me tengan.
-¿Qué eres, una especie de espía del gobierno o algo así?
Reí.
-No, claro que no.
-Ah, bueno... Joe, creí que te conocía, pero ya veo que no.
-Suelen decir que nunca se termina de conocer a una persona.
-Ya lo he comprobado contigo. ¿No crees que deberías ir al hospital? Vas a desangrate...
-No puedo ir al hospital, esta gente tiene contactos en todos los lados y, cuando vean mis heridas, sabrán que soy yo. No, tengo que volver a casa.
-¿Crees que podemos volver ya?
-Podemos intentarlo.
Llegamos sin más incidentes.
Justin aparcó el coche en mi puerta, me cogió en brazos y corrió a mi casa.
-¡Mamá! ¡Papá! ¡Jared!-llamé, con la esperanza de que alguien acudiera a la llamada.
Mi padre abrió la puerta.
-¡Oh, dios mío! Pasad dentro. Túmbala en la mesa de la cocina, Justin.
-¡Voy!
Mientras mi padre me curaba de nuevo las heridas, Justin y yo le explicamos lo ocurrido.
-Papá, Justin no entiende nada de lo que pasa...-dije, poniéndole ojitos-¿Podemos decírselo?
Mi padre suspiró.
-Está bien, Cris. Pero queda bajo tu responsabilidad cualquier cosa que pueda pasar, ¿de acuerdo?
-¡Sí, gracias papá!
Y le di un beso en la mejilla.
Más tarde, en mi cuarto...
-¿Ves? Te dije que te lo contaría y ahora he obtenido el permiso para ello.
-Estoy impaciente por saberlo.
-Sólo tendrás que esperar unos días más. Cuando se me curen las heridas, te lo mostraré.
Suspiró, se apoyó al lado de la ventana abierta y me miró.
-Así que, cuando me dijiste que estabas en peligro, lo estabas de verdad.
-Sí.
Miré el bosque por la ventana.
-El bosque era mi único refugio, ¿sabes? El único sitio seguro para mí. Pero ya no. Ya no tengo ningún sitio seguro. En el bosque fue donde me dispararon. Ahora, ¿qué me queda?
Justin se acercó y me abrazó.
-Haré, de mis brazos, un sitio seguro para ti.
¡Bueno, bueno, bueno! Pues aquí el 5 capítulo de Bloody Moon. Lamente haberos hecho esperar tanto, pero es que quedamos en que si un capítulo no tenía la menos 30 visitas no se subía el siguiente y esto también se aplica a este, ¿eh? Bueno, que espero que os guste (:
Att: Cris Bieber Horan Styles (o, para que no os matéis buscándome, Cris Vila Jb en Tuenti y @Cris_Jbieber en Twitter)
Finalmente, llegué a la roca donde había estado acostada el otro día, que era donde solíamos reunirnos los alfa en caso de reunión.
Arriba, en lo alto de la roca estaba sentado Jake, el alfa más mayor de los alfa de ahora, que rondaba los treinta años.
Alrededor de la roca estaban los alfa de los pueblos vecinos, en total, éramos siete.
Yo ocupé mi lugar en el círculo y lo cerré de esta manera.
Todos aquí, menos yo, eran alfas macho.
Ya os había dicho que esta sociedad era muy machista.
Mi padre no había tenido otro remedio que nombrarme alfa al no tener hijos varones, pero, si lo hubiera tenido, hubiera sido él el alfa.
Era la primera vez que acudía a un consejo.
Los consejos eran excepcionales y no se solían convocar a no ser que fuera una situación muy especial y parecía ser que esta lo era.
Gracias por venir-dijo Jake-En estos tiempos que corren últimamente estar unidos es la única solución.
Todos asentimos con la cabeza.
Está desapareciendo gente. Ha pasado de ser un suceso aislado a ser un hecho. Alguien o algo se los está llevando. No es sólo en mi pueblo, en todos los vuestros también está pasando.
Volvimos a asentir.
Lo más extraño de todo esto es que parece que los vampiros no están implicados. No hay ni rastro de su olor.La gente simplemente desaparecede y somos incapaces de protegerles. Nunca nos habíamos enfrentado a una cosa así.
Derek tomó la voz.
De seguir así, llamaran tanto la atención que las autoridades lo sabrán.
No, Derek-le contradijo Dylan, otro alfa-Ya lo han hecho.
Hubo un murmullo de voces de las que no pude distinguir nada en claro.
Y ese es de la otra cosa que quería hablar-continuó Jake- Con la atención de las autoridades, es muy posible que hayan llamado la atención de...
Cazadores.-dijeron todos.
Exacto. Como bien sabemos, no todos los cazadores están contra nosotros. Al principio, nuestra raza se extendía por todo el mundo. A los hombres les asustaba esta forma de nosotros y algunos se dedicaron a cazarnos, con bastante éxito, diría yo, ya que hay algunos países que cuentan sin ninguna población de nosotros. Pero, con nuestro nacimiento, también nacieron otras criaturas, los vampiros. Y, otro grupo de hombres se dedicaron a cazarlos. Por lo tanto, en la actualidad, hay dos bandos de cazadores.
¿Intentas decirnos que quizá intenten cazarnos?-preguntó Scott.
Intento deciros que tenemos que estar todos alerta. Nos enfrentamos a algo nuevo y desconocido para nosotros.
Decidí compartir con los demás lo ocurrido con la vampira rubia.
¿Créeis que tiene algo que ver?-pregunté.
Es muy posible.
Pero dijo que volvería y aún no ha vuelto. ¿Quizá esté...?
¿Reclutando un ejército? Sí, es posible. Pero, entonces, ¿cómo explicamos que su olor no esté por ninguna parte?
Quizá alguien la esté ayudando.
Es posible.
Quizá cazadores u otra cosa...
No descartemos ninguna posibilidad. Bien, esto es lo que vamos a hacer. Nos mantedremos alerta en todo momento y, a la mínima, nos volveremos a reunir.
Todos asentimos, nos despedimos y nos fuimos.
Corrí en busca de mi manada.
Nataly ya no estaba puesto que se había ido con Derek.
Les mostré, usando mis recuerdos, lo que habíamos hablado en el consejo.
Chicos, tenemos que tener cuidado. Si lo que dice Jake es cierto y hay cazadores por la zona, esto pinta mal. Ya no tenemos que estar pendiente solo de los mortíferos vampiros, que ya solos de por sí son muy peligrosos, sino que podrían ir acompañados de cazadores.
La manada entendió qué quería decir y todos prometimos tener cuidado.
Creo que sería bueno que ahora hagamos las rondas por parejas, ¿no créeis?-sugirió Ryan.
A Jared no le pareció una buena idea y se puso a protestar.
Cuando le pregunté que por qué no le parecía bien, no me supo dar una razón concreta, pero se quejaba.
Curioso, muy curioso.
Me da igual lo que opines, Jared. La idea de Ryan es buena y así lo haremos.
Jared me miró mal, pero una orden del alfa era una orden y no podía desobedecerla.
Decidimos que el primer turno lo hicieran Chaz y Jared y los demás nos fuimos. No nos íbamos de vacaciones, sino a patruyar con forma humana el pueblo.
Mientras andaba, vigilando por las calles, decidí llamar a Justin.
-¿Jus?
-¡Cris!
-¿Qué tal, llegaste bien?
-Claro.
Hablar con él me animó un poco la tarde.
Al caer la noche me tocó hacer la ronda con Sel.
¿Qué tal lo llevas con Ryan?
Bien, ya se va haciendo a la idea de que no puedes estar con él.
¿Y?
Y que yo soy su única opción.
Las dos reímos.
Eso está bien.
¿Y tú qué tal lo llevas con Jared?
Fatal.
Ella rió.
Que desastre eres.
¿Yo? ¡Encima! Intenta tú llevar una relación con un pocasluces como él...
Pocasluces, haha.
Jared me importa poco, la verdad.
Menos mal que no te está oyendo ahora mismo...
¡Es que no me gusta! Tiene un lado oscuro que no me gusta ni un pelo. Es... Siniestro. Y oculta algo.
Y, entonces oímos una ráfaga de disparos.
Las dos nos miramos y echamos a correr en la dirección en la que los habíamos oído.
No habíamos llegado al lugar cuando la potente luz de un jeep nos deslumbró.
-¡Ahí hay dos más! ¡Corred, corred!
Empujé a Sel con la cabeza.
¡Corre Sel, corre!
Hubo un disparo y echamos a correr.
El jeep arrancó y se lanzó en su persecución.
Hubo un fogonazo y empujé a Sel antes de que una red con hebras de plata, muy peligrosa para nosotros, la alcazara y atrapara.
-¡Más rápido, más rápido! ¡Se escapan!
Entonces apareció Ryan que se tiró con toda su fuerza contra el jeep y, por poco, lo hace volcar.
Corríamos porque no podíamos hacer nada contra los cazadores. Nos estaba prohibido atacar a los humanos, daba igual que ellos quisieran matarnos o lo que fuera.
Entonces, al empujar a Ryan para guiarle por otro camino y despistar a los cazadores, una de las balas de plata me acertó en la pierna.
Gemí, ya que me ardía y me dolía a horrores.
-¡Le hemos dado a uno!-dijo uno de los hombres del jeep.
Dirigió entonces el foco de nuevo hacia nosotros.
-¡Es el alfa! ¡Y es una hembra!
Vaya, joder.
-¡Dispárale otra vez, Jeff!
No podía dejar que me diera otra vez ya que, si lo hacía, el exceso de plata en mi cuerpo podría provocarme la muerte o que me transformara sin quererlo en mi forma humana.
Salté para evitar que una bala me impactara de nuevo, pero, al caer, apoyé mal la pata que tenía dolida y me acabé de fastidiar la pierna.
No podía correr más.
Y, para colmo, Jeff volvió a acertar en mi hombro con sus balas.
-¡Ya es nuestra, Clar! ¡Ya es nuestra!
Yo cojeaba y no podía apoyar la pata y el hombro me sangraba abundantemente.
Y, entonces, me derrumbé en el suelo.
Antes de que el jeep me diera alcance, Chaz y Jared se tiraron contra el coche y lo hicieron volcar.
¡Rápido, Sel, que se va ha transformar!-le dijo Jared, trayendo a mi amiga del mundo de los empanados.
Sel, rápida como el rayo, corrió hacia el árbol que tenía más cerca y sacó de dentro de él una manta que extendió sobre mí justo en el mismo momento en que regresé a mi forma humana.
Ahogando alaridos de dolor por el hombro, me envolví en la manta y me enrollé en ella.
Sel se tumbó en el suelo a mi lado.
¡Monta, rápido!
Haciendo un esfuerzo sobrehumano me subí en su espalda y salió corriendo conmigo sobre ella.
Ryan y los demás nos seguían, al parecer, volcando el coche, habíamos conseguido detener a los cazadores por ahora.
Volvimos corriendo a mi casa y me tumbaron sobre la mesa de la cocina.
Mientras mi padre me sacaba las balas, entre mis gritos, Jared le contó lo sucedido valiéndose de algunos de mis recuerdos y de los suyos propios.
-Hum, esto no tiene buena pinta-dijo.
-¿El qué? ¿La situación o mis heridas?
-Ambas cosas. Vas ha pasar muy mala noche y puede que un par de días estés fatal, pues has sido envenenada por la plata. Si no te hubieran traído a tiempo...-mi padre no acabó la frase.
Yo, mareada, me tumbé en la mesa.
Estaba empapada de un sudor frío, pero me notaba caliente.
Jared, al pasar su mano por mi brazo, la retiró con rapidez.
-Está ardiendo.
-Normal. Va ha tener fiebre alta durante unos días. Será mejor que la subas arriba y la eches en su cama.
Con cuidado, Jared pasó los brazos por mi espalda y rodillas y me levantó.
Me dejó en mi cama y se tumbó a mi lado.
-Creo que será mejor que te vayas-le dije-Quiero estar sola.
No era una sugerencia, sino una orden, por lo que no pudo replicar y tuvo que irse.
Pasé una mala noche, tal como había predicho mi padre, por la fiebre alta que tenía y porque las heridas, tanto la de la pierna como la del hombro me escocían a rabiar.
Los dos días del puente los pasé en la cama, sin apenas poder moverme. Cuando me miraba al espejo veía más la cara de una muerta que la de una viva.
Cuando Justin volvió de pasar el puente con su padre le dijimos que había caído enferma. (Claro, no podíamos decirle que me habían disparado)
Ese día no asistí a clase, aunque me encontré un poco mejor por la mañana.
-Pues yo hoy pienso ir a patruyar por el pueblo. No puedo quedarme en la cama ni un día más.
-Pero no puedes. Tus heridas aún no han terminado de sanarse...-me dijo mi padre.
-Pero papá, no puedo estar más tiempo sin hacer nada. Eso no va conmigo.
Justin vino a visitarme por la tarde y me trajo los deberes.
-¿Qué tal estás?
-Mejor ahora que estás por aquí.
-Anda ya.
-Cree lo que quieras, iluso. Vamos a ver qué me has traido...¡Ah, deberes de latín no! ¿Por qué me odias tanto?
-Mejor preguntáte por qué el profesor Hilton te odia tanto.
-Esa respuesta ya la sé. Porque yo tengo swag y él no, pero, ¿tú? ¡Tú también tienes!
Rió.
-¿Escuchaste el disco?
-Ajá.
El disco había estado en repetición infinita los dos días que me había pasado en la cama.
-¿Y qué te parece?
-Que es perfecto, como tú.
-¿Y tus canciones favoritas?
-Todas, desde luego, pero Fall y As long as you love me son especiales.
-Me imaginé que serían esas las que más te gustarían, ya que son las tuyas.
-Wow, ¿en serio?
-¡Claro! Bueno, aunque en realidad todo el disco es tuyo, pero bueno...
Le abracé y tuve que contener un grito por el hombro herido.
-Llevo aquí encerrada dos días, ¿crees que podríamos dar una vuelta por el pueblo?
-Claro, vamos. De todas formas tengo que ir porque dejé el coche allí.
-¿Y eso?
-Se me olvidó echarle gasolina y tuve que volver a casa a pie. Ya sabes que en este pueblo la gasolinera está al principio. Mandé a Ryan a llenarlo y lo dejó allí para que Fred lo limpiara un poco, porque el pobre estaba hecho un asco.
Salimos de casa e intenté que no viera que cojeaba. Si preguntaba, sería buena. No sabría cómo explicárselo, ¿quizá que me había torcido el tobillo?
Mientras hablamos, vi pasar el jeep con los hombres de la otra noche y me quedé con la boca abierta.
¡Claro, cómo no lo había pensando! ¡Estaban patruyando el pueblo! Sabían que el lobo al que habían disparado era el alfa de este pueblo y que era una chica adolescente o muy joven debido a cómo era de grande.
¡Oh, mierda!
El coche de detuvo en un semáforo en rojo.
Entonces, el que creí reconocer como Jeff, giró la cabeza y nos observó.
Yo le sostuve la mirada y continuamos andando.
Él iba a girar la cabeza cuando, ¡zas! cojeé. Su vista entonces se fijó en la herida producida por mi padre en mi pierna derecha, que estaba al descubierto y me reconocía como alfa y, por tanto, su presa.
-¡Clar! ¡Clar! ¡La he encontrado, está ahí!
-¡Justin, tenemos que salir de aquí!-le dije.
Él me miró, sin comprender.
-¿Qué te pasa?
Siguió con su vista hacia donde yo estaba mirando y vio a los hombres bajarse del coche y venir por nosotros.
-¡Qué vienen por mí, corre!
Echamos a correr, pero la pierna me dolía demasiado y no paraba de cojear.
-¡No puedo correr!-le gimoteé.
Sin decir nada, pasó sus brazos por mi espalda y mis rodillas, me aupó en brazos y echó a correr.
Yo le pasé los brazos por el cuello y miré hacia atrás.
-¡Nos pisan los talones!
-¡Tranquila, voy por el coche!
Los hombres se dieron cuenta que sin su jeep no nos alcanzarían, así que dieron media vuelta y se dirigieron hacia él.
Conseguimos llegar a la gasolinera y ahí estaba su coche.
Lo abrió, me introdujo en el asiento del copiloto, se sentó y arrancó.
El jeep apareció tras nosotros, pisándonos los talones.
Justin miró por el retrovisor.
-Pero, ¡¿qué son?! ¡¿Quiénes leches son y qué quieren?!
-¡Son cazadores y me quieren a mí!
Él me miró, como si acabara de insultarle.
-¿Cazadores? ¿Cazadores de qué?
-De mí, supongo.
Empezó entonces una persecución por las calles del pueblo.
-¿Se puede saber en qué estás metida, Cris?
-En algo muy feo, eso puedo asegurártelo.
-Agárrate, anda.
E hizo un derrape de película.
-Siempre he querido hacer eso y protagonizar una persecución como la de las películas.
-¿Si? Pues me alegra poder cumplir tu sueño.
Él se giró para mirarme.
-¡Ah, Dios! ¡Estás sangrando!
-¿Qué?
Me miré y era verdad.
Tanto las heridas de hombro como la de la pierna se me habían abierto y sangraban.
-¿Se puede saber qué está pasando aquí?
-No puedo contártelo.
-¡Me dijiste que me lo contarías cuando volviera!
Tuvo que hacer otro derrape para no llevarse a una vieja con su carro de la compra.
El jeep nos seguía pisando las ruedas traseras.
-¡Y te lo voy a contar! Pero no te lo puedo decir por medio de palabras, ni escribirlo, el código de las normas me lo impide. Te lo mostraré, pero cuando me recupere de las heridas.
-Vale, entonces.
La persecución duró un poco más de salir del pueblo. Justin se conocía bien estas carreteras mientras que ellos no y, finalmente los perdimos.
Aparcó el coche entre unos árboles para regresar pasado un rato.
-Tus heridas no paran de sangrar.
-Eso parece.
-Creo que tengo unos pañuelos por aquí, si presionamos, quizá paremos la hemorragia...
-¿A quién le hace falta hacer la carrera de médico pudiendo aprender por la tele?
Rió y me pasó los pañuelos.
-¿Cómo te hiciste esas heridas?
-Me dispararon.
-¿Qué te dispararon?
-¿Querías la verdad, no? Pues ahí la tienes.
-Es que me resulta íncreible que te hayan disparado.
-Pues mira.
Me levanté el pañuelo con el que me tapaba la herida del hombro, me limpié la sangre que rodeaba la herida y le mostré el perfecto orificio que había dejado la bala al entrar.
-¡Dios mío, sí que es cierto!
-Ya te lo dije.
-¿Fueron esos dos?
-Sí, esos dos mismos. Por eso me reconocieron.
-¿Y te quieren viva o muerta?
-Digamos que no les importa cómo mientras me tengan.
-¿Qué eres, una especie de espía del gobierno o algo así?
Reí.
-No, claro que no.
-Ah, bueno... Joe, creí que te conocía, pero ya veo que no.
-Suelen decir que nunca se termina de conocer a una persona.
-Ya lo he comprobado contigo. ¿No crees que deberías ir al hospital? Vas a desangrate...
-No puedo ir al hospital, esta gente tiene contactos en todos los lados y, cuando vean mis heridas, sabrán que soy yo. No, tengo que volver a casa.
-¿Crees que podemos volver ya?
-Podemos intentarlo.
Llegamos sin más incidentes.
Justin aparcó el coche en mi puerta, me cogió en brazos y corrió a mi casa.
-¡Mamá! ¡Papá! ¡Jared!-llamé, con la esperanza de que alguien acudiera a la llamada.
Mi padre abrió la puerta.
-¡Oh, dios mío! Pasad dentro. Túmbala en la mesa de la cocina, Justin.
-¡Voy!
Mientras mi padre me curaba de nuevo las heridas, Justin y yo le explicamos lo ocurrido.
-Papá, Justin no entiende nada de lo que pasa...-dije, poniéndole ojitos-¿Podemos decírselo?
Mi padre suspiró.
-Está bien, Cris. Pero queda bajo tu responsabilidad cualquier cosa que pueda pasar, ¿de acuerdo?
-¡Sí, gracias papá!
Y le di un beso en la mejilla.
Más tarde, en mi cuarto...
-¿Ves? Te dije que te lo contaría y ahora he obtenido el permiso para ello.
-Estoy impaciente por saberlo.
-Sólo tendrás que esperar unos días más. Cuando se me curen las heridas, te lo mostraré.
Suspiró, se apoyó al lado de la ventana abierta y me miró.
-Así que, cuando me dijiste que estabas en peligro, lo estabas de verdad.
-Sí.
Miré el bosque por la ventana.
-El bosque era mi único refugio, ¿sabes? El único sitio seguro para mí. Pero ya no. Ya no tengo ningún sitio seguro. En el bosque fue donde me dispararon. Ahora, ¿qué me queda?
Justin se acercó y me abrazó.
-Haré, de mis brazos, un sitio seguro para ti.
¡Bueno, bueno, bueno! Pues aquí el 5 capítulo de Bloody Moon. Lamente haberos hecho esperar tanto, pero es que quedamos en que si un capítulo no tenía la menos 30 visitas no se subía el siguiente y esto también se aplica a este, ¿eh? Bueno, que espero que os guste (:
Att: Cris Bieber Horan Styles (o, para que no os matéis buscándome, Cris Vila Jb en Tuenti y @Cris_Jbieber en Twitter)
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